Resumen de la película Fat City, ciudad dorada

“El ayer est√° muerto y ya pas√≥
y el ma√Īana a√ļn no se aprecia.
Es triste estar solo.
Ay√ļdame a pasar la noche.”

Los acordes de la espl√©ndida Help me make it through the night de Kris Kristofferson sirven de acompa√Īamiento a las im√°genes de apertura de Fat City (Ciudad Dorada), ir√≥nico seud√≥nimo de la regi√≥n californiana de Stockton donde se sit√ļa esta trist√≠sima pel√≠cula sobre la soledad y la derrota encarnadas en el veterano boxeador Tully (Stacy Keach). Tras un corto pr√≥logo en el que recorremos algunas de las √°reas m√°s humildes de la regi√≥n (mostr√°ndonos las calles repletas de mendigos, ancianos y desempleados) la c√°mara se introduce en el min√ļsculo apartamento de Tully, al que descubrimos completamente inerte sobre la cama, precisamente en el momento de llevarse un cigarrillo a los labios y, despu√©s de buscar infructuosamente lumbre, ver a trav√©s de la ventana, la mirada perdida en la nada (fotograma 1).

Es difícil encontrar otra película que plasme de manera tan descarnada el fracaso (uno de los temas preferidos del Huston, y el que desde mi método ha suscitado sus superiores obras): desde la espléndida secuencia inicial, la cámara seguirá el errático deambular del personaje primordial en su desesperada pelea contra la soledad, en un ámbito en el que el tiempo se ve haber vivido de riguroso, dejando tras de sí una estela de individuos dejados en la cuneta de la vida.

‚ÄúLe vi una vez boxear‚ÄĚ, confiesa el joven Ernie (Jeff Bridges) despu√©s de abarcar al personaje primordial en el gimnasio; ‚ÄúAh s√≠, ¬Ņy gan√©?‚ÄĚ, pregunta Tully con indisimulada promesa despu√©s de alardear de su pasado profesional; ‚ÄúNo‚ÄĚ, responde lac√≥nico Ernie. Desde este primer acercamiento la pel√≠cula se composici√≥n siguiendo en paralelo la evoluci√≥n de los dos personajes: Ernie empezando a pelear a las √≥rdenes del anticuado entrenador de Tully, Ruben Luna (Nicholas Colasanto ‚Äď magn√≠fico en la secuencia donde le dice a su mujer su nuevo fichaje, incapaz de ocultar la ilusi√≥n por la posibilidad de volver al circuito: ‚ÄúTengo un nuevo chaval que afirma. Buena planta, buen juego de piernas… y es blanco, ¬Ņsabes?‚ÄĚ), mientras Tully malvive desde miserables trabajos como jornalero en el campo.

Con una escenificaci√≥n y un trabajo actoral que hace pensar sin lugar a dudas en el cine de Cassavetes, Huston retrata un mundo de perdedores en busca de su √ļltima tabla de salvaci√≥n: el personaje primordial, Tully, el joven Ernie, pero tambi√©n la alcoh√≥lica Oma (extraordinaria, Susan Tyrrell) y, c√≥mo no, el boxeador Lucero (Sixto Rodr√≠guez, un pugilista en la vida real que pas√≥ por el circuito profesional sin pena ni gloria), contrincante de Tully en su pat√©tica reaparici√≥n sobre la lona y personaje primordial de la que es sin dudas una de las m√°s demoledoras ocasiones de la pel√≠cula: finalizado el combate, tras dejar victorioso el pabell√≥n Tully y sus acompa√Īantes (una victoria que Huston filma con un estilo distanciado de alg√ļn tono √©pico, como no pod√≠a ser de ptra manera), la c√°mara permanece inm√≥vil sobre el corredor de salida hasta que observamos manifestarse la silueta de Lucero, continuando en solitario al tiempo que se van apagando las luces a su paso hasta esconder completamente (desvanecerse como un fantasma, me atrever√≠a a decir) en la oscuridad (fotograma 2). Pocas oportunidades el cine ha retratado de manera m√°s desoladora la imagen de la derrota en un display.

Hay numerosos otros instantes memorables en la pel√≠cula: el segundo acercamiento entre Tully y Oma en el bar (fotograma 3 – una popularizada secuencia totalmente magistral a nivel actoral y con un instante que no me resisto a denominar, aun cuando puede parecer completamente banal: cerveza en mano, Tully pregunta a Oma por la situaci√≥n de su pareja al tiempo que no puede omitir permitir que caiga un ruidoso eructo; y Stacy Keach consigue el milagro de que una reacci√≥n que en alg√ļn otra situaci√≥n parecer√≠a desconsiderada y de mal gusto ‚Äď de parte de Tully hacia Oma pero tambi√©n por parte del propio actor hacia su personaje ‚Äď se muestre aqu√≠ simplemente como una √ļnica muestra de la debilidad e indefensi√≥n del personaje); Ruben y Babe comentando las secuelas f√≠sicas que arrastran despu√©s de su pasado como boxeadores (‚ÄúLa primera ocasi√≥n que escup√≠ sangre pens√© que todo se acababa‚ÄĚ; ‚ÄúY yo, cuando me romp√≠ la mand√≠bula‚ÄĚ; ‚ÄúTendr√≠as que haberte arreglado el ment√≥n‚ÄĚ; ‚Äú¬ŅY tu nariz? ¬ŅPuedes respirar?‚ÄĚ; ‚ÄúNo en d√≠as h√ļmedos‚Ä̬†); o, por supuesto, la estremecedora secuencia final en la cafeter√≠a (fotograma 4 – una imagen de innegables reminiscencias hopperianas), con Tully implorando a Ernie algo de compa√Ī√≠a: ‚ÄúQu√©date un poco. Habla conmigo‚ÄĚ.

David Vericat
© cinema primordial (enero 2015)