Resumen de la película Anatomía de un asesinato

“Detesto a quienes opínan primero en la cámara, y después en las historias que tienen que representar. ¿Qué le importa al público cómo se desplaza la cámara? El público se fija en los individuos, en lo que sostienen, en lo que quieren. No sabe nada de imágenes, de luces, de panorámicas, de travellings, y no corrobora siquiera su historia. Salvo los cinéfilos, naturalmente. Pero yo no hago cine para ellos, y jamás lo haré”
Otto Preminger

Paul Biegler (James Stewart) regresa a su pequeño apartamento después de una día de pesca. Por un simple letrero a la entrada de su vivienda entendemos que es abogado. Tan sólo una nota de su asesora le recibe en el interior del apartamento. Paul Biegler vive solo. A los pocos minutos llega el viejo Parnell (Arthur O’Connell), dispuesto a transmitir trago y penas con el joven abogado (“La botella estaba abierta, has estado bebiendo solo, Pauly. Esto no me gusta”; “Tira la primera piedra letrado, tú que estás libre de pecado”)

Además de una increíble película judicial, Anatomía de un asesinato es una magnífica narración sobre la soledad y la relación de dos viejos amigos cuyas carreras profesionales están en punto muerto (la de Paul después de ser despedido de la oficina del fiscal; la de Parnell, por culpa de su afición a la bebida) y que verán en la situacion del lugarteniente Manion (Ben Gazzara), acusado de asesinar al violador de su mujer Laura (Lee Remick), una ocasión de salir de su monótona vida (fotograma 1).

Acompañado por la extraordinaria banda sonora de Duke Ellington, Preminger filma esta historia de manera seca y directa, con una increíble fotografía en blanco y negro y formato panorámico que le posibilita centrarse exactamente “en lo que sostienen y lo que quieren los personajes” ­(“todo el planeta quiere algo o a alguien”, le argumenta Paul a la hija de la víctima, Mary Pilant – Kathryn Grant – en un momento de la película, “a mí me encanta pescar y quiero a un viejo tipo llamado Parnell”). Para eso, Preminger marca muy exactamente dos ritmos contrapuestos que se alternarán a lo largo de todo el metraje (en una clase de composición sincopada muy en armonía con la banda sonora jazzística del film): en tanto que las ocasiones del juicio estarán presididas por una escenificación servible y de ritmo ágil, las secuencias fuera del juzgado (y primordialmente las que acontecen en el apartamento de Paul) tendrán un tempo muy más pausado, centrándose en la relación entre los dos viejos amigos y, en un segundo término, entre Paul y su asesora Maida (Eve Arden).

Sin embargo, y más allá de las expresiones de Preminger citadas al inicio, si algo caracteriza la película es exactamente la ambigüedad de todos sus individuos (“como abogado aprendí que la multitud no es solo buena o mala. La multitud es muchas cosas”, le enseña en otro momento Paul a Mary Pilant – fotograma 2), no únicamente la del acusado Manion y su mujer Laura, sino también la del propio Paul, el viejo Parnell y el resto de personajes: ¿qué tipo de relación tienen de todos métodos Frederick y Laura Manion?; ¿cuál era la verídica personalidad del ejecutado Barney y su relación con su hija Mary?; ¿a qué responde la aparentemente autoaceptada soledad de Paul?; ¿qué convirtió a Parnell en un alcohólico? Todas ellas cuestiones sin una respuesta clara, del mismo modo que la resolución del avance judicial contra Frederick Manion, cuyo desenlace, más allá de que se usa para que el jurado consigua comunicar su veredicto, no acaba de aclarar la situacion realmente (¿fue realmente Laura Manion violada?). Igual que en el distinto ritmo de las ocasiones, logramos hallar aquí también un claro contraste entre la verdad judicial (concisa y desprovista de matices) y la realidad de los individuos fuera del juzgado (mucho más ambigua y llena de claroscuros).

Una ambigüedad que se puede observar exactamente en las relaciones del personaje primordial con los individuos femeninos de la película. De hecho, no se observa muy descabellado comentar de una alguna misoginia de Paul Biegler, muy más cómodo en sus relaciones con los de su mismo sexo (con el viejo Parnell, pero también con el juez Weaver – Joseph N. Welch – y también con su defendido Manion) que con los individuos femeninos: “Estoy habituada, a que todos los hombres quieran seducirme. Desde que era niña. Tú, por ejemplo cosas, te intereso”, le asegura Laura Manion a Paul cuando éste le increpa por su actitud poco edificante; y más adelante, cuando Laura le invita a entrar a su caravana (“¿Quieres pasar Paul? Sabes que puedes si quieres”), Biegler tiene una reacción exactamente incómodo frente una situación que no se observa vigilar en absoluto (fotograma 3).

Es aparente, en todo caso, que Preminger utiliza esta ambigüedad para realizar un cínico retrato de los mecanismos de la justicia: Paul Biegler hace aparición así como un personaje con la aptitud de utilizar algún truco para ganar la situacion y conseguir que su cliente sea proclamado inocente, aun exponiendo él mismo serias inquietudes en este sentido (una situación por otro lado común en parte sustancial de los procesos judiciales y que sitúa al personaje primordial a no tanta distancia de su contrincante en el avance, el asistente del fiscal Claude Dancer – George C. Scott). Así lo observamos en su primera entrevista con Manion, cuando el abogado intenta hacerle abarcar que necesita alguna “excusa” que le haga verse como no culpable frente el jurado: “¿Cuál es su explicación?”, le pregunta Paul a su cliente; “Supongo que me volví loco. ¿Me estoy acercando?”; “Se lo diré cuando haya hablado con su mujer. Hasta el momento, a comprender si puede acordarse lo loco que se volvió”. En otro momento del juicio, cuando Paul hace la protesta del fiscal y el juez admite la objeción advirtiendo al jurado que debe realizar caso omiso de las expresiones del abogado, Manion le pregunta a su defensor “¿Cómo puede el jurado realizar caso omiso de lo que ya ha oído?”, a eso que éste responde de manera concluyente: “No tienen la oportunidad de, teniente. No pueden” (fotograma 4).

En escencial, una visión exactamente poco edificante del desempeño de la justicia que Preminger remata irónicamente con  el chato del viejo cubo lleno de basura que cierra la película, lo único que el personaje primordial encuentra de su cliente cuando acude en su búsqueda para cobrar sus servicios (fotograma 5). Esto, y una escueta nota de Manion con una cínica alusión a la “excusa” con la que Biegler consiguió precisamente seducir al jurado de su inocencia: “Estimado Sr. Biegler, lo siento he tenido que irme súbitamente gobernado por un impulso irresistible”.

David Vericat
© cinema primordial (diciembre 2013)