Resumen de la película La mirada de Ulises

‚ÄúY el alma, si debe conocerse a s√≠ misma, debe ver el alma‚ÄĚ
Platón, Alcíbiades

La mirada de Ulises empieza con las im√°genes documentales de unas hilanderas rodadas en 1905 por los hermanos Manakis (fotograma 1), pioneros del cinemat√≥grafo que se dedicaron a filmar episodios de la vida d√≠a tras d√≠a de los pobladores de los Balcanes. Unas im√°genes que se erigir√°n como leitmotiv del viaje de A (Harvey Keitel, un m√°s que viable alter ego de Angelopoulos) a trav√©s del coraz√≥n de la Europa asolada por la guerra de los Balcanes con el prop√≥sito de hallar tres bobinas jam√°s reveladas de los primitivos realizadores (‚ÄúTal vez la primera pel√≠cula. La primera mirada. Una observaci√≥n perdida. Una inocencia perdida. Me obsesion√≥ como si fuera mi propia obra. Mi primera mirada perdida hace tiempo‚ÄĚ). Esta b√ļsqueda del personaje primordial no ser√° de todos m√©todos m√°s que una explicaci√≥n para arrancar un recorrido de regreso a sus or√≠genes (A es un director habitante en los USA que no hab√≠a vuelto a su tierra natal desde hac√≠a treinta y cinco a√Īos) que se ver√° dram√°ticamente condicionado por el terrible conflicto b√©lico que desmembr√≥ el coraz√≥n del viejo grupo de naciones a finales del siglo XX.

La mirada a la que tiene relaci√≥n el t√≠tulo de la pel√≠cula se articula por consiguiente a trav√©s de diferentes estadios espacio-temporales: desde la mirada primitiva de las im√°genes de los hermanos Manakis (una mirada de la inocencia perdida) hasta la mirada contempor√°nea del personaje primordial hacia un territorio agonizante (‚ÄúGrecia se muere. Como pueblo, nos morimos. Se acab√≥ el per√≠odo. Una cantidad colosal de a√Īos entre ruinas y esculturas y ahora mismo nos morimos‚ÄĚ, se lamenta el taxista que transporta a A trav√©s de la frontera de Albania hasta la ciudad maced√≥nica de Bitola, primera parada de su periplo), pasando por la mirada introspectiva del mismo personaje a la b√ļsqueda de sus or√≠genes. Y Angelopoulos consigue el milagro de linkear los distintos niveles espacio-temporales a trav√©s de sus ya caracter√≠sticos y magistrales planos secuencia, a trav√©s de los cuales seguimos el recorrido de A en su particular descenso a los infiernos. Tres instantes primordialmente memorables en este sentido: 1) el chato de apertura del film, en el que asistimos a la desaparici√≥n de unos de los hermanos Manakis en la mitad de una filmaci√≥n de un velero en el horizonte mar√≠timo (fotograma 2 – tiempo pasado), tras lo cual la c√°mara deja la escena en travelling del costado hasta encuadrar a A (tiempo presente), que avanza en direcci√≥n contraria (ahora la c√°mara le sigue de regreso al punto de partida de la secuencia) hasta llegar al lugar en donde se encontraba el viejo realizador, ahora mismo completamente vac√≠o; 2) la secuencia en la frontera b√ļlgara, con A transfigurado en uno de los hermanos Manakis pr√≥ximo de ser fusilado: la c√°mara sigue al personaje primordial desde el puesto fronterizo (tiempo presente) hasta la celda desde la que ser√° conducido, ya como Manakis, frente el pelot√≥n de fusilamiento (tiempo pasado) y otra vez hasta el puesto fronterizo (de regreso al tiempo presente); y 3) el largu√≠simo chato secuencia en el vest√≠bulo de la vivienda familiar del personaje primordial en la ciudad rumana de Constanza, un espacio de la memoria al que A ingresa siguiendo la imagen de su difunta madre y en el que Angelopoulos nos ense√Īa las distintas celebraciones de a√Īo nuevo (desde 1945 hasta 1950) bajo el acoso de los sucesivos reg√≠menes autoritarios (la sepa del padre, preso en Mauthausen, su regreso al lugar de vida, su arresto de parte de las autoridades comunistas, la confiscaci√≥n de los muebles y bienes de valor), hasta ocasionar el definitivo exilio que culminar√° con la imagen de la familia posando para una √ļltima fotograf√≠a, con un joven A en el centro del grupo (fotograma 3).

‚ÄúNos dormimos dulcemente en un mundo y nos hemos despertado brutalmente en otro‚ÄĚ, sentencia el amigo periodista de A (Giorgos Mihalakopoulos) durante el paseo nocturno por las calles de Belgrado (una ciudad donde ‚Äúla guerra est√° tan cerca que se ve estar lejos‚ÄĚ), adonde el personaje primordial llega dentro de un carguero que transporta un colosal pecho de Lenin hasta Alemania (‚Äúpara coleccionistas‚ÄĚ, ense√Īa el due√Īo del nav√≠o), situaci√≥n que Angelopoulos explota para entrar las espectaculares im√°genes del coloso petrificado surcando el paisaje frente la admiraci√≥n de un pueblo agonizante que se arrodilla a su paso (fotograma 4).

Antes, un nuevo episodio en el que A se transfigura una vez más en un personaje del pasado, aquí en el trasunto de un soldado caído en el frente durante la segunda Guerra Mundial al que espera una eterna e incansable Penélope (Maia Morgenstern, la actriz que brinda vida a todos los individuos femeninos de la película) en la mitad de un paisaje en ruinas a consecuencia de la contienda bélica (pasada y presente).

Prosiguiendo su viaje, A llegar√° a una Sarajevo devastada por la guerra en donde por √ļltimo encuentra las ansiadas bobinas en manos del responsable del archivo cinematogr√°fico, Ivo Levy (Erland Josephson), a quien el personaje primordial insta a realizar un √ļltimo intento para hallar la f√≥rmula para revelar la pel√≠cula (‚ÄúNo tiene derecho a tener encerrada esa mirada. Es la guerra, la disparidad, la muerte‚Ķ‚ÄĚ). Pero la ansiada b√ļsqueda de la mirada perdida se ver√° truncada por la barbarie en un episodio que la c√°mara de Angelopoulos ser√° incapaz de registrar (un terror√≠fico chato secuencia de tres minutos que culmina con la alucinante imagen de A aullando de desesperaci√≥n en media niebla) y que dejar√° al personaje primordial sumido en el m√°s absoluto desamparo, mientras mira por √ļltimo las im√°genes de una inocencia perdida numerosos a√Īos atr√°s y ya para la eternidad, al tiempo que pronuncia las bellas expresiones que cierran la pel√≠cula (fotograma 5):

“Cuando regrese, lo haré con las ropas de otro, con el nombre de otro. Nadie me esperará.
Si me dijeras que no soy yo, te dar√≠a pruebas y me creer√≠as. Te hablar√≠a del limonero de tu jard√≠n, de la ventana por donde entra la luz de la luna, y de las se√Īales del cuerpo. Se√Īales de amor. Y cuando subamos temblorosos a la habitaci√≥n, entre abrazos, entre susurros de amor, te contar√© mi viaje, toda la noche, y las noches venideras‚Ķ
Entre abrazos; entre susurros de amor. Toda la aventura humana. La historia sin fin.‚ÄĚ

David Vericat
© cinema primordial (febrero 2015)