Resumen de la película El circo

‚ÄúToda la vida ser√© un clown, nada m√°s ni nada menos, lo que me sit√ļa a mucha m√°s altura que alg√ļn pol√≠tico‚ÄĚ
Charles Chaplin

Adem√°s de reunir varios de los superiores gags la filmograf√≠a de Chaplin, El Circo tiene la caracter√≠stica de situar por primera y √ļnica vez al personaje principal por antonomasia de su cine, el vagabundo, en el √°mbito natural del payaso: la pista circense. Y lo realiza preparando una l√ļcida reflexi√≥n sobre la esencia c√≥mica de su personaje y, al fin y al cabo, de toda su obra: el vagabundo de las pel√≠culas de Chaplin es un personaje c√≥mico a su pesar, un clown involuntario cuya comicidad aparece de sus desdichas, jam√°s de una autoconsciencia como payaso.

Hay una secuencia en la pel√≠cula que sintetiza a la perfecci√≥n esta idea: mencionado frente el director del circo (Al Ernest Garcia) para mostrar sus talentos c√≥micas en una prueba (‚ÄúAdelante, ¬°s√© divertido!‚ÄĚ ‚Äď fotograma 1), el vagabundo ejecuta unos tontos pasos en la pista que no alcanzan arrancar ni una f√°cil sonrisa del achicado auditorio (y poco m√°s que una emotiva cooperaci√≥n en el espectador). Frente el fracaso de la prueba, el vagabundo acabar√° contratado como tramoyista y ser√° precisamente despu√©s de una segunda aparici√≥n espont√°nea en la pista (en la que provocar√° tambi√©n por segunda vez, y a su pesar, el entusiasmo del p√ļblico) cuando el due√Īo del circo se dar√° cuenta de la mina de oro que tiene en sus manos y decidir√° explotarla sin avisar de esto al vagabundo (‚ÄúEs fenomenal pero no lo sabe. Sigue trat√°ndolo como tramoyista‚ÄĚ, le advierte a uno de sus encargados).

Pero si cabe proteger El circo como una extraordinaria pel√≠cula (aunque ocasionalmente figure en ninguna de las listas de las superiores pel√≠culas de su director) no es por su reflexi√≥n te√≥rica sobre la comicidad del personaje principal chapliniano sino, como ya se apunt√≥, por contener alguno de los m√°s memorables gags de la filmograf√≠a de su director (lo que no os√©a poco), aun cuando para eso el creador recurra a una trama muy m√°s f√°cil de las que podemos encontrar en sus proyectos posteriores (no es casual que El Circo sea precisamente el √ļltimo t√≠tulo de la etapa rigurosamente muda del autor).

El inicio de la pel√≠cula, simplemente magistral, podr√≠a ser por s√≠ solo uno de los especiales cortometrajes de la filmograf√≠a de Chaplin: en √©l asistimos a las peripecias del vagabundo enfrentado a un carterista (que intenta recobrar la cartera que termina de quitar y ocultar en el bolsillo del inadvertido protagonista) y buscado por el sempiterno polic√≠a (que le toma por el carterista) hasta su primera irrupci√≥n por incidente en la pista circense que provocar√° el j√ļbilo del p√ļblico. Estos primeros quince minutos, desde que descubrimos al vagabundo comi√©ndose a bocados el pastel de un inocente ni√Īo en brazos de su despistado padre (en una hilarante presentaci√≥n del personaje) hasta que asistimos a la persecuci√≥n en medio de una pista circense, son un prodigio de ritmo cinematogr√°fico con una sucesi√≥n de gags a cual m√°s brillante: el polic√≠a entregando al at√≥nito vagabundo la cartera que el ladr√≥n intentaba recobrar e pidiendo al personaje principal a corroborar si tiene dentro todo el dinero (‚Äú¬°cu√©ntelo!‚ÄĚ); el chato del vagabundo corriendo en conjunto con el carterista para hu√≠r de la polic√≠a; la brillante escena en la sal√≥n de los espejos (claramente precursora de la conmemorada escena de La dama de Shangai de Welles ‚Äď fotograma 2); la imagen del personaje principal y el carterista haci√©ndose pasar por aut√≥matas de feria para hu√≠r de la polic√≠a; o la irrupci√≥n final del vagabundo en el circo dinamitando el n√ļmero de magia del at√≥nito ‚ÄúProfesor Bosco‚ÄĚ (George Davis), son todos ellos instantes que demuestran el genio de Chaplin en el lote de la comedia.

Posteriormente, y tras la hermosa escena del desayuno donde el vagabundo conoce a Merna (Merna Kennedy), la hija del due√Īo del circo que vive pr√°cticamente esclavizada por su tir√°nico padre (una secuencia donde Chaplin es con la capacidad de hacernos comprender todo el di√°logo entre la pareja sin obligaci√≥n de un solo intert√≠tulo), asistimos a la ya citada escena de la prueba, otra vez una reuni√≥n de gags memorables en los que se pone en prueba la esencia c√≥mica del personaje (y tambi√©n su incorrupta ingenuidad: el vagabundo es el √ļnico que se r√≠e con el triste n√ļmero c√≥mico que los viejos payasos representan frente √©l como exhibe para hacer la prueba).

Incapaz todav√≠a de sentir la vis c√≥mica del vagabundo, el due√Īo del circo acabar√° contrat√°ndolo como tramoyista hasta el d√≠a de hoy en que descubra el diamante en bruto que tiene en su poder, con la segunda irrupci√≥n del vagabundo en la pista buscado por un caballo desbocado y la consiguiente ovaci√≥n por parte del p√ļblico.

Justo antes, el más destacable instante de la película, con el personaje principal encerrado por incidente en la jaula de los leones: un prodigio de escenificación para realizar una de las más espectaculares secuencias cómicas de la historia del cine (fotograma 3). La composición de los planos, el montaje y la utilización del campo-contracampo de esta escena es una exhibe del absoluto dominio del lenguaje cinematográfico de Chaplin. Un dominio que tiene la virtud de pasar prácticamente inadvertido al servicio de la comicidad de las imágenes (una de las características recurrentes en los profesores del cine clásico).

Finalmente, y tras un fugaz instante de √©xito, a lo largo de el cual el personaje principal ser√° consciente de su posici√≥n como estrella del espect√°culo (como parte importante de la filmograf√≠a del creador, toda la pel√≠cula se edifica desde peque√Īos golpes de fortuna que se esfuman tan r√°pidamente como se presentan) la irrupci√≥n del fun√°mbulo Rex (Harry Crocker) piensa un golpe a las ilusiones que el vagabundo se hab√≠a hecho en relaci√≥n a la hermosa trapecista. Y as√≠, desprovisto s√ļbitamente de su innata vis c√≥mica (y despu√©s de otra inolvidable secuencia donde se ve obligado a substituir al fun√°mbulo en lo prominente del cable de equilibrios), el vagabundo comprende que su sitio est√° fuera del circo, de la misma forma que nos ense√Īa el magn√≠fico chato final de los carruajes partiendo hacia una exclusiva poblaci√≥n mientras el personaje principal se aleja en direcci√≥n contraria con su caminar peculiar para alegrar nuestra vida con sus desventuras (fotograma 4). En expresiones de Chaplin: ‚Äúmi mal puede ser la raz√≥n de la risa de otro, pero mi risa no debe ser jam√°s la raz√≥n del mal de otro‚ÄĚ.

David Vericat
© cinema fundamental (diciembre 2013)

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