Resumen de la película El gatopardo

‚ÄúEs cierto, esas son mis historias. Historias de grupos familiares que van hacia la ruina‚ÄĚ
Luchino Visconti

Los títulos de crédito de El Gatopardo se muestran sobre los planos exteriores de la vivienda del príncipe de Salina, Don Fabrizio (Burt Lancaster), en los que resaltan los senos de estilo clásico semiderruidos que presiden la entrada. En el interior de la vivienda, las cortinas de los balcones se mecen como cediendo frente los gritos y tiros que se escuchan del exterior (fotograma 1), mientras la familia reza el rosario aparentemente ajena al sonido de la contienda: las tropas  revolucionarias de Garibaldi han desembarcado en Sicilia.

El Gatopardo detalla de manera grandiosa el objetivo de una √©poca, personalizada en el arist√≥crata Don Fabrizio, que asiste impotente a la irrupci√≥n de las novedosas clases sociales burguesas que van a tomar el poder pol√≠tico y econ√≥mico desde la unificaci√≥n italiana. Esta novedosa casta social va ser encarnada en la pel√≠cula por el joven Tancredi (Alain Delon), sobrino de Fabrizio, y personaje en el que el pr√≠ncipe de Salina va a volcar todas sus pretensiones, consciente de la inexorabilidad de su destino. Tanto es as√≠, que en su primera aparici√≥n en la pel√≠cula, Visconti nos ense√Īa la cara del Tancredi reflejado en el espejo frente el cual se est√° afeitando Fabrizio (fotograma 2), en un magistral recurso cinematogr√°fico que simboliza el deseo de transferencia del viejo arist√≥crata hacia su joven sobrino. De hecho, la persona de Tancredi representa para Fabrizio la √ļnica oportunidad de llevar a cabo perdurar en cierto modo su posici√≥n privilegiada, de forma simb√≥lica (mediante la citada transferencia), pero tambi√©n en un sentido m√°s tangible: Tancredi, que se ha unido a las tropas de Garibaldi, rebate el enojo de Fabrizio con un argumento que se va a erigir en la m√°xima del arist√≥crata desde ese momento: ‚ÄúSi no estuvi√©ramos aqu√≠, esos te endosar√≠an la rep√ļblica. Es exacto que todo cambie, para que todo siga como est√°‚ÄĚ.

Tras las sensacionales situaciones de los combates de las tropas de Garibaldi a su entrada en Palermo, la pel√≠cula se lleva a cabo pr√°cticamente de manera √≠ntegra en la peque√Īa poblaci√≥n de Donnafugata, adonde, por medio de un salvoconducto obtenido por mediaci√≥n de Tancredi, Don Fabrizio se traslada adjuntado con toda su familia a pasar el verano. El de Donnafugata se va a erigir como el √ļltimo reducto del decreciente poder del pr√≠ncipe de Salina, un territorio en el que todav√≠a persisten las maneras de vasallaje del pueblo hacia la nobleza, aun cuando el anquilosamiento y la agon√≠a de esa nobleza se ve ya ineludible, de la misma forma que nos ense√Īa Visconti en el magn√≠fico travelling del interior de la iglesia en el que observamos a los integrantes de la familia de Salina, a su llegada a Donnafugata, verdaderamente cubiertos de polvo, cual viejos muebles dejados (fotograma 3).

Esta imagen de ca√≠da se expone de forma m√°s despiadado todav√≠a en la reacci√≥n de Don Fabrizio al tener conocimiento de los sentimientos de su hija Concetta (Lucilla Morlacchi) hacia el joven Tancredi: consciente del ocaso de su familia, el pr√≠ncipe no solo no posibilita la relaci√≥n de su hija con Tancredi sino que en el instante proporciona su bendici√≥n al noviazgo de √©ste con la hermosa Ang√©lica (Claudia Cardinale), hija Don Calogero (Paolo Stoppa), el alcalde de Donnafugatta y gerente de la novedosa clase pol√≠tica que va a ocupar el sitio de la agonizante nobleza. Otra vez, observamos precisamente el deseo de transferencia de Don Fabrizio hacia Tancredi, manifestado aqu√≠ en su aspiraci√≥n de conseguir el matrimonio de su sobrino con Ang√©lica como √ļnica oportunidad de perpetuar su posici√≥n de poder (un deseo de transferencia que es tambi√©n f√≠sico, ya que para el viejo pr√≠ncipe la √ļnica forma de poseer a la hermosa Ang√©lica es a trav√©s del joven Tancredi).

Toda la pel√≠cula da un giro alrededor de esta iniciativa de un ocaso que, sin importar las desesperadas maniobras del personaje principal, hace aparici√≥n cada vez como m√°s inexorable. As√≠ lo observamos en la violenta reacci√≥n de Don Fabrizio a lo largo de la secuencia de caza con Don Ciccio (Serge Reggiani), cuando este √ļltimo le se√Īala que el matrimonio del noble Tancredi con la plebeya Ang√©lica supondr√° el objetivo de la familia Salina (‚Äúeste matrimonio no es el objetivo de nada sino el comienzo de todo‚ÄĚ, le responde en√©rgico Don Fabrizio), y, otra vez, en la espl√©ndida escena entre Don Fabrizio y el bur√≥crata Chevally (Leslie French), que acude a Sicilia para ofrecer al pr√≠ncipe que ocupe una plaza de senador en el nuevo gobierno. Tras una primera reacci√≥n de extra√Īeza frente la iniciativa que pone en prueba la distancia ideol√≥gica entre los dos (‚Äúd√≠game, Chevally, ser senador, ¬Ņen qu√© radica? ¬ŅEs un t√≠tulo honor√≠fico?‚ÄĚ), Don Fabrizio expresa por primera oportunidad su sensaci√≥n sobre los cambios pol√≠ticos y sociales que asolan la vieja Sicilia: ‚ÄúSoy un gerente de la vieja clase, indudablemente puesto en compromiso con el r√©gimen previo, relacionado a √©l por v√≠nculos de decencia o aprecio. Mi desgraciada generaci√≥n cabalga entre dos mundos, y est√° inc√≥moda en los dos. Encima, carezco de ilusiones‚ÄĚ. Unas expresiones que consiguen un tono m√°s contundente cuando, frente la insistencia de Chevally, Don Fabrizio sentencia: ‚ÄúLos hombres de Garibaldi vinieron aqu√≠ para ense√Īarnos buenos modales, pero no lo conseguir√°n, porque somos dioses‚ÄĚ.

Dioses de un olimpo en ruinas, como los viejos senos que presiden la entrada de la mansi√≥n de la familia Salina. Monarcas de un reino en desintegraci√≥n, de la misma forma que observamos a Don Fabrizio, tras la inolvidable y largu√≠sima secuencia del baile final (aut√©ntica velada f√ļnebre en honor a la estirpe del pr√≠ncipe de Salina), desapareciendo entre las sombras de un viejo callej√≥n, en el magistral chato que cierra la pel√≠cula (fotograma 4).

David Vericat
© cinema fundamental (noviembre 2013)

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