Resumen de la película Cléo de 5 a 7

Cl√©o de 5 a 7 se abre con la imagen de una mesa sobre la cual una adivina est√° tirando las cartas del tarot a la personaje principal, Florence (Corinne Marchand), una artista que espera angustiada los resultados de unos ex√°menes m√©dicos que teme que le confirmaran que padece un c√°ncer incurable. Ser√°n las √ļnicas im√°genes en color de un film que se centrar√° en √°mbas siguientes horas de la vida de la personaje principal, a la que acompa√Īaremos en su deambular por el Par√≠s de principios de la d√©cada de los 60, mientras espera el instante de comprender su diagn√≥stico.

Dividida en 13 peque√Īos cap√≠tulos que relatan en tiempo (aparentemente) dieg√©tico¬† la inquieta espera de Florence, la pel√≠cula est√° dominada por una estilizada escenificaci√≥n a partir de largos travellings de rastreo de la personaje principal durante las calles de la regi√≥n y una excepcional banda sonora de Michel Legrand que trabaja unas ocasiones como refuerzo, otras como contrapunto al desasosiego del personaje. Un magn√≠fico primer ejemplo de este √ļltimo aspecto lo podemos encontrar justo despu√©s de la secuencia inicial del tarot, con la m√ļsica de la banda sonora puntuando felizmente los pasos de Florence al descender las escaleras (como contrapunto al terrible vaticinio de las cartas) hasta llegar al vest√≠bulo del edificio en el cual, frente a un espejo, la personaje principal sentencia para s√≠ misma: ‚ÄúMientras soy hermosa estoy 10 ocasiones m√°s viva que las dem√°s‚ÄĚ (fotograma 1).

Justamente, la imagen del espejo ser√° uno de los elementos m√°s presentes durante los dos primeros tercios de la pel√≠cula, aqu√©llos que nos detallan a una Cl√©o (el nombre art√≠stico de Florence) m√°s artificial, presa de un dramatismo m√°s impostado y, m√°s que nada, m√°s sola m√°s all√° del √°mbito en el que se lleva a cabo su historia personal y profesional. As√≠, tras la sesi√≥n de tarot de la personaje principal, y en sus sucesivos encuentros con los individuos que le son m√°s cercanos (su asistenta, Ang√®le – Dominique Davray -, su apasionado y asegurador, Jos√© – Jos√© Luis de Vilallonga -, sus compa√Īeros art√≠sticos, Bob – Michel Legrand –¬† y Plumitif – Serge Korber -, y su amiga, Doroth√©e – Doroth√©e Blanck), Cl√©o se topar√° con la incomprensi√≥n, el escepticismo y la indiferencia de todos ellos, incapaces de exhibir ninguna m√≠nima exhibe de inter√©s, solidaridad o de compasi√≥n por su situaci√≥n personal.

La de Cl√©o en oposici√≥n al espejo ser√° por consiguiente la imagen de la soledad de un personaje que se ve vivir en un mundo falso en el que le resultar√° irrealizable entablar cualquier clase comunicaci√≥n emocional. Un concepto que Varda plasma magn√≠ficamente en la extendida escena musical de Cl√©o con Bob y Plumitif (curiosamente, una secuencia unos cuantos minutos m√°s extendida que los ocho que comunica el t√≠tulo del cap√≠tulo; como ya hemos apuntado, el el mismo instante tantas ocasiones aludido al comentar de la pel√≠cula no es as√≠ precisamente, y Varda recurre todo el tiempo a peque√Īas elipsis y dilataciones que causan distintas desincron√≠as con el tiempo dieg√©tico de la narraci√≥n): frente la indiferencia de los m√ļsicos frente a la situaci√≥n de la personaje principal, Cl√©o expresa su angustia interpretando una de las canciones que Bob ha compuesto para ella; os√©a, √ļnicamente consigue comunicar su desasosiego recurriendo al artificio de la interpretaci√≥n, con la cooperaci√≥n de la estilizada escenificaci√≥n de Varda, que ofrece una perfeccionada abstracci√≥n espacio-temporal cerrando la imagen sobre la cara ba√Īado en l√°grimas de la artista mientras una m√ļsica de orquesta se une a las iniciales notas del piano de Bob (fotograma 2).

