Resumen de la película Armonías de Werckmeister

En una peque√Īa ciudad, en un tiempo y lugar extra√Īos, los pobladores se detallan en movimiento por la llegada de un enigm√°tico circo ambulante que amenaza con cambiar la convivencia en las calles. Nadie sabe indudablemente si los comentarios que acompa√Īan a la atracci√≥n del enigm√°tico pr√≠ncipe que viaja junto al cad√°ver de una colosal ballena son certeros, pero el nerviosismo y el desasosiego van llevando a cabo mella en la multitud, siempre supersticiosa y f√°cilmente manipulable: ‚ÄúEl mundo se est√° volviendo completamente loco. Pr√≥ximamente pasar√° algo malo. Y para rematar, pr√≥ximamente llegar√° el circo. Han tra√≠do esa horrible ballena, y ese pr√≠ncipe. Aparentemente √©l tiene tres ojos. Comunican que lo llevan de ciudad en ciudad y suelta ese monstruoso alegato ateo. Nadie lo sabe. Cuentan que en la plaza del mercado de Sarkad, cuando se acercaba el pr√≠ncipe, el reloj de la iglesia que llevaba a√Īos parado volvi√≥ a trabajar. Y el √°rbol del √°lamo se cay√≥. Se abri√≥ una colosal grieta y sus ra√≠ces salieron del hormig√≥n. La multitud tiene miedo. Nadie se atreve a salir de casa de noche‚Ķ‚ÄĚ

A distingue de muchas otras proyectos f√≠lmicas de denuncia pol√≠tica con alegato autocomplaciente y de c√≥moda adhesi√≥n por parte del espectador, Armon√≠as de Werckmesister (y el cine de B√©la Tarr por extensi√≥n), huye de la afirmaci√≥n f√°cil y se refugia en la duda y la pregunta, en esta situaci√≥n como mecanismo de mera aproximaci√≥n a la sinraz√≥n de los totalitarismos. ¬ŅC√≥mo trabajan el miedo, la ignorancia o la superstici√≥n en el instante de llevar a cabo posible el caos y el consiguiente lugar de un r√©gimen totalitario? En poco m√°s de 40 y ocho horas, el joven J√°nos (Lars Rudolph), ver√° c√≥mo los vecinos que en un inicio festejaban su ingenua pero elocuente explicaci√≥n sobre el desempe√Īo del sistema del sol (en la extraordinaria secuencia que abre la pel√≠cula ‚Äď fotograma 1) se multiplicar√°n con fachada de tropas salvajes al servicio de los siniestros designios de una autoridad militar que explota (o provoca) el terror colectivo para ejercer el poder e instaurar su dominio absolutista.

Fiel a un estilo personal e intransferible, B√©la Tarr rueda esta epopeya del terror colectivo desde secuencias de una √ļnica toma en las que la c√°mara se desplaza con un movimiento recurrente a trav√©s de el cual el director, lejos de renunciar al montaje, recurre a una complej√≠sima planificaci√≥n para prestar un nuevo encuadre a cada momento, articulando una especide de montaje de adentro que reemplaza al plano-contraplano por el travelling continuo. Treinta y 4 secuencias estructuradas todas ellas, dado que, en √ļnicamente una toma (a excepci√≥n de una √ļnica secuencia compuesta excepcionalmente por dos tomas, como observaremos m√°s adelante) que se conforman por s√≠ solas como constelaciones f√≠lmicas en el extendido universo de la pel√≠cula. Como Ozu, como Dreyer, como Bresson, B√©la Tarr consigue la trascendencia desde su incorruptible deber formal.

Poes√≠a visual al servicio de una historia aparentemente f√°cil y a trav√©s de la aptitud de unas im√°genes de hipn√≥tico magnetismo: la amenazante sombra del gigantesco remolque que transporta la ballena a su llegada a la ciudad (justo despu√©s de la secuencia donde J√°nos narraba el terror sobrevenido por las tinieblas de un eclipse en su recreaci√≥n c√≥smica); las im√°genes del personaje primordial caminando entre los silenciosos grupos de ciudadanos reunidos en la plaza cerca del carromato circense (fotograma 2); la fantasmag√≥rica sombra de la silueta del pr√≠ncipe, de quien √ļnicamente o√≠mos su terrible amenaza (‚ÄúLo destruiremos todo. Lleg√≥ el momento‚ÄĚ ‚Äď fotograma 3); y, c√≥mo no, la incre√≠ble imagen del colosal ojo del escualo frente el que se detiene, primero, el joven J√°nos (en su visita a la atracci√≥n) y, en el desenlace de la pel√≠cula, el instructor Gy√∂rgy Eszter (Peter Fitz), los dos intentando en vano hallar alguna respuesta en relaci√≥n al insondable misterio de la existencia‚Ķ

