Resumen de la película En la ciudad blanca

En una de las primeras secuencias de En la ciudad blanca, poco despu√©s de que el marinero Paul (Bruno Ganz) desembarque en Lisboa, observamos al personaje primordial entrar en el bar del hotel en el que trabaja Rosa (Teresa Madruga) y soliciar una cerveza. Apoyado en la barra, Paul mira con curiosidad un reloj de pared cuya segundera se desplaza en sentido inverso, y mientras dice divertido este hecho con la camarera (‚Äú¬°Ese reloj va al rev√©s!‚ÄĚ), la c√°mara, que hasta ese momento encuadraba a Paul y a Rosa de perfil (√©l a la izquierda del chato, ella a la derecha, los dos separados por la barra del bar – fotograma 1), inicia un retardado travelling cerca del marinero hasta pasar al otro lado de la estancia, canjeando las posiciones de la pareja (Paul a la derecha, Rosa a la izquierda ‚Äď fotograma 2. En √ļnicamente unos segundos, el tiempo y el espacio fueron alterados. Muy m√°s adelante, cuando Rosa le inquiera sobre sus pretenciones (‚Äú¬ŅQu√© haces aqu√≠? ¬ŅQui√©n eres?‚ÄĚ), el personaje primordial responde que una vez su capit√°n le mencion√≥ que era un axolotl, una larva de salamandra que brinda t√≠tulo a un cuento de Julio Cort√°zar del que √Člisa (Julia Vonderlinn), la pareja de Paul con la que √©ste mantiene una relaci√≥n epistolar durante su estancia en Lisboa, le transcribe el siguiente fragmento en una de sus cartas: ‚Äúfue su quietud la que me fascin√≥, y enseguida cre√≠ cubrir su intenci√≥n secreta: abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente‚ÄĚ.

Cargado √ļnicamente con su c√°mara de Super8, un viejo magnet√≥fono y una arm√≥nica, Paul es un n√°ufrago que deambula por las laber√≠nticas calles de Lisboa con la √ļnica aspiraci√≥n de suprimir la dimensi√≥n espaciotemporal a trav√©s de la absoluta inacci√≥n, simulando la actitud del extra√Īo anfibio glosado por el escritor argentino. ‚ÄúMe acercamiento bien. Soy libre. No hago nada, pero no estoy de vacaciones. De vacaciones se hacen cosas, organizas tu instante de independencia. Yo no, No hago nada‚ÄĚ, ense√Īa Paul a una desconcertada √Člise en una de sus primeras cartas. Y m√°s adelante, en otra misiva, concluye: ‚ÄúEl tiempo se ha diluido. Por las ma√Īanas bebo. Pero por ahora no hay ma√Īana, tarde ni noche. Tambi√©n bebo por la tarde y a lo largo de la noche. Duermo de d√≠a, nada existe en realidad‚ÄĚ.

La actitud de Paul no se observa premeditada: reci√©n desembarcado, y despu√©s de soliciar habitaci√≥n ‚Äúpara una noche‚ÄĚ, sale a la ciudad y se pierde entre sus calles, como un n√°ufrago inconsciente al que las olas llevaron hasta una tierra desconocida. Come en un viejo lugar de comidas observando con una sonrisa extra√Īada a su alrededor; camina por ruidosas calles (fotograma 3); baila en un peque√Īo local; borracho, se pelea con otro cliente; se deja agasajar por varios prostitutas‚Ķ S√≥lo por la ma√Īana, en el momento de ver zarpar su barco desde la ventana de su habitaci√≥n, se ve tomar consciencia de su situaci√≥n: se despide del nav√≠o con un gesto y lo filma con su peque√Īa c√°mara mientras se aleja rio abajo, como sellando, ahora mismo s√≠, su decisi√≥n en la pel√≠cula que enviar√° a Elise con otra de sus cartas (que el personaje primordial env√≠a en todo momento con apariencia de mensajes en una botella). Justo antes, transcribe en otra carta un sue√Īo premonitorio: ‚ÄúSo√Ī√© que abandonaba el barco, me iba a la ciudad y alquilaba una habitaci√≥n, sin comprender por qu√©. Y all√≠ me quedaba, esperando, inm√≥vil. So√Ī√© que la ciudad era blanca, que la habitaci√≥n era blanca, y que la soledad y la calma tambi√©n lo eran. Estoy agotado. Querr√≠a volver a estudiar a comentar de las cosas‚ÄĚ.

Pero el descubrimiento (y enamoramiento) de la nativa Rosa transforma la actitud irreflexiva en acci√≥n consciente: ‚ÄúSoy un desertor. Me he quedado por ti‚Ķ y tambi√©n por m√≠‚ÄĚ, le confiesa despu√©s de pasar la noche en su apartamento. Y, otra vez, sella este sentimiento filmando la cara azorado de Rosa en una pel√≠cula que env√≠a a √Člise con unas l√≠neas de hiriente sinceridad: ‚ÄúAqu√≠ hay una camarera con un diamante negro entre las piernas. No pienso que sea ella lo que me retiene, pero amo a dos mujeres a la vez. Siento confusi√≥n y felicidad‚ÄĚ (fotograma 4).

A la indolencia (o como producto de ella) le sigue el despojamiento. Primero f√≠sico (le hurtan la cartera, empe√Īa su reloj, recibe una pu√Īalada al confrontar a su atracador) y a continuaci√≥n emocional, con la marcha de Rosa, a la que busca infructuosamente. Y al ultim√°tum de √Člise (‚ÄúVuelve pr√≥ximamente o no vuelvas‚ÄĚ) ya s√≥lo consigue a responder con filmaciones de una ciudad abstracta, √ļnicamente reconocible, diluida por √ļltimo en el tiempo y en el espacio (fotograma 4), justo antes de empe√Īar tambi√©n su c√°mara para lograr conseguir un billete de tren con el que proseguir su viaje rumbo a un destino incierto: ‚Äúvoy a emerger a la √°rea de nuevo‚Ķ Rosa se ha ido‚Ķ La √ļnica patria que amo de todos m√©todos es el mar‚Ķ El cuerpo de una mujer es muy extenso‚Ķ No s√© m√°s que antes‚Ķ‚ÄĚ

David Vericat
© cinema primordial (Julio 2017)