Resumen de la película Accattone

“Me tomó el ángel de Dios, y el del infierno
gritaba: ¡Eh, tú, del Cielo! ¿por qué me privas?
Tú de éste te llevas lo eterno
por una lagrimita me lo quitan”

Los versos de La Divina Comedia citados al inicio de Accattone son reveladores sobre la intencionalidad de Pier Paolo Pasolini en el instante de acometer su asombroso ópera prima: nos encontramos frente un film que centra su atención sobre los pobladores de los suburbios de la colosal urbe (personajes que serán, desde esta primera película, los individuos primordiales de la mayoría de la filmografía del director), un submundo poblado por indigentes, ladronzuelos, delincuentes, desempleados, chulos y prostitutas, a los que Pasolini retrata de manera cruda y sin concesiones, pero sobre los que el director no establece ningún tipo de juicio moral, antes bien sugiere una última ocasión de salvación más allá de las miserias de la vida terrenal (“tú de éste te llevas lo eterno, por una lagrimita me lo quitan”). Un criterio que muestra la dificultosa ideología de un director que, definiéndose como ateo, abordó obsesivamente la idea de lo espiritual como vehículo de redención y de liberación del alma humana.

Accattone (Franco Citti), es un proxeneta que malvive a costa de Maddalena (Silvana Corsini), una prostituta a la que el personaje primordial trata sin ningún escrúpulo después de haber conseguido que su previo chulo acabara entre rejas. Estamos indudablemente frente uno de los individuos primordiales más detestables de la historia el cine, un ser egoísta, mentiroso, pendenciero, estafador y desaprensivo que no dudará en denunciar a Maddalena para socorrer el pellejo frente los mafiosos que se detallan a rendir cuentas de parte de Ciccio (el anticuado proxeneta en prisión) o en robarle una cadena a su hijo a fin de encontrar el dinero que necesita para agasajar a la joven Stella (Franca Pasut), una compañera de trabajo de su mujer a la que fuerza a iniciarse en la prostitución en sustitución de Maddalena (que también acaba encerrada en la cárcel por culpa del protagonista).

Este avance de degradación moral del personaje es exhibido por Pasolini, como ya se apuntó, de la forma más neutra posible, recogiendo la herencia de una observación neorrealista que se ve sugerir la idea de un determinismo que condiciona la actitud del personaje primordial. Accattone hace aparición así como un personaje culpado desde el comienzo, un ser que vendió su alma al diablo, de esta manera que se ve advertirle uno de los colegas al que el personaje primordial quiere venderle su anillo: “Oye lo que dice el profeta: Hoy vendes el anillo, mañana la cadena. En 7 días, el reloj. Y en 77 días no tendrás ni ojos para llorar”. En este sentido, hay en Accattone una clase de inconsciencia moral que sitúa al personaje ajeno de algún disyuntiva entre el bien y el mal, entre lo acertado y lo condenable, a no ser por una intento de  expiación instintivo que se produce tras cometer cada nuevo acto éticamente reprobable, como observamos en la imagen del personaje primordial lavándose la cara tras acusar a Maddalena frente los jóvenes mafiosos o, más adelante, en el sobrecogedor chato en el que, tras dejar a Stella en manos de su primer cliente, Accattone se cubre la cara con una máscara de arena en un acto de transfiguración con el que se ve querer ocultar su culpa frente el planeta (fotograma 1).

Justamente será desde este momento cuando se puede observar en el personaje primordial una mínima evolución moral ocasionada por sus sentimientos hacia Stella. Y así, arrepentido por haber obligado a la joven a prostituirse, Accattone intenta redimirse aceptando un trabajo para que Stella no tenga que volver a realizar la calle. Pero, presionado por un ámbito inexorable (“¡Pobre Accattone, está acabado!” les espetan sus compinches al verle de sendero a su nuevo puesto de trabajo), el personaje primordial desistirá muy próximamente en su empeño y se verá engullido otra vez por el submundo que condiciona y establece su historia, de esta manera que Pasolini nos enseña en la extraordinaria y premonitoria secuencia onírica donde se nos destapa el trágico destino del personaje (al que observamos primero caminando en un frágil equilibrio sobre la barandilla de un puente, y más tarde asistiendo a su entierro, para finalizar rogándole al enterrador que cave su fosa “donde hay un poco más de luz” – fotograma 2).

Será, como se ha dicho, el presagio del mortal destino del personaje primordial, que encontrará la desaparición en un hecho de motocicleta huyendo de la policía tras un golpe fallido, en una acción que Pasolini sitúa de forma importante en el fuera de campo de la escena.

“Ahora estoy bien”, adivina a pronunciar Accattone justo antes de fallecer (fotograma 3), reafirmando un sentimiento de liberación final, mientras uno de sus cómplices, con las manos esposadas, únicamente tiene la posibilidad de hacer el gesto de santiguarse.