Resumen de la película Breve encuentro

En el pequeño café de la estación de Milford, la encargada del local, Myrtle Bagot (Joyce Carey), se deja acosar con mal disimulado deleite por Albert Godby (Stanley Holloway), el jefe de estación. Ajenos a la verborrea del socarrón conquistador, en una mesa localizada en un rincón del local, una pareja se puede ver en silencio, la mirada compungida (fotograma 1). Es jueves, pero no un jueves cualquiera: Laura Jesson (Celia Johnson) y Alec Jarvey (Trevor Howard) se están despidiendo para toda la existencia después de un corto y secreto romance iniciado únicamente siete semanas atrás. Súbitamente, irrumpe en el café Dolly Messiter (Everley Gregg) una vieja habitual de Laura que asalta a la pareja con su insufrible verborrea. Laura y Alec se observan impotentes: ¡hay tantas cosas que les encantaría decirse antes de separarse definitivamente! Desde el andén se escucha el altavoz anunciando la llegada del tren de Alec. “Ese es tu tren”, “Sí, debo irme”, serán las últimas expresiones que se dirán los amantes, frente la incisiva mirada de la irritante intrusa. Alec se levanta, coge su abrigo y, en un contenido gesto lleno desesperación, posa su mano sobre el hombro de Laura antes de partir abandonando para toda la existencia a su querida.

Breve acercamiento es una película plagada de pequeños movimientos para narrar el más con pasión romance entre una pareja común y corriente: “Qué insensata fuí. Me he enamorado. No sabía que a alguien corriente pudiera pasarle algo tan profundo. Todo empezó un día corriente, en un espacio corriente…”, le cuenta en sus pensamientos Laura a su ausente marido Fred (Cyril Raymond), al que observamos, en un magnífico chato en escorzo de Laura, sentado en un sofá, exagerada y relevantemente lejos de su mujer (fotograma 2). Un pensamiento que se usa para empezar el relato de la personaje primordial, mientras en el salón del matrimonio suena el arrebatado piano de Rachmaninov, sinfonía que va a acompañar de manera magistral esta hermosa y fugaz historia de amor.

“Todo empezó en un día corriente, en un espacio corriente, el café de la estación de Milford…”. Lean narra con portentosa simplicidad y naturalidad el primer acercamiento entre Laura y Alec, a raíz de un pequeño hecho con una mota de polvo que Alec consigue conseguir del ojo de Laura. “Así fue como empezó. Con algo que se me metió en el ojo. Olvidé totalmente el hecho. No significó nada para mí. O por lo menos, eso creí”, nos dice Laura mientras observamos a la personaje primordial observando (casi tratando hallar de manera inconsciente) la figura de Alec al otro lado del andén, antes de quedar oculta tras el tren que irrumpe en la estación (fotograma 3; la imagen, o el sonido, del tren, será la recurrente que marcará el propósito de cada día de la pareja, así como el definitivo final de su romance, con Laura, acorralada por la irritante Dolly Messiter, oyendo impotente el sonido del tren en el que parte su amado).

Tras un segundo y efímero acercamiento al jueves siguiente, Laura nos confiesa su creciente interés por Alex, cuando admite que, al llegar a la estación para tomar el tren de regreso, miró hacia los vagones del tren que partía hacia Chuley preguntándose “si él estaría allí”. Pocas oportunidades como en esta película se ha filmado de manera tan magistral el germen de una pulsión amorosa (ese sentimiento que hace aparición la mayoria de las ocasiones de manera inconsciente y que nos llama la atención cuando ya es totalmente inevitable). Y muchas menos, la constatación del enamoramiento como en la extraordinaria escena donde, tras un tercer acercamiento en el que Alec reitera que acompañar a Laura al cine, y ya en el café de la estación antes de regresar a sus propios hogares, Alec le habla a Laura sobre su trabajo como médico. “De próximamente, se ve muy más joven”, adivina a decir la personaje primordial tras escuchar embelesada las expresiones de Alec, mientras suena in crescendo el piano de Rachmaninov y la cámara retrata en primer chato las recíprocas e inconfundibles miradas entre los protagonistas). Y con ello, Lean obra el milagro de poner en imágenes el enigmático e insondable fenómeno del enamoramiento.

“¡El próximo jueves!”, son las expresiones de despedida de la pareja, presa de la euforia incontrolada del amor que les hace olvidar momentáneamente la realidad de sus vidas normales. Una situación de la que los amantes escapan a través de su cita semanal, interrumpida cada vez por el inexorable sonido del tren que comunica su salida y marca la vuelta a la cotidianidad de la pareja (magistral momento de la película: la música de Rachmaninov que suena de fondo durante una de las despedidas en la estación, nos devuelve al momento que está en el salón del matrimonio, cuando Fred le pide a la pensativa mujer que baje el volumen de la misma melodía que Laura puso en el tocadiscos).

Tras un penúltimo acercamiento, en el que Alec le pide a Laura que pierda el tren de regreso para pasar la velada con él (el chato de la personaje primordial saliendo en el último momento del vagón para ir al acercamiento de Alec, y la siguiente imagen de Laura ascendiendo las escaleras del apartamento – acompañada del piano en crescendo de la banda sonora – son dos de los instantes más intensamente sublimes de la película), y observando fallido el acercamiento por el imprevisto regreso del dueño del apartamento en el que se habían citado, la pareja empieza a tomar consciencia de la imposibilidad de su amor, de esta manera que observamos en el espléndido chato de Laura regresando a la estación, presidido por la colosal silueta del reloj del andén que sugiere el inminente final del romance.

“Preparémonos para el comienzo del fin”, le advierte un abatido Alec a Laura, a su regreso a la estación, antes de citarse por última vez para la semana siguiente en el que será su último acercamiento. Una aproximación para sellar de manera escencial un romance que quedará resumido en un gesto, el a través de Alec sobre el hombro Laura, que tiene dentro en sí mismo una de las más profundas y bellísimas historias de amor que nos dió el cinematógrafo (fotograma 4).

David Vericat
© cinema primordial (enero 2014)

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