Resumen de la película Aparajito (El invencible)

Aparajito, segunda distribución de la Trilogia de Apu, empieza donde finalizaba La canción del sendero, con la llegada de la familia Ray a Benarés en busca de una única vida. En el momento, advertimos el contraste de la tumultuosa ciudad con el ámbito de la pequeña aldea natal donde transcurría la niñez del protagonista: callejones laberínticos que desembocan en las colosales escalinatas que conforman las orillas de un Ganges atestado de mercaderes, bañistas, curas, feligreses y todo tipo de individuos que hacen del río sagrado el centro de sus vidas (fotograma 1).

Dividida exactamente en dos partes, le primera de ellas se enfoca más que nada en la rutina del padre de la familia, Harihar Ray (Kanu Bannerjee), ejerciendo como sacerdote, mientras la madre, Sarbojaya Ray (Karuna Bannerjee), permanece prácticamente recluida en la humilde vivienda donde habitan y el pequeño Apu (Pinaki Sengupta) recorre las calles observando el nuevo mundo de la colosal ciudad. Una sección primera que culmina con la instantánea muerte del padre por medio de unas fiebres y que dará paso al cuerpo indispensable de la película, apoyado en la relación de la madre con el personaje primordial, después de dejar Benarés para establecerse otra vez en una pequeña aldea donde habita un tío de la familia.

Película sobre la pérdida y el entender como elementos inexorables en el avance de avance personal del todo ser humano, Aparajito bascula entre estas dos ideas para retratar el paso a la madurez de su personaje primordial, pero también el del sacrificio del personaje de la madre, que deberá dejar la compañía de Apu cuando éste le pida poder continuar sus estudios en Calcuta, usando una beca que obtiene por sus progresos como alumno de la escuela rural a la que asiste. La aspiración de conocimiento es, de hecho, el indispensable motor de acción del personaje primordial (un personaje que, ya desde su primera aparición en La canción del sendero, se luce por la incansable curiosidad reflejada a través de su mirada), que será quien convenza a su madre para conseguir seguir a la escuela al poco tiempo de instalarse en su novedosa vivienda (contraviniendo la aspiración de la misma de que siga los pasos del padre como sacerdote) y al que observaremos transmitir con ella cada nuevo descubrimiento a consecuencia de sus estudios (explicándole cómo se produce un eclipse con el acompañamiento de unas frutas y un quinqué, o disfrazándose como un originario del África negra): “Es el planeta. Nuestro mundo”, le enseña exultante Apu a su madre mostrándole un pequeño globo terráqueo la víspera de su partida a Calcuta. Antes, hemos visto el paso de niño a joven del personaje primordial a través de una extraordinaria elipsis que sintetiza de manera bellísima el poder de transformación del conocimiento: Apú está dormido sobre su cuaderno de deberes, llega su madre y le despierta para que vaya a cenar (fotograma 2), los dos individuos van de chato y la cámara ejecuta un retardado movimiento de adelanto hasta encuadrar la llama del quinqué que alumbra el cuaderno (la luz como idea del conocimiento); la imagen funde a negro y en el siguiente chato observamos a Apu, ya joven (Smaran Ghosal), frente el director de la escuela (Hemanta Chatterjee), en el momento de anunciarle su decisión de ofrecerle la beca para conseguir estudiar en Calcuta.

“Escríbeme. Vuelve a casa por vacaciones”, ordena y suplica simultáneamente la madre a Apu justo antes de despedirse; y la sonrisa que se refleja en su rostro al contemplar desde el dintel de la puerta al hijo alejándose desaparece pausadamente para dejar paso a una expresión de profunda tristeza (en un asombroso alarde interpretativo de la actriz, Karuna Bannerjee – fotograma 3); un sentimiento ambivalente que va vigilar desde este momento al personaje, instalado en una soledad únicamente apaciguada por la expectativa cada vez más improbable de una visita de Apu (sugerida por la lejana imagen del ferrocarril en el horizonte que la madre contempla incansablemente desde el patio de su vivienda – fotograma 4).

De hecho, la única visita de Apu se erigirá como un fugaz instante de felicidad que no conseguirá sino acrecentar el sentimiento de soledad de la madre, que mira con tristeza el amanecer que comunica la novedosa partida del hijo a los pocos días de su llegada (hasta el punto de verse incapaz de despertarlo para seguir a la estación de esta manera que Apu le había pedido). Un momento fugaz que el personaje primordial prolongará dejando huír el tren en el último momento para seguir estando un día más al costado de su madre, sin comprender que será ésta la última vez en que la verá con vida. La secuencia, resuelta por Ray con una fácil concatenación de planos de los dos individuos conectados en la distancia (la madre, absorbida por la tristeza en el patio de su vivienda; Apu, pensativo en el andén de la estación de tren) hasta que observamos la cara de la madre levantando la mirada para ver con alegría el regreso de Apu, es otra vez todo un prodigio de cómo transmitir las emociones más profundas con la máxima simplicidad.

Ray alterna desde este momento las imágenes de Apu en Calcuta (su vida como estudiante y realizando un trabajo por las noches en una pequeña imprenta) con las de la madre, cada vez más consumida por la soledad, en su vivienda. Y nos comunica el mortal desenlace en otra extraordinaria secuencia donde, después de creer escuchar la voz de Apu, la madre se asoma en mitad de la noche a la puerta del jardín y mira el luminoso vuelo de cientos de luciérnagas en la oscuridad. Una imagen que consigue evocar misterio, tristeza y hermosura a partes iguales para plasmar la desaparición del personaje y poner punto y final a la juventud del personaje primordial, al que iremos a continuar ya como adulto en la tercera y última distribución de este prodigioso tríptico sobre la presencia humana.

David Vericat
© cinema primordial (Mayo 2017)