Resumen de la película El proceso de Juana de Arco

 

 

El desarrollo de Juana de Arco

 

Proc√®s de Jeanne D’Arc (1962) Francia

Duración: 65 Min.

M√ļsica: Francis Seyrig

Fotografía: Léonce-Henry Burel

Guion y Dirección: Robert Bresson

Int√©rpretes: Florence Delay (Jeanne d’Arc), Jean-Claude Fourneau (Obispo Cauchon), Roger Honorat (Jean Beaupere), Marc Jacquier (Jean Lemaitre), Jean Gillibert (Jean de Chatillon), Michel Herubel (Isambert de la Pierre), Andr√© R√©gnier (D’Estivet), Arthur Le Bau (Jean Massieu), Marcel Darbaud (Nicolas de Houppeville), Philippe Dreux (Martin Ladvenu).

Redoblan unas campanas mientras una mujer avanza leyendo un escrito.

La mujer dice que dio a luz a una hija legítima a la que bautizó, confirmó y crió en el respeto a Dios y a la Iglesia, y a la que, sin haber hecho nada la acusaron de impiedad imputándola falsamente por varios crímenes, condenándola injustamente y quemándola en una hoguera.

Juana de Arco muri√≥ el 30 de mayo de 1431 no recibiendo sepultura ni estando ning√ļn retrato de el, aunque quedan sus expresiones antes los jueces de Ru√°n y el desarrollo de rehabilitaci√≥n que sucedi√≥ 25 a√Īos m√°s tarde.

Tras su captura en Comiègne por fuerzas francesas adversarias, Juana fue vendida a precio de oro a los ingleses y llevada frente un tribunal de catedráticos anglófilos de París y presidido por el Obispo Cauchon.

Juana, de 19 a√Īos llevaba numerosos meses prisionera en el castillo de Ru√°n.

Frente el tribunal cuenta que fue su madre quien la ense√Ī√≥ a rezar y que hac√≠a las tareas del lugar de vida y sab√≠a coser e hilar.

El Obispo, tras oírla, le prohíbe dejar la prisión y le reprocha que intentara huír en numerosas oportunidades, afirmando ella que ese es un derecho de todo preso, siendo acusada de bruja por varios de los ayudantes que piden su muerte.

En la celda la muchacha llora.

Otra vez frente el tribunal asegura que cometería perjurio si revelara lo que prometió no llevar a cabo, dando por seguro que dirá la realidad, pero no lo dirá todo.

Cuenta que escuchaba las voces cerca de la iglesia en la mitad de un enorme resplandor y que jamás las escuchó sin el resplandor, ordenándole un ángel partir y alzar el sitio de Orleans e proceder a Vaucouleurs, reconociendo que iba vestida de hombre.

Afirma que escuchaba cada día las voces y que el día previo le aconsejaron que respondiera con osadía y les pide que tengan precaución, ya que es una enviada de Dios.

Dice poseer revelaciones sobre el rey que no contará porque la voz se lo prohibió, aunque afirma que la voz le envió a comentar con este.

Le preguntan si jugaba con otras ni√Īas cuando viv√≠a con sus padres, respondiendo afirmativamente, siendo preguntada por un √°rbol cercano a la ciudad que ella recuerda como el √°rbol de las Damas o Hadas y una fuente cercana a este donde beben los enfermos donde hac√≠an sombreros de flores, cantaban y bailaban, m√°s all√° de que jam√°s vio hadas all√≠.

En su celda, Juana es vigilada por numerosos soldados de la guardia, aunque deciden que tienen que cambiar a los guardias por oficiales.

Varios de los religiosos comentan que debe ser quemada, aunque otros ponen reparos puesto que no tiene defensor.

Le preguntan si le habla Dios de manera directa o a trav√©s de un √°ngel, respondiendo ella que eran Santa Catalina y santa Margarita coronadas, que son las que llevan 7 a√Īos gobern√°ndola y que las revelaciones son para el rey de Francia, habiendo recibido tambi√©n el consuelo de San Miguel cubierto de √°ngeles.

Cuenta que recibió su espada, que se encontraba enterrada en la iglesia de Santa Catalina en Vaucouleurs y que llevaba grabadas 5 cruces, y que la encontró por medio de sus voces, aunque ella prefería el estandarte a la espada y que jamás mató.

El rey puso bajo su mando a, entre 10.000 y 12.000 hombres.

Le preguntan si ha dicho en Orle√°ns que solo ella recibir√≠a las flechas y las balas de ca√Ī√≥n, respondiendo que ella mencion√≥ que levantar√≠an el sitio y que recibi√≥ de hecho una flecha en el cuello cuando pusieron la escalera.

Otra vez en su celda le pregunta a Dios qué debe responder a los prelados.

Estos n aceptan que nadie le dé consejo espiritual, ya que quien lo lleve a cabo irá a la hoguera también.

