Garbancito [cuento corto para niños]

Vamos a contaros un cuento corto muy bonito: ¿conocéis el cuento de Garbancito? Es un cuento que recuerda mucho a otro que tiene como protagonista a un pequeño muy pequeño, Pulgarcito. Podríamos decir que es la versión de España, una historia popular. Mas las aventuras que atraviesa nuestro héroe son algo diferentes, con lo que merece la pena leer asimismo este cuento si bien conozcáis el otro.

Además os contaremos una curiosidad: ¿sabíais que el primer film de dibujos animados hecho en España se llamaba Garbancito de la Mancha? Fue estrenada en 1945, y se fundamentaba en el cuento homónimo de Julián Permatín, y el protagonista era, como en nuestro cuento, un pequeño enano. Fue además de esto la primera película de animación en color efectuada fuera de E.U., ¡un jalón!

Pero dejaremos ya los preámbulos, os dejamos con este cuento corto. Al final del cuento hallaréis la versión en vídeo, y asimismo vamos a hablar sobre la moraleja del cuento.

Cuento infantil Garbancito

Había una vez un pequeño listísimo y simpático al que todos llamaban Garbancito. ¿Y sabéis por qué razón? ¡Puesto que por el hecho de que no era más grande que un garbanzo! Era un pequeño sano, fuerte y feliz, solo que muy mas muy pequeño.

Sus progenitores le tenían mucha confianza, por el hecho de que sabían que era un chaval muy responsable. Y como a Garbancito le encantaba asistir en todo cuanto podía, de cuando en cuando le dejaban ir al pueblo a hacer algún recado.

El pequeño era feliz cuando podía caminar dando vueltas por ahí. Y como era listísimo, para eludir que la gente lo pisase sin percatarse, iba siempre y en toda circunstancia cantando una canción:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

Todos en el pueblo le conocían, y al percibir la canción se separaban para abrirle camino.

Un día, su padre comentó en casa que iría a recoger coles al campo, por el hecho de que ya estaban en su punto. Su esposa le sugirió que tratase de atestar un saco, para después poder venderlas en el pueblo. Garbancito escuchó la charla, y ni lento ni perezoso, se subió a la mesa para que pudiesen verle bien y suplicó:

–¡Papá por favor llévame contigo para asistirte!

El padre estuvo conforme, y juntos fueron cara el establo para ensillar el caballo. Garbancito solicitó a su padre que lo subiese en su mano y lo dejase al lado de la oreja del animal, para poder ir guiándole por el camino. De esta forma, el chiquitín y su padre tomaron el camino. Garbancito iba feliz; iba dando órdenes al caballo y el animal, obediente, proseguía sus indicaciones. Al fin llegaron a la plantación de coles.

–Garbancito, recogeré todas y cada una de las coles que pueda en este saco. Tú mientras puedes jugar por ahí, mas no te distancies mucho.

–¡Sosegado papá! Voy a tener mucho cuidado.

El día estaba radiante, el campo estaba lleno de flores y las mariposas revoloteaban sobre su cabeza… ¡qué dicha tenía el pequeño! Tan contento estaba, que se puso a correr por la yerba en pos de cosas interesantes: un bichito bajo una piedra, una flor grande por donde trepar… iba dando brincos saltando de flor en flor, mas en uno de esos saltos calculó mal y cayó en una col.

A pesar de que la planta era blanda, se dio un buen golpe, y lanzó un quejido. Muy cerca de allá había un buey pastando, que sintió un estruendos y vio una col moverse; esto le llamó la atención, se aproximó hasta la planta y se la comió de un solo mordisco. El pobre Garbancito no tuvo tiempo de reaccionar, ¡y acabó en la panza del buey!

Su padre no se había dado cuenta de nada, y cuando llenó el saco empezó a llamar a su hijo. Mas por más que llamó y procuró, el pequeño no aparecía por ninguna parte. Agobiado, montó a caballo y salió a todo galope cara la casa, dejando el saco de coles olvidado en el campo. Entre lágrimas le contó a su mujer lo sucedido, y juntos salieron a buscar al pequeño. Recorrieron el campo a lo largo de horas, llamando a Garbancito con toda la voz que tenían, mas no conseguían hallarlo. Estaban a puntito de retornar a casa, persuadidos de que jamás volverían a ver a su hijo, cuando pasaron cerca de un buey que estaba mascando pasto plácidamente. Desde su interior, les pareció escuchar una vocecita que decía:

– ¡Acá! ¡Progenitores, estoy acá!

Frenaron en seco, preguntándose el uno al otro: «¿lo has oído asimismo?»

Garbancito prosiguió chillando tan fuerte como fue capaz.

– ¡Estoy en la panza del buey que se mueve, donde ni nieva ni llovizna!

La madre del pequeño tuvo una idea: se inclinó y arrancó un manojo de yerba de la tierra, lo aproximó a la nariz del buey y empezó a hacerle cosquillas; el animal estornudó con tanta fuerza, ¡que lanzó por la boca a Garbancito!

¡Qué gran alivio sintieron todos! El padre y la madre no paraban de besar a Garbancito que, feliz de estar a salvo y nuevamente con sus progenitores, los dejaba hacer.

Los 3 juntos cogieron el saco de coles, montaron en el caballo y volvieron a casa cantando:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

Cuento animado Garbancito


¿Qué os semeja esta versión del cuento con marionetas? Vais a ver que la historia tiene ciertas diferencias con la nuestra, por el hecho de que como todo cuento popular, existen múltiples, ¡todas y cada una bien interesantes!

La moraleja de Garbancito

La lección más esencial que aprendemos en este cuento es que no importa los obstáculos que nos ponga la vida por delante, si nos esmeramos podemos superarlos. Asimismo nos enseña que todos somos únicos y valiosos, si confiamos en nosotros mismos.

SIGUE LEYENDO CON NOSOTROS: