Resumen de la película El tercer hombre

Segunda colaboración de Carol Reed con Graham Green, en esta situación con un texto original escrito expresamente para la enorme pantalla (no una novela adaptada, como figura erróneamente en muchas reseñas, en contraste con los otros dos guiones de Green para el director, El ídolo caído y Nuestro hombre en la Habana, que sí adaptaban cuentos que ya existían del autor), El tercer hombre es sin duda la obra cumbre de un director que encontraría en el texto de Green (un nuevo encargo de Alexander Korda al escritor con el único requisito de que la historia se desarrollara en la Viena ocupada tras la segunda Guerra Mundial) el material idóneo para llevar a su mejor versión un universo temático y formal que había ido preparando en sus anteriores películas.

Ciertamente, se ve más que visible que Green tuvo muy presente los anteriores trabajos de Reed en el momento de escribir su guion, especialmente la increíble Extendida es la noche, rodada solamente unos cuantos años antes y con la que El tercer hombre almacena no pocos puntos en común: desde la situación de un personaje en la clandestinidad buscado por las fuerzas policiales  en el ámbito de una enorme localidad (Dublín en Extendida es la noche, Viena en El tercer hombre), hasta la narración de amor inalterable (y la mayoria de las veces no correspondido) de una mujer (u hombre) hacia un personaje principal que actúa comunmente ajeno de las convenciones sociales, cuando no de la ley, como es la situacion de Anna Schmidt (Alida Valli) en relación al perverso Harry Lime (Orson Welles) en la película (un ámbito que reconocemos no sólo en la situacion visible de Extendida es la noche, sino que se reitera en prácticamente toda la filmografía de Reed; piénsese en la relación de Nancy con Bill Sikes en Oliver, la de Tessina con Miguel Ángel en El tormento y el éxtasis, o inclusive la de Jim Wormold con su mimada hija Milly en Nuestro hombre en la Havana, por citar otros tres ejemplos bien dispares).

Con estos elementos, y por arriba de una formidable (y singularísima) película de cine negro, El tercer hombre es más que nada una magistral y trágica historia de amor y amistad entre el triángulo compuesto por la joven Anna, el enigmático Harry Lime y Holly Martins (Joseph Cotten), un escritor de novelas del oeste que acude a Viena respondiendo al ofrecimiento de “un trabajillo” de parte de Harry y que nada más llegar a su destino está con la asombroso novedad de la última muerte de su viejo amigo en un enigmático incidente de tráfico. Desde este instante, Holly Martins se debatirá entre la irresistible atracción que siente por Anna, a quien revela en el supuesto funeral de Lime (magnífica la imagen del personaje principal no logrando evadir ver la cara de la joven a lo largo de la ceremonia – fotograma 1) y el sentimiento de lealtad inalterable hacia el que consideraba su mejor amigo, frente a las acusaciones del Más grande Calloway (Trevor Howard), también que se encuentra en el funeral (“Era el peor sinvergüenza de la ciudad”), que le llevará a elegir investigar las extrañas situaciones de la desaparición de Lime con el objetivo de mostrar su inocencia.

Mucho se escribió sobre la escenificación del film, dominada por las angulaciones de cámara forzadas y la increíble fotografía de luces y sombras (Robert Krasker) que convierten la localidad de Viena en ruinas en un ámbito onírico en el que el personaje principal se verá cada vez más atrapado en su intento por solucionar una trama donde todos los presentes de la desaparición de Lime parecen esconder una sección de la realidad (y más que nada, la presencia de un enigmático tercer hombre que habría presenciado la desaparición de Lime, además de dos amigos de éste, el Barón Kurz – Ernst Deutsch – y Popescu – Siegfried Breuer). En este sentido, resulta principalmente modélica la secuencia donde, después de impartir una hilarante charla literaria (con un instante previó muy hichcokniano en el que el personaje principal toma por un secuestro lo que termina siendo sencillamente el diligente traslado del desconcertado escritor a la salón de conferencias), Holly Martins escapa del acoso de Popescu ascendiendo por una escalera de caracol que se ve absorber terminantemente al personaje hacia el universo de lo irreconocible (fotograma 2), materializado en las fantasmagóricas y desiertas calles por las que observamos huír al personaje principal.

“Le dije que se marchara. Esto no es Santa Fe, ni yo un sheriff ni usted, un vaquero”, le espeta Callowey a Martins justo antes de enseñarle todas las pruebas que inculpan a su amigo Lime como un contrabandista de penicilina adulterada, y el personaje principal acudirá al acercamiento de Anna para confesarle su amor (“¿Tengo alguna promesa?”) exactamente en el instante en que el enigmático Harry Lime hará su aparición en una secuencia completamente memorable: tras ver como el gato que “sólo quería a Harry” sale de la estancia donde están Anna y Martins, la cámara ejecuta un travelling hacia la ventana y sale al exterior (abandonando la conversación de la pareja) para exhibirnos la silueta de un hombre en la calle; corte a un chato a ras del suelo para ver manifestarse al gato que avanza hasta arrullarse a los pies del enigmático personaje que permanece oculto en el oscuro zaguán de un edificio (y que ahora mismo, inclusive antes del inolvidable chato en el que la cara del personaje queda iluminado a los ojos de un asombrado Martins – fotograma 3 -, ya le identificamos como a Harry Lime).

Si hasta la aparición del personaje de Lime la película ya es impresionante, desde este instante el film se eleva hacia lo sublime. Secuencias como la del acercamiento entre Martins y Lime en la noria (con un diálogo completamente alucinante por su impactante y terrible contemporaneidad: “No sientes compasión por tus víctimas?”, le inquiere un desértico Martins a su amigo, a eso que Lime, señalando las diminutas siluetas de la multitud a la distancia, responde impasible, “Sentirías compasión por uno de esos puntitos negros si se detuviera? ¿Si te ofreciera 20.000 dólares por cada puntito que se detuviera rechazarías mi dinero o calcularías cuantos puntitos podrías dejarte gastar? Nadie piensa en términos de humanos Los gobiernos no lo hacen, ¿por qué deberíamos llevarlo a cabo nosotros?”); la persecución de Lime por las alcantarillas de la ciudad; o el increíble chato que cierra la película al son de la histórica cítara de Anton Karas  (fotograma 4 – un final, según confiesa nuestro Green, impuesto por Reed como opción al que él había previsto) están ya en la memoria sentimental de algún espectador del cinematógrafo.