Resumen de la película Adiós, muchachos

 

Adiós, muchachos

 

Au revoir, les enfants (1987) * Francia / Italia / Alemania
También popular como:
“Adiós a los niños” (Hispanoamérica)

Duración: 104 min.

Música: Franz Schubert y Camille Saint-Saënsd

Fotografía: Renato Berta

Guion y Dirección: Louis Malle

Intérpretes: Gaspard Manesse (Julien Quentin), Raphaël Fejtö (Jean Kippelstein / Jean Bonnet), Francine Racette (Madre de Julien), Stanislas Carré de Malberg (François Quentin), Philippe Morier-Genoud (Padre Jean), François Berléand (Padre Michel), François Négret (Joseph), Peter Fitz (Muller), Pascal Rivet (Boulanger), Benoît Henriet (Ciron), Richard Leboeuf (Sagard), Xavier Legrand (Babinot), Arnaud Henriet (Negus).

Invierno de 1944. Acabadas la Navidad, Julien Quentin y su hermano más grande François dejan París, yendo su madre a despedirlos a la estación, resistiéndose Julien a marcharse y se abraza a su madre hasta el último instante.

Llegan poco después al Colegio San Juan de la Cruz, un internado para hijos de familias acomodadas que tienen la posibilidad de vivir allí lejos de los horrores de la guerra y seguir con su educación.

Una vez llegado allí, Julien se ve haber olvidado ya su casa y se siente que viene dentro, al opuesto que Jean Bonnet, un novato con el que todos se meten.

Tanto los Quentin como otros de mejor condición llevan comida de sus viviendas, siendo la envidia de los demás, obligándoles los curas a compartirlas con los menos favorecidos, aunque lo que verdaderamente acostumbran llevar a cabo es traficar con ellas a través de Joseph, el ayudante de cocina, que se las ubica fuera en lugar de otras cosas, como tabaco, en la situacion de François, o de sellos en el de Julien.

Sin importar no estar en la primera línea del frente, ocasionalmente una alarma les ordena a bajar al sótano para resguardarse, aunque siguen allí con las clases.

Como Bonnet no acaba de llevar a cabo amigos, un sacerdote le pide a Julien que intente llevarse bien con él, puesto que él tiene predominación sobre los demás y eso le ayudará.

Julien mira que Bonnet toca realmente bien el piano, aunque no otorga griego como los demás ni va a llevar a cabo la comunión ya que, según le enseña, es protestante.

Pero una noche se despierta y lo revela rezando de rodillas en la cama con un kipá en la cabeza y en hebreo.

Mira también cómo cuando unos colaboracionistas acuden al colegio a investigar los curas se llevan a Bonnet de la clase.

Un día Julien va hasta la taquilla de Bonnet y coge uno de sus cuadernos, conociendo que el verdadero apellido de Jean es Kippelstein, y no Bonnet.

Un día van al campo para hacer un juego consistente en hallar un tesoro, para lo que los alumnos se dividen en dos equipos, el verde, al que forman parte Quentin y Bonnet, y el rojo.

Perseguidos por sus oponentes, Quentin y Bonnet tienen que correr e internarse en el bosque, acabando por separarse y encontrando casualmente el primero el tesoro, aunque cuando sale para darse como vencedor ve que no hay ya ningún compañero y que está solo en el bosque, aunque poco después hace aparición Bonnet, al que sus oponentes sí hallaron y ataron a un árbol, y que por último consiguió librarse.

Anochece y están perdidos y desorientados sin entender hacia dónde ir y asustados tras ver a un jabalí, cuando de repente hace aparición el automóvil de unos soldados alemanes.

Como no los comprenden tratan de escapar, pero son logrados, comprobando que los soldados solo desean llevarlos hasta el colegio.

Pasarán unos días en la enfermería recuperándose, convirtiéndose Quentin en el nuevo héroe de la clase tras su aventura, contando que vieron por lo menos una cincuentena de jabalíes.

