Resumen de la película La mujer del cuadro

‚ÄúAnte todo, uso mi c√°mara de manera que muestre las cosas, cuando sea posible, desde el m√©todo del protagonista; as√≠ mi p√ļblico se identifica con el personaje en la pantalla y piensa con √©l‚ÄĚ
Fritz Lang

The Woman in the window es la pel√≠cula que mejor aborda uno de los temas¬† recurrentes en la filmograf√≠a de Lang: el inconveniente al que se enfrenta todo sujeto en el instante de elegir entre las comodidades de una vida com√ļn o la atracci√≥n de una vida ajeno de las normas sociales (tema que conseguimos encontrar tambi√©n en Scarlet Street, Clash by night o Human desire, etc t√≠tulos del autor). Esta idea queda magistralmente reflejada en el mismo arranque del film: en una estaci√≥n de tren, el instructor Richard Wanley (Edward G. Robinson) se despide de su mujer e hijos, que parten de vacaciones. La c√°mara les sigue en travelling hacia la derecha (fotograma 1). Cambio de escena: Wanley, ya solo, camina por la ciudad en sentido contrario hasta prestar con el escaparate en el que ve por primera ocasi√≥n el a ‚Äúla mujer del cuadro‚ÄĚ (fotograma 2). El inconveniente entre una vida com√ļn (travelling hacia la derecha) y otra m√°s excitante (movimiento contrario) queda plasmado con la m√°xima simplicidad y eficacia.

El descubrimiento del cuadro de parte de Wanley (y la fascinaci√≥n que el retrato de Alice produce en el protagonista) le sirve a dem√°s a Lang para prestar una de las im√°genes m√°s caracter√≠sticas de toda su filmograf√≠a (pr√°cticamente un leiv-motiv en la obra languiana): los individuos frente a un escaparate como idea de ‚Äúlo deseado‚ÄĚ, la mayoria de las ocasiones similar a ‚Äúlo inalcanzable‚ÄĚ (normalmente por culpa de las fuerzas del destino, otro de los temas omnipresentes en la obra de Lang). Pr√°cticamente todos los primeros t√≠tulos de la etapa de america de Lang tienen dentro esta imagen ic√≥nica, que el director combina (y substituye progresivamente) con el recurso de los espejos, que toman la misma significaci√≥n como reflejo de un ideal inalcanzable. En todo caso, indudablemente en ning√ļn otro film de Lang esta imagen est√° tan realmente bien dentro y bellamente expuesta.

A partir de este momento, Lang muestra una pel√≠cula que se sostiene en los mecanismos del film noir¬† con la caracter√≠stica de que el h√©roe de la historia no es un polic√≠a o un detective sino un f√°cil ‚Äúhombre com√ļn‚ÄĚ (personaje predilecto de Lang) sin ninguna especial aptitud para accionar en este √°mbito (a distingue del h√©roe hitchcockniano, por ejemplo cosas, con numerosos m√°s elementos en ese sentido). Edward G. Robinson encarna magistralmente este ‚Äúhombre com√ļn‚ÄĚ: muy m√°s convincentemente que el esforzado Spencer Tracy en la por otro lado magn√≠fica Fury, G. Robinson transmite de manera espl√©ndida la puerta de inseguridad de su personaje, adem√°s de un ambivalente sentimiento de miedo y atracci√≥n hacia la lo inidentificable, materializado aqu√≠ en el retrato de Alice (Joan Bennet).

Gracias al magnífico trabajo de G. Robinson, pero, más que nada, a través de una escenificación que consigue ubicar en todo momento el método del espectador con el del personaje primordial, la película discurre en una clase de remolino que va arrastrando a Wanley hacia una fatalidad que se siente como ineludible. Recurso omnipresente en toda su filmografía, Lang sugiere esa fatalidad a través de la imagen de la lluvia (o del agua, en alguno de sus manifestaciones posibles). Así, mientras Wayne toma una copa en el apartamento de Alice, observamos en un chato exterior con lluvia la llegada del con pasión de ésta, escena que va a desembocar en la pelea entre los dos hombres y el asesinato del con pasión de parte de Wayne en defensa propia. Poco después, Wayne se transporta el cadáver del con pasión en su coche visto por Alice detrás de una ventana salpicada por la lluvia (fotograma 3).

La fatalidad y, en expresiones del director, ‚Äúla pelea contra el destino‚ÄĚ exactamente son otros dos temas b√°sicos en la obra de Lang. L√≥gicamente, la combinaci√≥n de estas dos ideas ense√Īa que la pr√°ctica integridad de sus pel√≠culas tengan un desenlace ‚Äúinfeliz‚ÄĚ para sus individuos primordiales (lo que le transforma en uno de los directores m√°s ferozmente pesimistas de su generaci√≥n, y tambi√©n en uno de los m√°s inc√≥modos para los gigantes estudios).

Curiosamente, y aunque pudiera parecer lo contrario, esto es as√≠ tambi√©n en The woman in the window: no son pocos los que critican la pirueta argumental del final, donde toda la historia queda achicada a un sue√Īo de Wayne, apuntando de hecho que pudiera ser impuesto por la productora; nada m√°s lejos de la realidad, de esta manera que ense√Īa nuestro Lang en su c√©lebre libro-entrevista con Peter Bogdanovich. ¬†En primer lugar, hay un sinf√≠n de elementos a lo largo de la pel√≠cula que justifican y dan sentido a su giro final (elementos y elementos que, aun estando presentes en todo el film, s√≥lo son percibidos de manera consciente ‚Äúa posteriori‚ÄĚ, lo que habla de la colosal aptitud de Lang en el instante de utilizarlos) y que, por consiguiente, invalidan totalmente la idea del ‚Äúfinal impuesto‚ÄĚ: adem√°s de un sutil pero inequ√≠voco tono on√≠rico que impregna la mayor√≠a de las im√°genes, esto se hace aparente en la secuencia en el club habitual al inicio de la pel√≠cula (la conversaci√≥n de Wayne con sus amigos induce sin lugar a dudas al personaje a so√Īar lo que sue√Īa), o el magn√≠fico gui√Īo argumental por el cual Wayne reconoce a los individuos primordiales de su sue√Īo en los individuos reales (y cotidianos) con los que se tropieza al dejar el club en el desenlace de la pel√≠cula (fotograma 4).

Pero, como se ha dicho, lo que en un visionado poco atento puede entenderse en esta ocasi√≥n ¬†como un forzado e excepcional final feliz, se erige en el fondo como el m√°s ir√≥nico de los desenlaces probables en armon√≠a con la idea de la fatalidad del destino en Lang: si ‚Äúlo deseado‚ÄĚ por el personaje primordial se encarna a trav√©s de el personaje de Alice, ¬Ņqu√© peor fatalidad que ubicar ese objeto de deseo en el inalcanzable reino de los sue√Īos? (un sue√Īo angustiante en algunos instantes pero querible en numerosos otros). As√≠, como la colosal mayor√≠a de los individuos languianos, pero en esta ocasi√≥n adem√°s con una corrosiva carga ir√≥nica a√Īadida, el desenlace de The woman in the window piensa una vez m√°s el inexorable triunfo del destino en las m√°s mortal de sus posibilidades: al despertar de su sue√Īo, Richard Wanley acabar√° culpado a seguir viviendo su mon√≥tona, gris y aburrida vida.

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2013)

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