Resumen de la película La gran guerra

El paso de unas botas militares sobre el barro, el rancho de comida en una colosal olla, un cuchillo cortando una hogaza de pan, una cantimplora llenándose de agua, unas manos que lían un cigarrillo con los restos de varias colillas, otras escribiendo una carta de despedida o zurciendo un botón… Los títulos de crédito iniciales de La colosal guerra (fotograma 1) se suceden sobre planos aspecto de numerosos de los instantes más cotidianos de soldados anónimos en el momento de partir hacia el frente, toda una declaración de pretenciones del director Mario Monicelli en el instante de fijar el tono de esta obra maestra del cine antibelicista, para mi gusto una película muy más grande a las aclamadas La colosal ilusión o Caminos de Gloria, por citar dos de los títulos que jamás faltan encabezando algún lista que se precie sobre los particulares films del género. Y pasa que, frente a la solemnidad de los títulos citados, la idea de Monicelli se articula cerca de un delicadísimo equilibrio entre la comedia y el drama que pone en prueba los puntos más terriblemente absurdos de algún contienda bélica, consiguiendo en no pocas oportunidades congelar la carcajada del espectador con las terribles imágenes que se suceden de manera inexorable después de los episodios más hilarantes.

“He dejado a mi madre para venir a ser soldado…”

Estructurado con apariencia de pequeños episodios que se distribuyen en siete gigantes capítulos (encabezados por sendas estrofas de canciones populares sobre la guerra adaptadas magistralmente por Nino Rota, constructor de la banda sonora), el film empieza con la divertidísima secuencia del acercamiento entre los dos individuos primordiales, Oreste Jacovacci (Alberto Sordi) y Giovanni Busacca (Vittorio Gassman), en la oficina de reclutamiento de los soldados (para ganarse una recompensa, Oreste le hace creer a Giovanni que mediará frente el oficial para conseguir que sea proclamado no apto para el ejército). Desde este momento, y después de ser en el final reclutados, vamos a continuar las andanzas de los dos individuos en su desesperada pelea por la supervivencia a través de las más diferentes tretas para continuar estando lo más apartados posible del frente de guerra.

“Conmigo el alegato patriota te lo puedes meter en la sagrada parte porque no trabaja, ¿comprendido? Para empezar, esta no es mi guerra. Mi guerra es contra los aprovechados, los embaucadores, las malas bestias. Y a esos se les puede encontrar tanto en Alemania como en Austria. En todos los sitios. Y yo, amigo mío, no muero por ellos ni me dejo arrancar la piel”, le advierte Giovanni a Oreste desde el tren que les ha de conducir a la frontera, precisamente en el momento en que llega a la estación un tren hospital cuyos silenciosos vagones, de un blanco fantasmal, contrastan con los del abarrotado convoy que está próximo de partir hacia el frente (en una magistral imagen que confronta a los jóvenes reclutas con el trágico destino que les aguarda – fotograma 2).

Una vez en la frontera, y tras pasar unos días en el pequeño pueblo en el que Giovanni conocerá a Constanza (Silvana Mangano), una prostituta que se gana la vida prestando sus servicios a los reclutas del destacamento, las tropas inician su avance para realizar en oposición al enemigo. La partida de la compañía es mostrada con un magnífico travelling que, siguiendo la marcha de los soldados, culmina con la cruda escena del fusilamiento de un espía austriaco (fotograma 3). La guerra, que hasta este momento había sido únicamente una situación lejana, pasa dramáticamente al primer chato de la narración.

Ya en el campo de guerra, los episodios más dramáticos (la muerte de un joven soldado durante una escaramuza para abrir paso entre las alambradas del enemigo, o el absurdo sacrificio de un emisario que pierde la vida por realizar llegar a las trincheras un mensaje del prominente mando de felicitación navideña) se alternan con otros instantes totalmente hilarantes (encargados de establecer comunicación telefónica con el prominente mando del ejército, los dos individuos primordiales se  conectan por error a la línea del enemigo; o el divertido episodio en el que los soldados de los dos ejércitos se disputan una codiciada gallina que campa a sus anchas por el configurado margen de lote que divide las respectivas trincheras).

Igualmente destacable es la galería de individuos secundarios que constituyen el destacamento: desde el teniente Gallina (Romolo Valli), un ecuánime oficial incapaz de negarse a ejercer de lector y redactor de las cartas de amor que el analfabeto Giacomazzi (Luigi Fainelli) intercambia con su querida, hasta el entrañable Bordin (Folco Lulli), un veterano soldado siempre dispuesto a hacerse cargo de las más peligrosas misiones en vez de numerosas liras para conseguir sostener a su familia (“Tengo 5 hijos, teniente, si no me muevo un poco…”). Exactamente será a raíz de la desaparición de este último (junto con el teniente Gallina y la más grande parte del destacamento, tras un feroz ataque enemigo del que los dos individuos primordiales alcanzan una vez más continuar estando alejados), cuando Oreste y Giovanni dejarán de accionar por vez primera por propio interés, cediendo las ganancias de una falsa recolecta a la viuda de Bordin (un gesto que Monicelli muestra en todo caso como realizado por obligación, como si la prueba de la situación no diera lugar a otra salida, lo que en el final no hace sino poner énfasis la nobleza de los individuos – fotograma 4).

Será el paso preliminar al colosal acto heroico que protagonizara en el final este par de magníficos granujas (justo después del último y emocionante acercamiento entre Giovanni y la hermosa Constanza, en una sobrecogedora escena de despedida de la pareja – fotograma 5). Un acto anónimo y desprovisto de la más mínima gloria que, sin importar su trágico desenlace y de ser definitivo para la victoria de sus compañeros en una única guerra contra el enemigo, no encontrará sino la sempiterna sentencia de parte de los oficiales: “Incluso en esta ocasión, esos dos cagones se han escaqueado”.

David Vericat
© cinema primordial (diciembre 2014)

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