Leen una carta que envió al rey de Inglaterra donde le pedía que abandonara Orleáns, haciéndolo como jefe de guerra de su país, afirmando que de no someterse, hará matar a sus hombres, asegurándole que Dios no le daría el reino de Francia.

Ella admite que envi√≥ la carta aunque hay numerosas cosas que no ha dicho en ella, como su proclamaci√≥n como jefa de guerra, para asegurar con posterioridad que antes de 7 a√Īos los ingleses perder√°n en Francia.

En el tribunal le preguntan por sus anillos, uno de los cuales tiene el tribunal y el otro los ingleses, contando que se lo brindaron sus padres y en los que pone Jes√ļs y Mar√≠a.

Le preguntan si curó a alguien con los anillos respondiendo que no a través de ellos, tras lo que le preguntan si las santas le dijeron que la librarían de la prisión, afirmando ella que sí

Le preguntan por su mandr√°gora y ella dice que no la tiene ni la tuvo jam√°s

Alguien lanza una piedra contra el cristal de su celda, afirmando un guardián que la multitud pide su muerte y le pide al Obispo que sea próximamente o pedirán la suya también.

En su siguiente sesi√≥n preguntan por qu√© pon√≠a en las cartas Jes√ļs Mar√≠a y la cruz, diciendo ella que la cruz significaba que no se deb√≠a llevar a cabo lo que escrib√≠a.

Le preguntan si posó su espada y su armadura en San Dionisio, afirmando que así es, preguntándole si sus soldados hicieron escudos o piezas de tela semejantes a su estandarte, a eso que responde que algunos lo hicieron, negando por otro lado que ordenara poner agua bendita en los escudos o que los hiciera desfilar frente el altar.

Le preguntan también si hicieron imágines a su semejanza, diciendo que vio una donde hace aparición de rodillas llevando una carta a su rey.

Le preguntan otra vez por sus anillos y si es verdad que los miraba al agredir y ella dice que lo hacía para honrar a sus padres.

Le preguntan si sus fieles hicieron decir misas por ella, diciendo ella que si rezaron por ella no hicieron nada malo.

Dice que aunque besaban sus pies y su ropa no era porque ella lo deseara y que si las mujeres tocaban sus anillos con los suyos ella ignoraba su intención

Le preguntan también si recibía los sacramentos al pasar por las villas, afirmando que sí, y que lo hacía vestida de caballero, aunque sin armas.

La culpan de haber robado en Senlis el caballo del obispo, afirmando que lo pagó y lo devolvió después, ya que no le servía.

Le preguntan por el ni√Īo de Lagny que dicen que lo resucit√≥, afirmando ella no haberlo o√≠do decir, que el peque√Īo ten√≠a tres d√≠as y lo llevaron sin vida al altar donde ella rezaba.

Le preguntan qué logró en la Charité sur Loire, diciendo que ordenó un ataque.

Frente la algarabía de gente pidiendo que la quemen, el Obispo ordena que acudan a las siguientes sesiones solo dos asesores, un sustituto, el escribano y el notario.

Cuando le preguntan si sabía que sería capturada, asegura que las voces le dijeron que era primordial.

Se preguntan si más allá de haber vivido con soldados todavía es virgen, diciéndole después en el tribunal que miente y que no es una doncella, afirmando ella que lo es y que prometió a las santas guardar su virginidad.

Ordenan que la examine un grupo de mujeres que certifican que, de hecho, es virgen.

En su siguiente sesión le dice que un ángel le llevó la corona al rey, lo que significaba que sería el rey de toda Francia, y que ella se la llevó al castillo de Chinon y le preguntan si alguien más vio al ángel que llevaba la corona, afirmando ella que el arzobispo y algunos más lo vieron, aunque otros solo vieron la corona.

Le preguntan si cuando saltó de la torre de la prisión deseaba matarse, afirmando que solo deseaba no ser entregada a los ingleses.

Cuenta que las voces le dijeron que una victoria la liberaría en el juicio y que no temiera el martirio, ya que iría al reino del paraíso.

Tras esa sesión ordenan ponerle dobles cadenas.

En la siguiente sesión le preguntan si las santas odian a los ingleses y dice que ellas adoran lo que quiere Dios, preguntándole tras ello si Dios odia a los ingleses diciendo ella que lo ignora, pero sabe que no quiere que se queden en Francia.

Le pregunta si no contrarió jamás a las voces y ella les dice que lo logró cuando saltó de la torre, aunque ellas la salvaron y la socorrieron.

Le preguntan tras ello por San Miguel y por c√≥mo supo que era un √°ngel y si no podr√≠a ser que fuera el Demonio haci√©ndose pasar por √°ngel, diciendo ella dice que solo dud√≥ la primera oportunidad porque era √ļnicamente una ni√Īa.