Quentin trata de lograr que Bonnet coma paté intentando de obligarle a admitir que no pude comer carne de cerdo, observando como este lo repudia alegando que no le agrada, aunque por último le dice que conoce su verdadero apellido y su misterio.

Llegadas las fiestas, la mayoría de los chicos reciben la visita de sus familiares, pero Bonnet está solo.

Julien mira cómo este se pone a su lado a lo largo de la misa para recibir la comunión como los demás frente el desconcierto del sacerdote, que sucede de extenso.

A la salida Quentin le pide a su madre que invite a comer con ellos a Bonnet, yendo a un lujoso lugar de comidas, en el que, con ellos está un nutrido grupo de oficiales nazis.

Poco después entra un grupo de colaboracionistas que piden la documentación a varios de los comensales, recriminando a uno de ellos, de raza judía que esté en un local contraindicado para ellos.

Montan un enorme escándalo en el local hasta que uno de los oficiales nazis les pide que se marchen y dejen de fastidiar a los usuarios.

Indudablemente hablan sobre los judíos y sobre los colaboracionistas, exponiendo François su rechazo hacia estos, e, indudablemente hacia su padre, partidario de Pétain, detallando su deseo de transformarse en partisano.

Por su lado, su madre asegura que no posee nada en oposición a los judíos, aunque odia a Léon Blum

Descubiertos los robos de provisiones de Joseph y sus trapicheos en el mercado negro, el padre Jean habla con los estudiantes que negociaban con él, entre los que estaban Julien y François, y, aun teniendo en cuenta que comete una grave injusticia y de que había más responsables, el sacerdote opta por despedir a Joseph.

De a poco se afianza la amistad entre Quentin y Bonnet, que un día, y mientras todos bajan al refugio tras el sonido de una alarma, ellos se quedan arriba tocando juntos una canción en el órgano.

Mientras llegan novedades del avance ruso, se muestran los soldados alemanes en el colegio preguntando un oficial de la Gestapo por Jean Kippelstein.

Entonces una furtiva mirada de Julien a Bonnet provoca que el oficial se dirija a este, al que se llevará con él, que se despide de sus amigos dándoles la mano.

El oficial les enseña que Jean es judío y no francés, y que por la carencia de sus instructores decidieron cerrar el colegio, teniendo solo dos horas para llevar a cabo sus equipajes.

Les enseña entonces otro sacerdote que han detenido al padre Jean por acoger a numerosos niños judíos a los que intentaban contribuir a socorrer sus vidas.

Mientras Julien hace su maleta un soldado transporta a Bonnet a llevar a cabo la suya, diciéndole su amigo que no se preocupe, ya que lo habrían cogido de todos métodos.

Les reportan que más allá de todo los otros dos, a los que buscaban los nazis consiguieron escapar, lo que les consuela un poco.

Poco después Julien va a la enfermería para llevar sus cosas a uno de los niños que están allí, mostrándose allí los dos fugados, que tienen que esconderse al mostrarse los soldados alemanes, escondiéndose uno de los tipos en la cama y el otro en un armario, conociendo los alemanes al jóven escondido en la cama por culpa de la monja encargada de proteger a los enfermos, aunque el otro consigue escapar por el tejado.

Poco después Julien revela que fue Joseph el delator en venganza por su despido.

Formados en el patio antes de marcharse, ven cómo los alemanes se llevan al sacerdote y a los tres chicos judíos.

Mientras se llevan al sacerdote, los niños se despiden de él: “Adiós, padre”, mientras este se despide de ellos: “adiós, tipos. Hasta próximamente”.

40 años después Julien ten en cuenta que el paso del tiempo no ha eliminado el recuerdo de aquella fría mañana de enero.

Los tres chicos judíos fallecieron en Auschwitz, y el padre Jean en Mauthausen.

Calificación: 4