Resumen de la película Estrellas dichosas

Si la indispensable intención en el instante de llevar a cabo esta página personal fue la de encontrar grabar en la memoria la esencia formal y temática de los gigantes desarolladores de imágenes de la historia del cine, no es menos cierto que otra colosal motivación es también la de comprender alguna de las considerables proyectos de esos desarolladores que en mi caso están todavía inéditas (ya sea por abandono, asi sea por tratarse realmente de películas que dormitan, todavía hoy en día, prácticamente en el anonimato). Y no hay inquietudes que el exitación de este segundo caso es igual o de hecho más grande que el que ofrece la revisión de las proyectos maestras ya conocidas, como he podido comprobar recientemente con el visionado de la extraordinaria Lucky Star, un film de 1929 que se creía perdido hasta el hallazgo, en 1989, de una copia en estado inigualable de conservación en la filmoteca de Amsterdam que permitió socorrer del olvido la que ya es para mí la obra de enorme intensidad maestra de Frank Borzage (lo que es similar que decir una de las considerables proyectos del cine mudo y, por extensión, de la historia del cine).

A la sombra de sus dos gigantes √©xitos anteriores, El s√©ptimo cielo (1927) y El √°ngel de la calle (1928), proyectos estas s√≠ completamente reconocidas en su momento (las tres distribuyendo la misma pareja protagonista), aparentemente la ef√≠mera notoriedad de Estrellas dichosas en el momento de su estreno se debi√≥ simplemente al hecho de tratarse del primer film con extractos sonoros de la Fox, aunque la copia que conocemos hoy en d√≠a es totalmente muda (con el a√Īadido de una incre√≠ble banda sonora musical de Christopher Caliendo para la versi√≥n restaurada) y, de hecho, tiene dentro lo relevante de la etapa silente del cinemat√≥grafo en relaci√≥n a escenificaci√≥n y elementos narrativos.

El film se rod√≥ totalmente en decorados construidos en la Movietone City, el colosal estudio que William Fox hab√≠a constituido 4 a√Īos antes al oeste de Beverly Hills, lo que permiti√≥ a Borzage un absoluto control de la iluminaci√≥n con el que consigui√≥ conferir a la pel√≠cula una deslumbrante atm√≥sfera de tintes on√≠ricos (tal como escribi√≥ el cr√≠tico y bi√≥grafo de Borzage, Herv√© Dumont: ‚Äúla historia de Lucky Star tiene lugar en un √°mbito po√©tico que forma parte √ļnicamente a Borzage, en panoramas reconstruidos como en un sue√Īo‚ÄĚ). Esta atm√≥sfera de ensue√Īo queda ya realmente bien patente desde el arranque de la pel√≠cula, con el chato exterior de la granja de la viuda Tucker (Hedwiga Reicher) en el que observamos a trav√©s de una de las ventanas la tenue luz de un candil a manos de la joven Mary (fotograma 1 – Janet Gaynor, donde es para m√≠ la conveniente interpretaci√≥n de su trayectoria, por arriba de hecho de sus celebrados trabajos en Amanecer, de Murnau, y las citadas, El s√©ptimo cielo y El √°ngel de la calle, del propio Borzage). Un elemento, el de la ventana, que se erigir√° como bell√≠simo leitmotiv para narrar la evoluci√≥n de la relaci√≥n sentimental de Mary Tucker y Timothy Osborn (Charles Farrell), como iremos observando m√°s adelante.

