Resumen de la película Gertrud

“El hombre con quien yo esté debe darse totalmente a mi”

Totalitaria del amor, Gertrud Kanning (Nina Pens Rode) elige romper su matrimonio con su marido, Gustav Kanning (Bendt Rothe), después de constatar la imposibilidad de verse correspondida en su intransigente concepción del amor absoluto. “El trabajo no debe desterrar a la mujer de sus pensamientos”, le reprocha a su marido como fría respuesta a la noticia de su inminente ascenso como ministro (antes, Gertrud ya se permitió una sarcástica réplica a la pregunta que con orgullo le logró Gustav para anunciarle la buena nueva: “¿Te gustaría ser la mujer de un ministro?”; “Depende de con qué ministro me quieras casar”).

Dreyer filma esta popularizada primera secuencia entre el matrimonio Kanning como si asistiéramos a una coreografía de autómatas que desemboca en consecutivas posiciones hieráticas y donde las miradas de los dos individuos extrañas oportunidades convergen (fotograma 1). Es una escenificación aparentemente fácil pero que encierra un sinfín de ideas visuales a través de las cuales el constructor plasma con extrema distinción los sentimientos, miedos y anhelos de los personajes: las consecutivas imágenes de Gertrud en relación a la puerta que brinda ingreso al salón donde está Gustav (deteniéndose antes de cruzarla en su primera aparición, con la imagen de la misma al fondo en el momento en el que ella le dice que no quiere seguir siendo su mujer, o apoyada en el dintel justo antes de dejar la estancia después de comprobar la separación – fotogramas 2, 3 y 4), expresando a cada momento la idea de todo el planeta soñado por la personaje primordial más allá de las frías paredes del apartamento de los Kanning; las diferentes áreas de los dos individuos, alternativamente uno por arriba del otro, estableciendo las características diagonales con las que Dreyer marca las cambiantes posiciones de poder entre ambos; el chato de Gustav sentado con su madre (Anna Malberg) con Gertrud relegada a un segundo término (relegada por ahora no sólo por el trabajo, sino también en su ámbito familiar); y, por supuesto, la célebre imagen de la personaje primordial contemplando embelesada el reflejo de su pasado (fotograma 5) en el espejo que le había regalado su anticuado con pasión, el poeta Gabriel Lidman (Ebbe Rode), interrumpida súbitamente por la aparición de Gustav, que se interpone entre ella y su imagen reflejada (que queda ya en el fuera de campo a través de un rápido movimiento de cámara para re-encuadrar a la pareja).

Como contrapunto a esta primera secuencia, la siguiente empieza con un elocuente travelling del costado siguiendo el decidido movimiento de Gertrud al acercamiento de su joven con pasión, el pianista Erland Jansson (Baard Owe). Al contrario de la escena inicial, aquí los movimientos de la personaje primordial parecen impulsados por el deseo, y su mirada busca en todo momento la de su amado. Sin embargo, la desapasionada respuesta de Erland a la exigencia de Gertrud (“¿Me amas? ¡Quiero que lo digas!”) hace el inmediato alejamiento de ésta, forzando al joven a ir otra vez a su acercamiento. Ésta y una posterior escena localizada precisamente en el mismo sitio serán ámbas únicas secuencias exteriores de toda la película, y el ámbito (un romántico jardín presidido por la escultura clásica de una muchacha desnuda – fotograma 6) sugiere la idea de un amor idealizado (y entonces, inalcanzable) al que se aboca el pensamiento de la personaje primordial, y que contrasta con la penumbra que domina el apartamento de Erland, adonde la pareja de amantes llegan para consumar físicamente su amor. “La vida es una popularizada cadena de sueños”, sentencia Gertrud antes de transformarse ella misma en la imagen de un sueño del que únicamente observamos la sombra de su silueta al desnudarse reflejada en la pared de la habitación (fotograma 7).

El reencuentro con su primer con pasión, Gabriel Lidman, durante una anquilosada ceremonia de homenaje al “poeta del amor”, hará estallar el sueño en pedazos: “Siempre supe que era una disparidad, pero tenía tan poco que perder. Mi vida era tan solitaria y vacía”, se resigna la personaje primordial al abarcar la traición de Erland por boca de Gabriel (testigo de las correrías nocturnas del joven músico). La heroína de Dreyer no sólo es osada, es también una mujer adelantada a su tiempo: “Prefiero escoger a mis hombres yo misma”, le espeta antes a su admirador Axel Nygren (Axel Strøbye) durante una conversación sobre el libre albedrío. Y cuando éste le hace hincapié en el número del objeto de su afirmación (“¿En plural?”) ella responde escueta y taxativa (“SÍ”).

Rota algún ocasión de conseguir el cariño absoluto, Gertrud se transforma ella misma en un espectro. Una imagen que Gabriel mira reflejada en el espejo (su silueta ya cubierta por un vestido totalmente negro) y que acabará alejándose para esconder por último, engullida por las fauces del pasado (fotograma 8). “Para mí solo queda la soledad”, arguye Gertrud frente el vano ruego de Gabriel para volver a intentarlo. La misma respuesta que le dará a continuación a Gustav, justo antes de atravesar el dintel de la puerta para dejar por último a su marido (“Me marcho sola. El nuevo amor no me quiere”).

Dreyer cierra la que será su última película con un hermoso y elocuente epílogo en el que observamos a una Gertrud ya anciana (un más que viable alter ego del director) recluida en su apartamento en París. Frente la visita del leal Axel, la personaje primordial relee las tres estrofas de un poema escrito durante la adolescencia:

Mírame, si quieres
¿soy hermosa?
No, pero he amado.
Mírame, si quieres
¿soy joven?
No, pero he amado.
Mírame, si quieres
¿estoy viva?
No, pero he amado.

Gertrud es ya nuestro Dreyer. Su reclusión física es la del constructor distanciado ya de un mundo que le resulta extraño y que no tardará en dejar (murió únicamente 4 años después de rodar la película), y la imagen que cierra la película (un larguísimo chato de la puerta clausurada tras la que hemos visto esconder a la personaje primordial – fotograma 9) es la consciente y emotiva despedida de uno de los más gigantes autores del arte del cinematógrafo.

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2017)
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