Resumen de la película ¿Dónde está la casa de mi amigo?

Después de una decena de cortometrajes y mediometrajes sobre la niñez (la más grande parte de ellos producidos por el Centro para el Avance Intelectual de Niños y Jóvenes Adultos), ¿Dónde está la vivienda de mi amigo? se establece como un punto de inflexión en la filmografía de Abbas Kiarostami, tanto por erigirse en la culminación temática de su obra previo, como por impulsar el reconocimiento a nivel mundial del director, ineludible presencia desde ese momento en los más prestigiosos festivales cinematográficos de todo el planeta.

El desarrollo de la película, de una simplicidad aplastante, se puede sintetizar en unas pocas líneas: Ahmad, un escolar del pequeño pueblo de Koker, debe encontrar la vivienda de su compañero Mohamed para devolverle el cuaderno que se llevó por error y omitir que sea expulsado del colegio por no realizar los deberes en el mismo. Desde esta mínima explicación argumental, Kiarostami cuenta la odisea del pequeño Ahmad como si de un cuento de aventuras se tratara, siguiendo la composición de las narraciones clásicas y contando con la presencia de los elementos característicos del género: tenemos una amenaza previa, en la observación del instructor a Mohamed por no haber hecho sus deberes en el cuaderno (“Que sea la última vez, la próxima te expulsaremos del colegio”); una misión que debe hacerse en un corto transcurso de tiempo (la del personaje primordial, Ahmad, de encontrar la vivienda de Mohamed para devolverle el cuaderno antes de la siguiente día escolar); un recorrido a través de extraños parajes (el sendero que divide el pueblo de Ahmad, Koker, del de su compañero Mohamed, Poshteh); una búsqueda con observaciones semejantes a las del chato de un tesoro (“En una calle empinada. Hay una escalera enfrente que acaba en una puerta azul. Y hay un puente que está cerca de la casa”); un tenaz contrincante (el abuelo de Ahmad, que le ocupa seguir a por cigarrillos para imponer su autoridad sobre el pequeño distrayéndole de su misión: “Quiero que el chico se eduque bien. Una aceptable paliza le enseñaría disciplina”); y hasta un genio bonachón (el adulto más grande parlanchín que guiará al personaje primordial, ya en la mitad de una noche, hasta la que se ve ser la vivienda de Mohamed). Todo ello, descrito desde la mirada del personaje primordial, tanto en el aspecto formal (abundan las imágenes a la altura de los ojos de Ahmad, con las cabezas de los superiores fuera de chato – fotograma 1) como en el narrativo (las acciones de los superiores, ya sean las tareas domésticas de la madre o las interminables negociaciones de un comerciante de puertas, son vistas por Ahmad como actos incomprensibles o de nula consideración frente a la que para él es su misión principal).

Kiarostami muestra, de manera diáfana y directa, la colosal distancia que divide al planeta de la niñez del de los adultos; su diferente escala de valores y la colosal contrariedad de detallar puentes de comunicación entre los dos. La primera y única preocupación de Ahmad (devolver el cuaderno a su compañero para omitir que sea expulsado de la escuela) es vista por los superiores como una tarea aplazable (“Ya se lo darás mañana”, responde con poco interés la madre a la angustia de Ahmad), cuando no simplemente intrascendente o de forma directa imaginaria. Es sintomático, en este sentido, que en todos los encuentros que el personaje primordial tiene durante su búsqueda, serán únicamente los niños los que intentarán asistirle en su cometido: primero un compañero de clase, que le recomienda la dirección del primo de Mohamed; a continuación éste último, que le brinda la noticia de que su compañero acaba de regresar a Koker acompañando a su padre; y, por último, el hijo del comerciante de puertas (al que Ahmad creyó el padre de Mohamed por tener el mismo apellido), que después de hacerle ver su confusión (“Aquí hay varios de Nematzadeh”) le brinda recientes observaciones para intentar encontrar la vivienda de Mohamed. Por el contrario, todos los superiores a los que el personaje primordial solicita asistencia responderán con el silencio (el hombre que transporta un colosal fardo), la negativa (“Estoy enferma, márchate”, le ordena una anciana como única respuesta a la pregunta de Ahmad) o de forma directa la indiferencia (el comerciante de puertas al que Ahmad preguntará infructuosamente si se habla del padre de Mohamed).

Dentro de esta composición de colosal forma fácil, Kiarostami nos ofrece instantes de ingenuo humor (Ahmad confundiendo por dos oportunidades el cuaderno de Mohamed: al partir en búsqueda de la vivienda de su amigo para devolvérselo y en el desenlace de la película, al ofrecer el cuaderno equivocado al profesor) y también oportunidades de auténtico suspense (Ahmad observando expectante al que piensa que puede ser su amigo, con la cara oculto tras la puerta que está cargando – fotograma 2). Pero destacan más que nada algunas imágenes de excepcional y serena hermosura, características del personalísimo estilo del director: el chato general del patio de la vivienda de Ahmed; el hermoso y sugerente chato del personaje primordial ascendiendo por el sendero en zigzag hacia el pueblo de Mohamed (fotograma 3); las imágenes del pequeño entre las calles de Poshteh; o el exquisito chato que cierra la película, con la flor que el adulto más grande había entregado a Ahmad y que éste había guardado entre las páginas del cuaderno de su amigo Mohamed (fotograma 4).

David Vericat
© cinema primordial (Marzo 2017)