Tras esta espl√©ndida secuencia musical (una vez m√°s, cabe resaltar la magistral partitura que compuso Michel Legrand para la pel√≠cula), Cl√©o sale otra vez a la calle, huyendo de la incomprensi√≥n de sus ayudantes para toparse con la misma indiferencia de parte de una multitud reporte que acent√ļa a√ļn m√°s si cabe la soledad del personaje, de la misma forma que observamos en la escena de la personaje principal deambulando entre la multitud que ocupa la terraza de un caf√©, mientras o√≠mos una sinfon√≠a de di√°logos que se intercalan en un bullicio inentendible (y otra vez, la imagen reflejada de Cl√©o ‚Äď situaci√≥n artificial –¬† en esta ocasi√≥n en un sinf√≠n de min√ļsculos espejos que cubren la columna frente a la que est√° sentada).

Esta despersonalización del ámbito de la personaje principal llegará a su instante culminante a lo largo de el acercamiento de Cléo con su amiga Dorothée, una muchacha que trabaja como modelo en un estudio de escultura. La imagen de Cléo, continuando entre las formas inmóviles (e inacabadas) de las esculturas plasma otra vez la soledad e incomunicación del personaje con su ámbito (fotograma 3). Una incomunicación que se pondrá otra vez de manifiesto en su posterior conversación con Dorothée, quien, de la misma manera que los anteriores individuos, se expone incapaz de expresar la mínima empatía con la situación de angustia de la personaje principal.

Una vez fuera el estudio, Cl√©o¬† acompa√Īa a Doroth√©e a la cabina de proyecci√≥n donde trabaja su novio, Raoul (Raymond Cauchetier), en donde presenciar√°n un peque√Īo cortometraje de cine mudo (interpretado por unos no acreditados y pr√°cticamente irreconocibles Jean-Luc Godard y Anna Karina) que nos avanza el posterior punto de inflexi√≥n en la evoluci√≥n de la protagonista: el personaje interpretado por Godard se otorga cuenta de que lo ve todo de color negro por culpa de los lentes oscuras que transporta (o, lo que es lo mismo: ‚Äútodo es dependiente del color del cristal con que se mire‚ÄĚ). ¬†Y antes de separarse de Doroth√©e, se produce un peque√Īo pero importante hecho que refuerza la iniciativa del cambio inminente que se va a producir en la actitud de Cl√©o: al dejar la cabina de proyecci√≥n, su bolso cae al suelo y un peque√Īo espejo queda totalmente hecho a√Īicos (fotograma 4).

La imagen del espejo como reflejo de todo el mundo falso quedar√° desde este instante desterrada de la escenificaci√≥n. Todo est√° listo para la irrupci√≥n del charlat√°n Antoine (Antoine Bourseiller), el joven militar con quien Cl√©o volver√° a ser Florence (‚ÄúPrefiero Florence a Cl√©o. Florencia es Italia, El renacimiento, Boticcelli, una rosa‚ÄĚ) y debido al cual, tras recorrer otra vez las en este momento luminosas calles de Par√≠s, la personaje principal reunir√° las fuerzas para confrontar a su patolog√≠a.

‚ÄúMe se ve que por el momento no tengo miedo. Me se ve que soy feliz‚ÄĚ, afirma Florence preparada para explotar la √ļltima hora al costado de Antoine, antes de que √©ste deba tomar el tren que para volver a su cuartel. Una hora que comienza desde el bello chato final de Cl√©o y Antoine, al dejar el hospital, mir√°ndose fijamente a los ojos (fotograma 5), y que Varda nos deja para reconstruir en nuestra imaginaci√≥n.

David Vericat
© cinema fundamental (abril 2014)

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