Resumen de la película Frankenstein y el monstruo del infierno

Quinta y √ļltima de las aproximaciones de Terence Fisher al personaje de Mary Shelley (adem√°s de la obra con la que cerrar√≠a su trayectoria cinematogr√°fica, de la que se encontraba ya pr√°cticamente retirado cuando los productores de la Hammer le convencieron para rodar esta novedosa entrega), Frankenstein y el monstruo del infierno piensa un cierre de la serie tan incitante como ins√≥lito, lo que muy indudablemente fue la causa del estrepitoso fracaso de cr√≠tica y p√ļblico que cosech√≥ la pel√≠cula en su estreno.

Ciertamente, se diría que hay en la película (ya en el guion de Anthony Hinds, indispensable fundamento, aparentemente, de que Fisher aceptara volver a la actividad para hacerse cargo de la dirección) una intención de llevar al extremista la imagen de un barón de Frankenstein (por supuesto, Peter Cushing) totalmente sin corazón, contrapuesta a la del monstruo por él creado (David Prowse, el actor que más adelante encarnaría al maléfico Darth Vader en la primera trilogía de Star Wars), más vulnerable e indefenso que jamás sin importar su fachada animal (muy distanciado de la idealizada iconografía de anteriores ediciones, de la que Fisher se había apartado ya desde la formidable La maldición de Frankenstein). Una imagen que se ve reforzada por el hecho de descubrir la historia en el siniestro manicomio dirigido secretamente por nuestro Frankenstein, elocuente ámbito donde la sinrazón del perverso científico va a poder campar a sus anchas.

La argucia argumental para situarnos en dicho √°mbito es tan f√°cil como efectiva: Simon Helder (Shane Briant), un joven cient√≠fico seguidor de las teor√≠as de Frankenstein, es detenido por intentar reproducir los experimentos del desaparecido bar√≥n (magn√≠fica la secuencia del arresto de Helder, con la inquietante imagen del oficial que llama la atenci√≥n al cient√≠fico en su laboratorio, manteniendo un envase de cristal lleno de ojos humanos hasta que una de las pupilas se gira para ver de forma directa al aterrorizado polic√≠a ‚Äď fotograma 1) y culpado a pasar cinco a√Īos recluido en el manicomio estatal para sic√≥ticos en el que Frankenstein se oculta bajo el pseud√≥nimo de Karl Victor.

Ya desde la llegada de Helder a la prisi√≥n-sanatorio, con el acercamiento con el falso director del centro, Adolf Klaus (John Stratton), y el inmediato castigo que recibir√° con una manguera a presi√≥n de parte de sus esbirros, se hace aparente que nos encontramos en un espacio aislado del exterior en el que impera el reinado de terror del sin coraz√≥n Frankesntein; una situaci√≥n que queda a√ļn m√°s dram√°ticamente expuesta precisamente con la primera aparici√≥n del personaje primordial, cuando, tras sorprender al perturbado Klaus violando a una de las internas, le reprime con cinismo advirti√©ndole que no debe accionar como un animal con los pacientes (algo que muy pr√≥ximamente descubriremos que es lo que √©l mismo har√° para hacer sus experimentos).

Posteriormente, durante una visita de reconocimiento a los internos (despu√©s de que Frankenstein contrate a Helder como su ayudante), adivinamos ya los proyectos del doctor para llevar a cabo su criatura usando las partes m√°s desarrolladas de numerosos de los internos: el cuerpo animal (‚Äúun hombre neol√≠tico‚ÄĚ) del condescendiente Schneider, muerto de forma accidental en un intento de huida de su celda; las manos del escultor Tarmut (Bernard Lee), un artista ‚Äúcon el cerebro atrofiado‚ÄĚ que fallecer√° tambi√©n en misteriosas circunstancias; y el cerebro del instructor Durendel (Charles Lloyd Pack), a quien el maquiav√©lico doctor incitar√° al suicidio haci√©ndole creer que su patolog√≠a es incurable. Y ser√° exactamente despu√©s de comprender el cad√°ver sin manos de Tarmut, cuando las supones de Helder le llevar√°n a seguir los pasos de Frankenstein hasta sorprenderle en su laboratorio secreto en el que ver√° por primera ocasi√≥n al monstruo, ya con las manos del fallecido escultor reci√©n trasplantadas (la reacci√≥n de Frankenstein, exponiendo con orgullo a su monstruosa criatura al joven cient√≠fico es otro de los instantes en los que queda m√°s exactamente expuesta la disparidad del protagonista).

A partir de este momento las ocasiones de pesadilla se suceden sin tregua, como si Fisher quisiera, donde ser√≠a su √ļltima pel√≠cula, despojar la historia del moderno Prometeo de la m√°s m√≠nima aureola rom√°ntica para concentrarse en sus puntos m√°s siniestros o de forma directa macabros. Observemos tres instantes en que esta idea es llevada hasta el paroxismo: 1) la secuencia donde Frankenstein y Helder extraen el cerebro del instructor Durendel frente la mirada aterrorizada de la criatura a la que desean trasplantarlo (fotograma 2 – ya que el monstruo tenga vida ya desde el comienzo y sea consciente de las operaciones a las que es sometido a√Īade un aparente elemento de sadismo a la historia); 2) la idea de Frankenstein (una vez constata que el cuerpo del monstruo repudia el cerebro de Durendel) de llevar a cabo una √ļnica criatura pretendiendo que la joven Sarah (Madeline Smith) se aparee con el monstruo (probablemente el momento de m√°s grande depravaci√≥n del personaje en alguno de sus versiones); y 3) el fat√≠dico final de la criatura, realmente devorado por los internos (en una ins√≥lita y devastadora escena de canibalismo que, otra vez, piensa sin lugar a dudas el m√°s horrendo final de la saga ‚Äď fotograma 3).

Secuencias de una crueldad descarnada entre las que sobresalen otros instantes que Fisher se reserva para reflejar con aparente emoci√≥n (como rindiendo un sentido y √ļltimo homenaje a la criatura personaje primordial de tantas de sus pel√≠culas) la indefensi√≥n y amargura del monstruo: la bestia, despert√°ndose de la anestesia y conociendo con incredulidad su cuerpo velludo y su rostro animal frente el espejo, y pidiendo asiste para Sarah (a la que observamos en un incre√≠ble chato reflejada en el mismo espejo – fotograma 4) cuando esta irrumpe en la estancia; o pregunt√°ndose desconsolada por la fatalidad de su destino (‚Äú¬ŅPor qu√©? ¬ŅPor qu√©?…‚ÄĚ) mientras Frankenstein y Helder brindan por el √©xito de su diab√≥lico ensayo (fotograma 5).

David Vericat
© cinema primordial (Marzo 2017)

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