Resumen de la película Fitzcarraldo

“Con la desquiciada furia de un perro que ha hincado los dientes en la pierna de un ciervo ya muerto y tira del animal ca√≠do hasta el extremista de que el cazador deja todo intento de calmarlo, se apoder√≥ de m√≠ una visi√≥n: la imagen de un colosal barco de vapor en una monta√Īa. En el barco que, debido al vapor y por su propia fuerza, remonta serpenteando una pendiente empinada en la jungla, y por arriba de una naturaleza que aniquila a los quejumbrosos y a los fuertes con igual ferocidad, suena la voz de Caruso, que acalla todo mal y todo chillido de los animales de la selva y extingue el canto de los p√°jaros. Mejor dicho: los gritos de los p√°jaros, porque en este paisaje inacabado y abandonado por Dios en un arrebato de furia, los p√°jaros no cantan, sino que gritan de mal, y √°rboles enmara√Īados se pelean entre s√≠ con sus garras de colosales, de horizonte a horizonte, entre las brumas de una creaci√≥n que no lleg√≥ a completarse. Jadeantes de niebla y agotados, los √°rboles se yerguen en este planeta falso, en una pobreza irreal; y yo, como en la stanza de un poema en una lengua extranjera que no entiendo, estoy all√≠, intensamente asustado”
Werner Herzog (1)

Basada muy libremente en la epopeya real de Carlos Ferm√≠n Fitzcarrald, un comerciante cauchero peruano que en 1894 transport√≥ su lancha a vapor a trav√©s de un varadero de m√°s de diez quil√≥metros de selva entre los r√≠os Tambo y Urubamba para llegar a una regi√≥n de gigantes bosques de caucho inaccesible por alg√ļn otro medio, resulta dif√≠cil no ver en Fitzcarraldo un regreso a la epopeya alucinada de Aguirre, la c√≥lera de Dios (1972), con las im√°genes de sus respectivas expediciones atravesando la selva amaz√≥nica a la conquista de una quimera que se expone desde el comienzo como inalcanzable (El Dorado, en Aguirre; una regi√≥n virgen de bosques de caucho, en Fitzcarraldo). Una comparaci√≥n de la que, en mi caso, no puedo omitir que sea en detrimento de la pel√≠cula que nos ocupa, por cuanto no puedo dejar de ver en ella una especide de remake en clave de colosal producci√≥n de su predecesora (a lo que no debe ser ajeno el m√°s que prescindible papel de una Claudia Cardinale que se ve estar en el emprendimiento √ļnicamente para remarcar su viabilidad econ√≥mica), tanto por la idea tem√°tica, como por la aventura en s√≠ que supuso el rodaje de √°mbas producciones. Entend√°monos: la aparente fascinaci√≥n que crea la imagen del colosal barco a vapor ascendiendo por la empinada ladera de la selva amaz√≥nica (fotograma 1) o presa de las violentas corrientes de los r√°pidos del r√≠o por el que desciende sin control (fotograma 2 – a la que asistencia en decisi√≥n precisa visto que seamos conscientes que las im√°genes fueron rodadas sin recurrir a FXs ni maquetas, llegando a poner en compromiso en no pocos instantes al grupo de la pel√≠cula), no sobrepasa en todo caso a la que experimentamos observando a los soldados de Lope de Aguirre descendiendo por el Amazonas en sus fr√°giles balsas o atravesando las tupidas monta√Īas de la cordillera andina a la b√ļsqueda del Dorado. Conscientes de hallarnos en los dos casos frente una ver√≠dica aventura cinematogr√°fica, la de Aguirre, la c√≥lera de Dios (seguramente tambi√©n por el f√°cil hecho de ser la primera) me resulta muy m√°s hipn√≥tica por la m√°s grande precariedad de los medios con los que Herzog acometi√≥ el rodaje, lo cual redunda en la sensaci√≥n de absurdo de nuestra compa√Ī√≠a f√≠lmica, igual√°ndola en m√°s grande medida a la de su alucinado personaje primordial. (Hay, adem√°s, un singular elemento de producci√≥n que desde mi m√©todo influye de forma importante al detallar la ineludible comparaci√≥n entre √°mbas pel√≠culas: me refiero al idioma original en el que cada una fue rodada. Si en la situacion de Aguirre, el hecho de escuchar a los conquistadores hablando alem√°n refuerza la sensaci√≥n de extra√Īeza que hace la imagen de la expedici√≥n adentr√°ndose en un territorio inh√≥spito ‚Äď al menos desde el m√©todo del espectador hispanohablante -, como si de un grupo de extraterrestres reci√©n aterrizados en un inidentificable planeta se tratara; no pasa lo mismo al escuchar a todos los individuos de Fitzcarraldo ‚Äď los de origen europeo pero tambi√©n los ind√≠genas, cada uno con el particular acento del actor o actriz que los interpreta – comentar en un ingl√©s que se erige como asombroso idioma com√ļn y que en esta situaci√≥n da√Īa de manera aparente a la verosimilitud del relato).

