Resumen de la película Caro diario

Caro períodico no es una película al uso. No es un relato de ficción, pero tampoco es cine documental. Caro períodico es, como su título recomienda, un períodico filmado. O, explicado de otra forma, extractos de un períodico filmado. Tres episodios de un períodico, acaso real, acaso ficcional. Tres vivencias, una asumida como personal desde la ficción cinematográfica (‘En vespa’), otra ficcionada desde hechos, ideas y individuos de la vida real (‘Islas’), y la última recreada desde nuestra experiencia vivida (‘Médicos’). Caro períodico no es una película al uso, pero se sirve del cine para construirse como alegato vivencial y emocional. Y sin embargo, Caro períodico destila cine en todos sus planos.

El primer episodio, ‘En vespa’, constituido desde un travelling infinito siguiendo al personaje primordial en su recorrido en moto por una Roma hermosamente fantasmal (fotograma 1), es una muestra de puro hedonismo cinematográfico. “Me gusta ver las casas. ¡Qué bonito un film hecho sólo de casas!”, exclama Moretti antes de empezar un nuevo travelling sobre los inmuebles de diferentes barrios de una ciudad semiabandonada por sus pobladores durante el verano. Antes, en un hilarante e insólito acercamiento con su admirada Jenifer Beals, la actriz define al personaje primordial como un personaje “casi idiota” (tras debatir con su acompañante americano sobre la traducción idónea del término “a little bit off” con el que acaba de describirle). Y, exactamente, Moretti será ese (bendito) idiota con la aptitud de interpelar a algún transeúnte para expresar sus inquietudes (“Estaba pensando una cosa muy triste…”, al conductor de un lujoso descapotable en un semáforo), deseos (“¡Mi sueño siempre fué comprender bailar!”, a una pareja en el lapso de un concierto de música latina), críticas (“¡Pues Spinaceto no está nada mal!”, a un vecino del vecindario que acaba de visitar), lamentos (“Hace treinta años Roma era una ciudad maravillosa”, al habitante de un vecindario de la región alta de la ciudad), o de hecho, en una de las más divertidas secuencias del episodio, de fustigar sin piedad a un pedante crítico de cine (después de asistir con estupor a la proyección de Henry, retrato de un asesino llevando a cabo caso de uno de sus textos) obligándole a escuchar entre llantos la lectura de sus propias críticas (“¿Cuándo empezó todo lo citado? Quizás cuando escribiste: ‘Esta película coreana era un melodrama de vestuario, vestidos y, más que nada, sombreros delirantes…”).

Y como cierre a este primer episodio, el bellísimo y emotivo tributo de Moretti a Pier Paolo Pasolini: un homenaje realmente bien que viene dentro en la placida rutina del paseante motorizado que, tras confesar no haber visitado jamás en el sitio donde asesinaron al director de Accattone, enfila el sendero hacia las afueras de la región, seguido por la cámara y al son de las bellísimas notas del Concierto de Köln de Keith Jarrett, hasta llegar a un campo de fútbol abandonado al costado del cual está la desvencijada escultura en memoria del malogrado director (fotograma 2). Un hermoso colofón a este episodio en travelling continuo que hace honor a las expresiones de Godard: “un travelling es una cuestión moral”.

En el segundo episodio, ‘Islas’, Moretti deja su vespa para arrancar un travelling marítimo por las Islas Eólicas. Primero a Lipari, adonde llega para comprender a su amigo Gerardo (Renato Carpentieri), un instructor jubilado entregado al estudio del Ulises de Joyce, y sucesivamente (y tras la imposibilidad de seguir estando en Lipari a causa del bullicio de los turistas), a otras islas del archipiélago en las que el personaje primordial tratará en vano de encontrar algo de tranquilidad para llevar a cabo su película (mientras su amigo Gerardo, súbitamente hechizado por el redescubrimiento de la televisión en su versión más amarillista, deja el estudio de Joyce para quedarse totalmente embelesado frente algún receptor que se cruza en su camino).

Moretti combina aquí instantes de hilarante comicidad (los de su visita a Salina, una isla donde “todas las parejas tienen un solo hijo” y que subsiste, por consiguiente, “bajo la dictadura de los niños”; o el desternillante episodio en el que, a ruegos de Gerardo, Moretti ingresa a interrogar en la mitad de una cima del volcán de Stromboli a un grupo de turistas americanos sobre el devenir de los individuos de la serie televisiva Hermosura y poder – fotograma 3), con imágenes de insólita hermosura (acompañadas por la extraordinaria banda sonora de Nicola Piovani): Moretti caminando con la silueta de un Ferry explorando al fondo de la imagen (en un chato el que, al no exhibir el océano, hace un poético efecto de extrañamiento como si el buque surcara por tierra – fotograma 4); pateando un balón en un campo de futbol abandonado; o el chato de los dos amigos paseando por una playa de lava con la luz del sol corriendo a toda agilidad por el efecto de las nubes.

‘Médicos’ es, si hacemos caso a las expresiones del director y personaje primordial (“nada en este capítulo es inventado”) el episodio más puramente autobiográfico de la película. En él, Moretti nos narra con todo aspecto su epopeya médica a raíz de un prurito que le impide conciliar el sueño por las noches hasta dañar totalmente su crónica día tras día. La interminable sucesión de profesionales que visita el personaje primordial (a cual más extravagante, desde el “príncipe de los dermatólogos” hasta una extraña pareja de acupunturistas chinos) crean una sensación grotesca, rallando prácticamente el absurdo, que Moretti contrasta hábilmente exponiendo los manuscritos reales con las interminables listas de recetas que acumuló a raíz de su dolencia (fotograma 5). Hay, otra vez aquí, un extraño equilibrio entre los instantes de absurda comicidad (Moretti probando los diferentes métodos de la pareja de médicos chinos “porque al menos en el centro chino son muy amables”) y otras ocasiones de un sereno estoicismo (el personaje primordial paseando por la playa con camisa de manga popularizada y altos calcetines de algodón por prescripción médica – fotograma 6), hasta la inesperada resolución, tras un clímax dramático en el que el personaje primordial es prácticamente desahuciado una vez le es prescrito un cáncer de pulmón, de lo que por último resulta ser un tumor benigno cuyos primordiales síntomas son, de esta manera que revela Moretti en su propia enciclopedia: sudor, adelgazamiento… y un fuerte prurito en todo el cuerpo (!). Y pasa que, como sentencia el personaje primordial en este bello, insólito y personal períodico filmado: “los médicos saben comentar, pero no escuchar”.

David Vericat
© cinema primordial (marzo 2016)

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