Resumen de la película Delitos y faltas

‚ÄúLos catalogados temas existenciales en mi opini√≥n siguen siendo los √ļnicos temas que merece tratar. Siempre que estamos hablando de otros temas se est√°n disminuyendo los objetivos. Uno puede apuntar hacia cosas muy atrayentes, pero para m√≠ no es lo m√°s profundo. No pienso que se consigua aspirar a m√°s grande hondura que a los catalogados temas existenciales, los temas espirituales‚ÄĚ
Woody Allen

Tras un inicio de carrera con cinco t√≠tulos precisamente decantados hacia la comedia (desde Toma el dinero y corre, 1969, hasta La √ļltima noche de Boris Grushenko, 1975), y desde el brillante punto de inflexi√≥n que supuso la magistral Annie Hall (1977), Woody Allen fu√© alternando en su filmograf√≠a una personal concepci√≥n de la comedia con proyectos pretendidamente m√°s ‚Äúprofundas‚ÄĚ (muchas oportunidades tomando como referencia algunos de sus instructores cinematogr√°ficos, Bergman principalmente) con resultados exactamente irregulares en el segundo caso. T√≠tulos como Interiores (1978), Recuerdos (1980), Septiembre (1987) y Otra mujer (1988) daban a comprender un Allen diluido entre citas tem√°ticas y formales que en ning√ļn caso alcanzaba el nivel¬† de sus superiores comedias (y en alguno en particular, como en la estrepitosa Recuerdos, ofrec√≠a la peor cara del director neoyorkino). En 1989, sin embargo, Allen consigue por fin con Delitos y faltas arrancar los temas existenciales que le obsesionan sin por ello dejar en ning√ļn momento el personal√≠simo estilo de sus superiores proyectos.

Judah Rosenthal (Martin Landau) es un reputado oftalm√≥logo que lo tiene todo poder para considerarse un ‚Äúhombre realizado‚ÄĚ (√©xito profesional, seguridad econ√≥mica y armon√≠a familiar) y, sin embargo, durante la ceremonia de homenaje al personaje primordial al inicio el film, Allen nos ense√Īa a un personaje ‚Äúaprisionado‚ÄĚ por la familia (la c√°mara panoramiza de hijos a mujer encerrando realmente al protagonista), condicionado por una estricta educaci√≥n religiosa (‚Äúmi padre me dec√≠a: ‚ÄėDios tiene los ojos puestos en nosotros‚Äô ‚Äú) y atormentado por el acoso de una obsesiva con pasi√≥n (en plena ceremonia Rosenthal no puede dejar de sospechar en la carta de √©sta apuntada a su mujer que pudo interceptar en el √ļltimo momento). En este magn√≠fico arranque, Allen define el colosal tema que va a vigilar la pel√≠cula: la moral y la culpa, y en qu√© medida estos sentimientos son de nacimiento en la consciencia humana o est√°n determinados m√°s adelante, en esta situaci√≥n por una educaci√≥n religiosa (tem√°tica que va a recobrar m√°s adelante en t√≠tulos como¬† Match Point o El sue√Īo de Cassandra). As√≠ queda expuesto en las expresiones que le dirige Ben (Sam Waterston), el rabino al que Rosenthal trata de una patolog√≠a ocular, cuando √©ste le confiesa su relaci√≥n extramatrimonial (fotograma 1): ‚ÄúYo no podr√≠a seguir viviendo si no creyese enserio en una composici√≥n moral con un concepto real, con aptitud de perd√≥n y una clase de poder superior. Sin eso no hay una base que nos guie en la vida. Y te conozco lo muy para comprender que en ti hay el germen de esa noci√≥n‚ÄĚ.

Justo despu√©s de plantear la trama indispensable, la pel√≠cula nos ense√Īa a Cliff Stern (Woody Allen), un director de documentales sin muy √©xito (fotograma 2), al que no su propia mujer tiene en mucha consideraci√≥n (‚Äúrecib√≠ una menci√≥n especial en aqu√©l festival de Cincinnati‚ÄĚ, ‚Äú¬ŅTe aferras a eso? Todo el planeta recibi√≥ una menci√≥n especial‚ÄĚ), y que facilita rodar un documental sobre su cu√Īado Lester (Alan Alda), un exitoso realizador de televisi√≥n que est√° a las ant√≠podas de los preceptos vitales y profesionales de Cliff (que est√° rodando un interminable documental sobre un inidentificable fil√≥sofo, el instructor Louis Levy) . Esta subtrama posibilita a Allen entrar en la pel√≠cula un tono de comedia, operando¬† como magn√≠fico contrapunto a la l√≠nea argumental indispensable (con la que va a converger en el final a trav√©s de el personaje de Ben, el rabino tratado por Rosenthal, tambi√©n cu√Īado de Cliff).

Toda la pel√≠cula gira cerca de la idea de la visi√≥n, desde su concepci√≥n puramente fisiol√≥gica (Rosenthal, como oftalm√≥logo, trata al rabino Ben de una degeneraci√≥n que le va a conducir irremisiblemente a la ceguera) hasta la noci√≥n √©tico-religiosa del t√©rmino (‚Äú¬ŅY la ley, Judah? Sin la ley, todo es oscuridad‚ÄĚ). Relevantemente, la primera reacci√≥n de Rosenthal al comprender que su encargo de asesinar a Dolores (Anjelica Huston) fu√© realizado es tirarse agua a los ojos, presa de un fulminante sentimiento de culpa que le va a perseguir desde ese momento. Y cuando el protagonista¬† acude al apartamento de su con pasi√≥n (para comprobar con sus propios ojos el delito cometido) Allen ejecuta una panor√°mica que parte de la mirada de √©ste hasta llegar un chato aspecto de los ojos sin vida de la con pasi√≥n (la mirada como elemento que lo distingue entre la vida y la muerte) para volver otra vez a los ojos de Rosenthal (fotograma 3) mientras recuerda las expresiones del rabino durante su infancia: ‚ÄúLos ojos de Dios lo ven todo. No hay totalmente nada que se le escape. Ve a los justos y a los pecadores‚ÄĚ (la mirada como elemento acusador de parte de las fuerzas superiores).

A partir de este momento, Allen alterna hilarantes secuencias de comedia (la escena donde la hermana de Cliff le cuenta su desventura con su √ļltima cita a ciegas, o el visionado del montaje del documental que Cliff est√° rodando sobre Lester, por citar dos ejemplos) con las ocasiones en las que Rosenthal se combate entre los sentimientos de culpa y liberaci√≥n, como la magn√≠fica secuencia donde el personaje primordial vuelve a la vivienda donde vivi√≥ de joven (claramente inspirada en Fresas Salvajes, de Ingmar Bergman) y escucha a sus antepasados debatir sobre la base moral del ser humano y la inevitabilidad de un castigo (humano o divino) a todo acto en oposici√≥n a la ley (humana o divina).

Pel√≠cula intensamente agn√≥stica (por no decir nihilista), Delitos y faltas termina con todos los individuos reunidos con fundamento de la boda de la hija de Ben, al que su patolog√≠a le llev√≥ ya a una ceguera escencial. Los ojos de Dios est√°n apagados, y con la sepa de la moral divina, Rosenthal consigue enterrar su sentimiento de culpa. De esta manera que le confiesa a Cliff (con la explicaci√≥n de contarle el argumento de una posible pel√≠cula), el personaje primordial ‚Äúdescubre que no es castigado. Su cr√≥nica volvi√≥ a la normalidad. Puede que tenga p√©simos instantes ocasionalmente, pero pasan. Y con el tiempo, todo se desvanece‚ÄĚ. Y cuando Cliff le responde que √©l hubiera hecho que el personaje primordial se entregase ‚Äúporque as√≠ la historia consigue proporciones tr√°gicas‚ÄĚ (al verse obligado a hacerse responsable frente la sepa de Dios), Rosenthal sentencia: ‚Äúpero esto es ficci√≥n. Pasa en las pel√≠culas. Yo estoy hablando de la vida real‚ÄĚ (fotograma 4)

Tras este negr√≠simo final, Allen cierra la pel√≠cula con un ep√≠logo en el que o√≠mos las expresiones del viejo instructor Levi sobre la aptitud de elecci√≥n del ser humano y de su b√ļsqueda de la alegr√≠a a trav√©s de las cosas aparentemente m√°s sencillas. Es una secuencia que se ve contradecir el descorazonador desenlace de la historia aportando una remota ocasi√≥n de promesa. L√°stima que, de esta manera que conocimos antes (y en un √ļltimo y sarc√°stico giro final del director) el constructor tan bellas expresiones decidi√≥ suicidarse y no seguir intent√°ndolo.

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2013)