La historia desde este momento no puede ser m√°s sencilla: despu√©s de un primer acercamiento entre los dos individuos primordiales (en el que la joven Mary va a vender leche a la brigada de obreros de la compa√Ī√≠a telef√≥nica donde trabaja Tim y √©ste le reprende por intentar estafar al capataz Martin Wrenn – Guinn ‘Big Boy’ Williams -, futuro y perverso contrincante sentimental del protagonista), el film brinda un quiebro con la noticia del estallido de la Primera Guerra Mundial, de la que el joven soldado regresar√° postrado en una silla de ruedas. El reencuentro de la pareja piensa uno de los primeros gigantes instantes de la pel√≠cula: primero, con la imagen de la silueta de Tim que Mary mira (c√≥mo no) a trav√©s de la ventana de la vivienda del personaje primordial (fotograma 2 – desconociendo todav√≠a las tr√°gicas ocasiones del veterano reci√©n repatriado); a continuaci√≥n, en el instante en que, desde el dintel de la puerta de entrada, la joven revela a Tim en su silla de ruedas (dejando caer, desconcertada, la piedra que pretend√≠a lanzarle como venganza por su combate en su primer encuentro); y por √ļltimo, cuando una inocente Mary mira maravillada la destreza de los movimientos de Tim desplaz√°ndose sobre su silla de ruedas, en el que ser√° el primer momento de cooperaci√≥n de la pareja (fotogramas 3 y 4).

‚Äú¬ŅVendr√°s otra vez ma√Īana? ¬ŅY al d√≠a siguiente? ¬ŅY todos los d√≠as?‚ÄĚ, le suplica Tim a la joven, al finalizar la velada, mientras la mira alej√°ndose a trav√©s de la ventana, dando inicio a una relaci√≥n de amistad que no se transformar√° en amorosa hasta que Tim tome consciencia de que Mary no es simplemente una ni√Īa. Este avance de transformaci√≥n de la personaje primordial a trav√©s de la mirada de Tim es exactamente uno de los puntos de m√°s grande inter√©s de la pel√≠cula (y uno de los gigantes m√©ritos del inolvidable trabajo de Janet Gaynor), lo que dar√° lugar a otras dos secuencias totalmente magistrales: la primera, durante el aseo de Mary a manos de Tim (iniciada con un inolvidable lavado de pelo desde huevos – fotograma 5), que culminar√° con el magn√≠fico chato de la joven lav√°ndose por √ļltimo a resguardo de la mirada del personaje primordial (fotograma 6 – cuando √©ste le haya preguntado su edad y, frente la respuesta de Mary ‚Äď ‚Äúcasi dieciocho‚ÄĚ ‚Äď caiga presente de la comprometida situaci√≥n que ha provocado); la segunda, cuando Mary acude a casa del personaje primordial antes de asistir al baile del pueblo para ponerse el vestido que se ha comprado para la ocasi√≥n: la imagen de Mary, mostr√°ndose tras la puerta de la habitaci√≥n con el vestido nuevo, frente la mirada embelesada de Tim (fotograma 7 – ¬Ņacaso habr√≠a visto Hitchcock esta escena, antes de rodar la famosa aparici√≥n de Kim Novak frente James Stewart en V√©rtigo?), y el posterior abrazo de la joven, en el que ser√° el primer contacto f√≠sico de la pareja (fotograma 8), es sin lugar a dudas uno de los instantes m√°s sublimes de la pel√≠cula.

Hay numerosos otros instantes inolvidables: Tim intentando ponerse en pie y caminar con el acompa√Īamiento de unas muletas, despu√©s de que Mary le abandone para ir al baile (fotograma 9); el desayuno de la pareja en la mesa que Tim sit√ļa justo bajo el dintel de la puerta de entrada de su vivienda (para no contravenir la prohibici√≥n de la madre de Mary de volver a poner los pies en el lugar de vida de ‚Äúese lisiado‚ÄĚ); el chato de Mary al pie de la ventana (fotograma 10), esperando en vano la llegada de Tim (despu√©s de que √©ste le haya prometido interceder frente su madre); y, por supuesto, el cat√°rquico desenlace (que me abstendr√© de desvelar), son s√≥lo algunos ejemplos que hacen de Lucky Star un aut√©ntico fest√≠n para cazadores de lo sublime en la pantalla del cinemat√≥grafo.