Superada esta excepci√≥n, no hay inquietudes que nos encontramos frente una m√°s que atrayente idea, tan ins√≥lita en su momento como, m√°s que nada, improbable en la as√©ptica cinematograf√≠a contempor√°nea (en la que el g√©nero de aventuras qued√≥ sometido al imperio de los efectos digitales). La historia del exc√©ntrico Fitzcarraldo (un desmedido Klaus Kinski al que, seg√ļn las cr√≥nicas del rodaje, los propios ind√≠genas que formaron parte de la pel√≠cula ofrecieron a Herzog liquidar para finalizar a sus permanentes desmanes) que, obsesionado por hacer un colosal teatro de √≥pera en Iquitos en el que tener la oportunidad de ver accionar al m√≠tico Caruso, consigue los derechos para explotar una remota regi√≥n de bosques de caucho pr√°cticamente inaccesible, ser√° la explicaci√≥n argumental para plasmar la temeraria expedici√≥n dentro del Molly-A√≠da, un ruinoso barco de vapor que el personaje primordial consigue y rehabilita (fotograma 3) debido al acompa√Īamiento econ√≥mico de su con pasi√≥n, Molly (Claudia Cardinale).

Recreando (y magnificando) la epopeya de su referente hist√≥rico, Fitzcarraldo y su tripulaci√≥n se embarcan rio arriba a la b√ļsqueda de un istmo por el que mover su embarcaci√≥n por tierra hasta las aguas de un afluente que discurre en paralelo y que les han de aceptar regresar en pos de la corriente (remontar ese r√≠o es verdaderamente dif√≠cil por medio de los r√°pidos que lo hacen intransitable) para ingresar a la regi√≥n de bosques de caucho que el personaje primordial consigui√≥. Abandonado a media expedici√≥n por toda su tripulaci√≥n (exceptuando al capit√°n del nav√≠o, ‚ÄėOrinoco‚Äô Paul – Paul Hittscher -, y al cocinero, Huerequeque – Huerequeque Enrique Bohorquez), Fitzcarraldo acabar√° contando con la imprevista asistencia de unos ind√≠genas que ven en el personaje primordial la encarnaci√≥n de una divinidad ‚Äúde cabellos dorados‚ÄĚ de quien esperan la salvaci√≥n (fotograma 4).

Cierto es que puede achacarse a Herzog el haber constituido un artilugio desmesuradamente voluminoso cerca de una √ļnica idea que, seg√ļn el mismo confiesa, motiv√≥ la pel√≠cula; pero cabe ver en este hecho, otra vez, una m√°s que atrayente coincidencia entre ficci√≥n y situaci√≥n (entre lo narrado y el narrador) al equiparar la obsesi√≥n del personaje primordial (la construcci√≥n de la √≥pera) con la del director de la pel√≠cula (la imagen del ‚Äúbarco a vapor en una monta√Īa‚ÄĚ).

Epopeyas √°mbas, en el final de cuenta, de dos aventureros a la conquista de lo in√ļtil.

David Vericat
© cinema primordial (marzo 2017)


(1) Conquista de lo in√ļtil, Werner Herzog (Blackie Boiks)

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