Cuando le preguntan si aceptar√° vestir de mujer dice que lo har√° para fallecer, pero que viste de hombre por mandato divino, dici√©ndole ellos que las Sagradas Escrituras se√Īalan que ni la mujer ha de vestir de var√≥n ni el var√≥n de mujer y que quien lo lleve a cabo ser√° abominado por Dios.

Le llevan un bello vestido de mujer, se√Īalando ella que si por ser sentenciada ha de desvestirse, elige un camis√≥n de mujer y algo sobre la cabeza, ya que elige fallecer que protestar de la orden de Dios.

Pide permiso para proceder a misa y comulgar en Pascua, diciendo el Obispo que se lo permitirá si renuncia a ir vestida como un varón, asumiendo ella que no irá a misa ni comulgará, preguntándose si sus fieles la olvidaron.

El Obispo le pregunta si acatar√° la decisi√≥n de la Iglesia si dice que tuvo ilusiones, afirmando ella que lleg√≥ al Rey enviada por la Iglesia del cielo y es a ella a la que somete sus actos, frente lo que le preguntan si no obedece a la Iglesia de la Tierra del Papa y los prelados, se√Īalando ella que s√≠, pero que antes sirve al Se√Īor.

La culpan de no obedecer a la Iglesia y de considerarse por arriba de esta y de verse escandalosa, sediciosa y maldita. De haberse dejado adorar por el pueblo como santa y de asegurar ser enviada por Dios. De haber mandado sobre hombres como capitán del ejército y de haber donado a la Iglesia de San Dionisio su armadura como reliquia.

La culpan también de haber ocultado una espada en la iglesia de Santa Catalina para intentar creer que sabía por revelación dónde se hallaba y de haber embrujado su anillo, su estandarte y su espada para vencer a sus adversarios, así como de llevar en su seno una mandrágora aguardando fortuna y riquezas.

Juana protesta frente las falsas acusaciones, puesto que no se corresponden con el interrogatorio ni con sus respuestas.

La culpan también de haberse jactado de comprender futuro y pasado otorgándose así atributos de Dios.

Cuando los prelados se sientan a deliberar, uno de ellos se quita pidiendo que se pronuncien Par√≠s y la Facultad, no √©l, ya que nadie tiene all√≠ independencia de opinar, ya que se eval√ļa bajo coacci√≥n y amenaza, y cuando el Obispo le pide que calle, √©l dice que no le debe sumisi√≥n, ya que no es de su di√≥cesis.

Otro de los presentes se√Īala que Juana debi√≥ recibir consejo y se va tambi√©n, aunque le ordenan que asista al desarrollo.

Juana enferma y asegura que fue por la comida que le envi√≥ el Obispo, acus√°ndola de haber comido otros comestibles da√Īinos, aunque comprueban que no hay otra comida, temiendo que hace todo intentando de quitarse la vida.

El Obispo le dice que aunque corre riesgo de muerte si no se somete a la Iglesia no tienen la posibilidad de ofrecerle los Sacramentos, pidiendo ella que si muere en prisión la entierren en tierra santa.

El Obispo le pregunta si quiere que ordene una procesión por su salud, diciendo ella que permite que recen por ella,

Cuando optimización, algunos frailes le comentan que puede apelar al Papa y al santo Concilio General de Basilea, donde hay muchos prelados incondicionales de ella como en contra.

El Obispo asegura que dada la dureza de esa mujer y de la imposibilidad de hacerla razonar tienen que amonestarla, remitiéndose ella a Dios, aunque ellos le comentan que debe someterse a la Iglesia y que si no lo realiza será declarada hereje y sentenciada a la hoguera.

Le preguntan si se sometería frente el Santo Concilio, el Papa y los cardenales, respondiendo ella que la lleven frente el Papa y le responderá, detallando ellos que enviarán el desarrollo al Papa para que lo juzgue, pidiendo ella que sea el Papa quien la interrogue.

El Obispo le pregunta otra vez si se somete a la Iglesia, respondiéndole ella al Obispo que no acata su juicio, ya que es su enemigo capital, pero que sí se somete al Santo Concilio, preguntando este quién le habló del Santo Concilio.

Le piden que diga la realidad mientras la someten a tortura, se√Īalando ella que no dir√° algo distinto a eso que ha dicho aunque la descuarticen y que si lo dijese, despu√©s dir√≠a que lo logr√≥ obligada.

Empiezan a hacerlo todo para quemarla y un prelado se√Īala a los franceses que los est√°n enga√Īando y que aquel que se afirma rey por medio de esa mujer sin honra es similar a ella, y tambi√©n el pueblo que le obedece, ya que al escucharla el rey se convirti√≥ en hereje, se√Īalando ella que el rey es un √≥ptimo cat√≥lico y quiere a la iglesia.

Le comentan que obró contra la majestad, Dios y la fe, adoptó vestiduras de varón y si no se arrepiente será quemada, preguntándole el Obispo si se retracta de sus actos y de sus declaraciones remitiéndose ella a Dios y al Santo Padre, afirmando el Obispo que no basta, ya que no tienen la posibilidad de transporta al Papa desde tan lejos.

Decretan que pec√≥ contra Dios y la invitan a retractarse o la entregar√°n a la justicia secular, se√Īalando ella que no obr√≥ mal, remiti√©ndose al Concilio y al Papa, m√°s all√° de lo cual insisten en soliciar que se retracte y se someta a la Iglesia, cediendo por √ļltimo y diciendo que har√° su intenci√≥n, tras lo que firma una c√©dula abjurando, lo que supondr√° su independencia, aunque algunos aseguran que hacen mal en permitirle llevarlo a cabo, ya que creen que es una bruja.

Ella lee lo escrito en la c√©dula afirmando que vuelve a la Santa Madre Iglesia, confesando haber pecado dificultosamente al mentir diciendo que recibi√≥ revelaciones de Dios y de sus santas y retract√°ndose de sus expresiones contra la Iglesia, para por √ļltimo firmar, sin que se le permita soliciar consejo.

Conseguida la firma el Obispo asegura que la Iglesia la perdona, aunque como pecó contra ella y para que lleve a cabo penitencia la condenan a prisión perpetua para que se arrepienta enserio y no cometa otros errores.

Juana pide que puesto que ha de padecer cautiverio, sea en su prisi√≥n y no en la de los ingleses, se√Īalando el Obispo que tienen que devolverla, ordenando que la encierren y le den vestidos de mujer.

Pero unos d√≠as despu√©s recibe en su celda la visita del Obispo, que, acompa√Īado por numerosos religiosos le pregunta por qu√© volvi√≥ a vestirse de hombre m√°s all√° de que jur√≥ no llevarlo a cabo, frente lo que ella afirma que no lo jur√≥ y que transporta traje de var√≥n porque no cumplieron sus promesas y cuando se puso el traje de mujer la golpearon y vilipendiaron y un ingl√©s trat√≥ de ultrajarla numerosas ocasiones, por lo cual elige fallecer a estar encadenada, aunque les afirma que en una prisi√≥n de la Iglesia ser√≠a buena y har√≠a su intenci√≥n.

Le pregunta el Obispo si oyó sus voces otra vez, a lo ella responde que sí, y que le dijeron que había hecho mal en abjurar para socorrer su historia y que debía responder al predicador con valentía, ya que es un falso predicador y que si niega ser enviada de Dios se condenará, afirmando frente el Obispo que ha dicho la realidad frente el Tribunal, y que cuando abjuró frente el pueblo ella no quiso protestar de las visualizaciones, sino que actuó por temor al fuego, aunque en este momento elige fallecer a aguantar lo que soporta y que además no entendió la cédula.

El Obispo le dice que es hereje y terca y unas horas después es visitada por dos religiosos enviados por el Obispo, que le comunican que morirá.

Ella se derrumba diciendo que permite fallecer, pero que no quiere ser quemada, ya que su cuerpo no est√° corrompido y no debe ser achicado a cenizas.

Y cuando entra el Obispo ella le dice que va a fallecer por su culpa y apela al Enorme Juez, recordándole el Obispo que las voces le dijeron que la liberarían y la han decepcionado y que si las voces vinieran de Dios no le habrían mentido.

Otro de los prelados la conmina a soliciar perdón por haber hecho creer a la multitud que era cierto lo que ha dicho.

Juana pide la comunión y el Obispo permite que se la den, comulgando antes ponerse el tosco vestido que debe llevar a la hoguera.

El Obispo la exhorta a que piense en su salvación y lleve a cabo acto de penitencia y contrición, pidiendo ella perdón a sus incondicionales y a sus adversarios y pidiendo que recen por ella y perdonando a su vez el mal que le hicieron.

Por √ļltimo el Obispo de Beauvais decreta expulsarla de la Iglesia y entregarla al poder secular, repudi√°ndola.

Ella pide que le dejen ver la cruz y le entregan una.

De rodillas se encomienda a Dios, a María y a todos los santos, no culpando al Rey ni a nadie de sus actos y sus expresiones y ruega a San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita antes de ser conducida hacia la hoguera.

Atada y encadenada al poste en lo prominente de la misma, le prenden fuego, y, mientras el humo y el calor se levantan ella dice otra vez que las voces provenían de Dios y que siempre actuó por orden de este y que las voces no le decepcionaron, ya que eran revelaciones de Dios.

Arde en silencio sin que el humo permita verla, observando que vuelan numerosas palomas antes de que el humo se vaya, sin que haya ya restos de ella.

Calificación: 3