Resumen de la película La strada

“Lo que me hubiera dado gusto realizar es una película como ‘La Strada’. Pero jamás haré ‘La Strada’. Ya está llevada a cabo, es muy buena, no se podría mejorar”
Francis Ford Coppola

Las expresiones de Coppola expresan a la perfección la excepcionalidad del cuarto riguroso film de Federico Fellini, para bastantes (entre los que me encuentro) la obra cumbre de la etapa neorrealista del director (la que va desde su ópera prima, Luces de Varieté, hasta su sexto riguroso film, la conmemorada Las noches de Cabiria, pasando por la divertidísima El Jeque Blanco y las también magníficas Los inútiles y Almas sin conciencia), además de uno de los destacables títulos de toda su filmografía.

No es casual, en este sentido, que el film se ubique exactamente en el centro (cronológicamente hablando) de la citada etapa neorrealista del director (sin dejar de ser espléndido, un período todavía de formación y, desde mi método, menos personal que el que se iniciará en 1960 con La dolce vita y en el que Fellini alcanzará su máxima madurez para ofrecernos la mayoría de sus superiores títulos): exactamente por el hecho de encontrarse todavía distanciado de la etapa donde Fellini desarrollará su universo más íntimo (desde una actitud autoconsciente de búsqueda de nuestra personalidad artística), pero, simultáneamente, sin dejar de contener la esencia de la poética felliniana (en esta situación, desde una observación muy más espontánea), La Strada se expone como una obra de una pureza y sensibilidad que convierten su visionado en una experiencia totalmente apasionante.

Esta espontaneidad y sensación de primera ocasión es precisamente lo que hace de la película una obra única y excepcional, algo que queda completamente patente en el personaje de Gelsomina (Giulietta Masina). Para entendernos: siendo también un film ejemplar, es difícil omitir ver en la posterior Las noches de Cabiria la intención un poco obligada de retomar el carácter de la personaje primordial de La Strada (transfigurada aquí en la inocente prostituta que brinda nombre al film), situación que acaba lastrando, aunque solo sea en parte, la sensación de naturalidad que sí logramos hallar en esta Gelsomina, un personaje por otro lado excepcional en su pureza e ingenuidad (tal como confiesa nuestro Fellini, hablando de su motivación sentimental en el instante de llevar a cabo a su personaje: “Creo que la película la he hecho porque me he enamorado de esa muchacha-viejita un poco loca y un poco santa, de ese desgreñado, ridículo, desgraciado y tiernísimo clown al que he llamado Gelsomina y que todavía hoy logra hacer realidad que me encorve de melancolía cuando escucho el tema de su trompeta”).

Apoyándose en la extraordinaria composición del personaje de Gelsomina a cargo de Giulietta Massina (una figura que nos hace pensar sin lugar a dudas en el vagabundo chapliniano – fotograma 1), y arropada por la no menos inolvidable interpretación del forzudo Zampanó a cargo de Anthony Quinn, la película se composición con apariencia de una peculiar roadmovie a lo largo de la cual asistiremos al errático deambular de la pareja personaje primordial a la búsqueda de su pequeño lugar en el planeta y, en último término, del sentido de su historia, de esta manera que expresa nuestra Gelsomina en una escena del film frente el joven acróbata (Richard Basehart): “Nadie me necesita. ¿Para qué vine a este planeta?”; a eso que el contrincante de Zampanó responde de manera elocuente: “Puede que Zampanó te quiera. Si tú no te quedas con él, ¿quién lo hará? No soy muy instruido, sólo he leído bastantes libros. Pero todo lo que hay tiene un fundamento para estar ahí. Tú también eres buena para algo. Con tu cara de alcachofa” (fotograma 2).

Precisamente la trágica sepa de Gelsomina será el detonante para que el rudo Zampanó tome por último consciencia de su triste situación, en el emocionantísimo y revelador final en el que, tras ser echado de una taberna completamente borracho, y después de proclamar con atormentado orgullo su soledad (“¡No necesito a nadie! ¡Quiero estar solo!”), el personaje primordial se enfrentará por último al sentido de su historia postrado frente la inmensidad del firmamento en la misma playa donde recogió años atrás a Gelsomina (fotograma 3). Para quien esto redacta, una de las más conmovedoras ocasiones de revelación existencial que nos dió el arte del cinematógrafo.

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2014)

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