Resumen de la película Cuentos de la luna pálida

‚ÄúMe gustar√≠a plasmar en mis pel√≠culas esa hondura de campo de los dibujos chinos‚ÄĚ
Kenji Mizoguchi

Cuentos de la luna p√°lida (o Cuentos de la luna p√°lida despu√©s de la lluvia) se abre con una panor√°mica en chato general que nos transporta hasta un peque√Īo poblado en ‚Äú√©poca de guerras, durante la primavera de un a√Īo ya lejano‚ÄĚ, como reza un corto r√≥tulo inicial. En el poblado, Genjuro (Masayuki Mori) y Miyagi (Kinuyo Tanaka) alistan una vieja carreta con la que Genjuro quiere seguir a comerciar sus cer√°micas. Al fondo, Ohama (Mitsuko Mito) y Tobei (Eitar√ī Ozawa) discuten sobre la ambici√≥n de Tobei por transformarse en Samurai. La imagen de √°mbas parejas (fotograma 1), Genjuro y Miyagi en primer t√©rmino y Ohama y Tobei al fondo, es una magistral muestra del uso de la hondura de campo a que tiene relaci√≥n Mizoguchi en sus palabras: con este √ļnico y f√°cil chato inicial, el director marca la composici√≥n que va a contener la pel√≠cula, la historia paralela de √°mbas parejas en el transcurso del conflicto b√©lico que va a irrumpir en sus vidas, con un consideraci√≥n m√°s acentuado de parte de Genjuro y Miyagi, en primer t√©rmino de la imagen.

Y si cabe destacar la utilizaci√≥n de la hondura de campo visual, no menos ejemplar es el recurso de la hondura de campo sonora en esta misma toma inicial: mientras alistan la carreta, Genjuro y Miyagi escuchan a la distancia el sonido de los tiros causados por los combates del conflicto b√©lico. Unos combates que percibimos en un background sonoro, y que se aproximan amenazantes al poblado. Pero Mizoguchi no va a exhibir en ning√ļn momento im√°genes expl√≠citas de la guerra que asola la regi√≥n, sino que se va a centrar de manera √ļnica en sus consecuencias sobre la poblaci√≥n civil (representada en la pel√≠cula por √°mbas parejas protagonistas), incidiendo en los puntos m√°s crueles de las mismas: los robos, saqueos y violaciones de parte de los soldados a su llegada a cada nuevo poblado.

Esta visión crítica y desesperanzada sobre las consecuencias de la guerra sobre la población civil, se concreta en la actitud egoísta y ambiciosa de los dos individuos masculinos, obsesionado Genjuro por hacerse rico con la venta de sus cerámicas y Tobei por transformarse en un respetado samurái. Relevantemente, Mizoguchi asigna a los individuos masculinos toda la deber sobre las terribles consecuencias de la guerra, tanto en su representación general (los soldados) como en la más particular (Genjuro y Tobei), en tanto que los individuos femeninos (Miyagi y Ohama) serán las primordiales víctimas de estas consecuencias (no en vano, el papel de acatamiento de la mujer en la civilización nipona fué uno de los temas clave en la filmografía del director japonés).

Pero, adem√°s de una espl√©ndida pel√≠cula sobre las consecuencias de la guerra en la poblaci√≥n civil, Cuentos de la luna p√°lida es una excepcional pel√≠cula de g√©nero fant√°stico, un g√©nero en el que Mizoguchi nos introduce de lleno desde la traves√≠a en canoa de los individuos primordiales (que viajan a Nagahama para vender las cer√°micas de Genjuro): tras el acercamiento con la ‚Äúbarca fantasma‚ÄĚ donde navega un soldado moribundo que les advierte del compromiso que corren si prosiguen su sendero, el chato de la embarcaci√≥n adentr√°ndose en una niebla que realmente abraza a los individuos primordiales (fotograma 2) es sin lugar a dudas una de las m√°s bell√≠simas y sugerentes im√°genes del cine fant√°stico jam√°s filmadas.

A partir de ese momento, Mizoguchi alterna de forma magistral los dos registros de la pel√≠cula, y as√≠, a las sobrecogedoras im√°genes de Miyagi y el peque√Īo Genichi observando desde la orilla la canoa donde Genjuro, Tobei y Ohama prosiguen su sendero hacia Nagahama, o a la terrible escena de la violaci√≥n de Ohama (abandonada por Tobei en su obsesi√≥n por transformarse en samur√°i) en manos de los soldados (una secuencia de una dureza insoportable), le siguen instantes de corte fant√°stico centradas en la relaci√≥n de Genjuro con la enigm√°tica Wakasa (Machiko Ky√ī). Ejemplo de estos instantes es la hermos√≠sima secuencia del sendero de Genjuro hasta la mansi√≥n de la joven Wakasa: la sugerente panor√°mica de los individuos caminando tras unos juncos (fotograma 3), el chato de una vieja puerta meci√©ndose con el viento, y la imagen de las sombras de los individuos caminando por el jard√≠n, nos adentran otra vez de manera magistral en el lote de lo fant√°stico. Justo antes de esta secuencia, otro momento memorable: Genjuro, embelesado frente las bell√≠simas telas que cuelgan en un peque√Īo comercio del mercado, piensa a su mujer Miyagi prob√°ndose los estampados.

Pose√≠do por el esp√≠ritu de Wakasa, Mizoguchi filma la estancia de Genjuro en la mansi√≥n de la joven ‚Äúalma en pena‚ÄĚ a trav√©s de luminosos planos de serena y equilibrada composici√≥n que contrastan con las angustiosas im√°genes de Miyagi, huyendo junto al peque√Īo Genichi del acoso de los soldados. As√≠, a la imagen de Genjuro y Wakasa tendidos en un hermoso prado a orillas del r√≠o le sigue el chato de Miyagi, escondida en la oscuridad de una vieja caba√Īa donde irrumpen los soldados, e en el momento despu√©s, la terrible secuencia del asesinato de la mujer a manos de unos soldados que la asaltan para robarle la comida. El chato de Miyagi y el peque√Īo Genichi en el suelo, con los soldados peleando por la comida robada al fondo de la imagen, es otra magistral muestra del uso de la hondura de campo de parte de Mizoguchi, aqu√≠ para reflejar las brutales consecuencias de la guerra sobre los individuos.

Pel√≠cula que combina hasta sus √ļltimas consecuencias el realismo m√°s sin coraz√≥n de las im√°genes sobre la crueldad con la serena hermosura de los instantes sobrenaturales, Cuentos de la luna p√°lida culmina, como no pod√≠a ser menos, con una secuencia totalmente magistral que muestra, una vez m√°s, la genialidad de la escenificaci√≥n de Mizoguchi: de regreso su poblado, Genjuro entra en su dejada casa con la vana promesa de reencontrarse con Miyagi; la c√°mara junta al personaje entrando en la vivienda y le sigue en panor√°mica a trav√©s de la estancia vac√≠a hasta que sale otra vez al exterior, brinda la vuelta por fuera y vuelve a entrar para comprender, en donde antes nadie hab√≠a, a Miyagi cocinando en la estancia. La secuencia entre Genjuro y el esp√≠ritu de Miyagi, bell√≠sima escena de reconciliaci√≥n y absoluci√≥n del marido derrotado de parte de la mujer fallecida, seguido del chato final del peque√Īo Genichi depositando un cuenco de comida sobre la tumba de Miyagi (fotograma 4), es el sobrecogedor y bell√≠simo final de esta obra maestra, una de las m√°s bell√≠simas pel√≠culas sobre el cari√Īo y la desaparici√≥n de la historia del s√©ptimo arte.

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2013)