Eszter, un music√≥logo obsesionado por volver a ‚Äúaquellos tiempos m√°s afortunados en los que los instrumentos puramente afinados s√≥lo pod√≠an ser tocados en algunos tonos‚ÄĚ (asumiendo que las armon√≠as divinas eran propiedad de los dioses), intenta exhibir la falsedad sobre la que descansan las considerables proyectos maestras de la m√ļsica cl√°sica, desde el momento en que, en el siglo XVII, Andreas Werckmeister dividi√≥ la octava de la armon√≠a de los dioses en 12 partes iguales, los 12 tonos medios, posibilitando el progreso de los instrumentos basados en el llamado temperamento igual (el chato secuencia en el que o√≠mos los razonamientos que Eszter dicta en un magnet√≥fono es de forma importante un doble travelling circular de 360 grados cerca del personaje, primero en una direcci√≥n y a continuaci√≥n en la direcci√≥n opuesta, inigualable plasmaci√≥n de las teor√≠as regresivas del music√≥logo). Eszter muestra, al final de cuenta, la necesidad de corroborar y poner en duda algunos apriorismos (‚Äúaquella m√ļsica, su armon√≠a, eco y encanto paralizante, est√° completamente fundamentada en un fundamento falso‚ÄĚ), siendo conscientes de cualquier manera de que ‚Äúesa afinaci√≥n natural [a la que deber√≠amos regresar] tiene sus l√≠mites, que terminantemente excluyen la utilizaci√≥n de algunas cimas muy elevadas‚ÄĚ. La traslaci√≥n de las teor√≠as del music√≥logo al √°mbito pol√≠tico le convierten en el personaje id√≥neo para hacer (aun sin quererlo) el plan de las autoridades, y as√≠, ser√° reclutado por su exesposa, T√ľnde (Hanna Schygulla), como l√≠der de la Organizaci√≥n Ciudad Limpia para hallar el acompa√Īamiento de algunos ciudadanos y encontrar que todo ‚Äúpermanezca como est√°‚ÄĚ.

Es exactamente en el momento de la primera aparici√≥n de T√ľnde, cuando Tarr rompe por primera y √ļnica vez planificaci√≥n fundamentada en una √ļnica toma por cada secuencia: despu√©s de que observamos a Janos calentar una lata de comida y empezar a comer, el personaje primordial se gira hacia la entrada y, en lugar de panoramizar para filmar la llegada de T√ľnde (un movimiento agotado f√°cil de la t√≥nica general de la pel√≠cula), el director opta por entrar por corte el chato de la misma entrando en la estancia. La irrupci√≥n del elemento desestabilizador se visualiza dado que a trav√©s de la transgresi√≥n de la unidad formal dominante en toda la pel√≠cula.

Desatado el caos a manos de las autoridades policiales, la multitud avanza en silencio con el prop√≥sito de saquear todo lo que encuentra a su paso. Irrumpe en un hospital y ataca indiscriminadamente a los pacientes. Es el reino de la sinraz√≥n en el que se imponen el terror y la crueldad. Nada tiene una explicaci√≥n racional, nada pide una justificaci√≥n moral. √önicamente cabe no cuestionar, no preguntar, y sumarse a la multitud en su fren√©tico avance‚Ķ. Hasta que Tarr nos sit√ļa frente a la terrible imagen de un adulto m√°s grande, desnudo e indefenso, la cara abatido, la mirada perdida, pr√°cticamente sin vida (fotograma 4). La misma mirada inerte de J√°nos en el hospital, una vez sofocada la anarqu√≠a y restablecido el orden (fotograma 5). Una observaci√≥n hacia los confines m√°s profundos del alma humana. La mirada del colosal ojo de la ballena frente el que se detiene el viejo Eszter (fotograma 6), tratando hallar en vano una respuesta.

David Vericat
© cinema primordial (marzo 2016)