Resumen de la pel√≠cula La √ļltima orden

En estos instantes de escasez de ideas en los que sobran las segundas y terceras ediciones (los tan desprestigiados remakes), no s√≥lo de numerosos de los gigantes cl√°sicos (que la pereza de colosal del p√ļblico mantiene en el m√°s oscuro de los olvidos) sino de hecho de peliculitas rodadas hace √ļnicamente bastantes d√©cadas (¬°que esa misma parte del p√ļblico ya debe tomar en cuenta antiguas!), es asombroso que no permanezca todav√≠a (o al menos yo no lo he popular encontrar) un remake de una extenso film como La √ļltima orden, sabiendo la singularidad e talento de su idea argumental (seg√ļn se ve, libremente apoyado en una historia real): Sergius Alexander (Emil Jannings), un anticuado Colosal Duque del Zar Imperial en la turbulenta Rusia de 1917 que malvive realizando un trabajo como agregado cinematogr√°fico despu√©s de exiliarse a USA, est√° cara a cara con uno de los l√≠deres revolucionarios a los que combati√≥ diez a√Īos atr√°s, Lev Andreyev (William Powell), convertido ahora mismo en afamado director cinematogr√°fico, para el cual el viejo exiliado deber√° interpretar por √ļltima vez el papel de Colosal Duque en una producci√≥n sobre uno de los episodios que √©l mismo protagoniz√≥ en la vida real. Este sugerente desarrollo le sirve a Sternberg, no s√≥lo para llevar a cabo una lacerante radiograf√≠a de los perversos mecanismos del poder, sino para prestar una incre√≠ble reflexi√≥n sobre la representaci√≥n como una de las primordiales pautas que rigen las relaciones humanas, asi sea para ejercer el poder, para combatirlo o hu√≠r del mismo, para hallar un prop√≥sito o para protegerse de una amenaza.

El extenso film empieza con un corto pr√≥logo en el que observamos a Lev Andreyev consultando las fichas de los agregado rusos hasta que brinda con la fotograf√≠a de Sergius Alexander, al que manda contratar r√°pidamente (sin que el p√ļblico conozca todav√≠a la relaci√≥n de los dos personajes). Tras la presentaci√≥n del personaje primordial, un d√©bil adulto m√°s grande al que descubrimos en una modest√≠sima pensi√≥n donde recibe la llamada del estudio, asistimos a la primera colosal secuencia de la pel√≠cula, la del reparto del vestuario y utiler√≠a a la multitud de agregado que acuden al estudio: a trav√©s de un incre√≠ble travelling del costado, seguimos el tr√°nsito de Alexander de taquilla en taquilla para hacerse con todos los elementos de su traje de Colosal Duque (la chaqueta, las botas, el sable). Un traje al que, una vez en la sal√≥n de maquillaje, el personaje primordial a√Īadir√° una condecoraci√≥n real que saca sigilosamente de su cartera, para sorpresa de su compa√Īero de mesa (fotograma 1). Un √ļltimo chato del rostro de Alexander en el min√ļsculo espejo de maquillaje dar√° paso al riguroso flashback en el que descubriremos la tr√°gica historia del Colosal Duque durante la revoluci√≥n bolchevique de 1917.

Es en este episodio central donde Sternberg pone en marcha su brillante exposici√≥n sobre los m√ļltiples mecanismos de la representaci√≥n. As√≠, desde el chato de los revolucionarios Andreyev y Natalie Dabrova (Evelyn Brent) observando desde una ventana la inspecci√≥n de tropas que ejecuta el Colosal Duque Alexander (espectadores de una escenificaci√≥n del poder que desean derrocar), las ocasiones de representaci√≥n se suceden en todas sus probables ediciones y con todos y todos los individuos desempe√Īando en alg√ļn momento el papel de actores de una ficci√≥n (un papel que Alexander no duda en reprender a la pareja de revolucionarios, pertenecientes de una compa√Ī√≠a teatral, justo antes de detenerlos, y que √©l mismo desempe√Īar√° en diferentes momentos). Revisemos alguno de estos episodios: 1) el Colosal Duque Alexander recibe √≥rdenes del Zar para tener disponible un batall√≥n durante su visita al cuartel general, oblig√°ndole a desmovilizar un destacamento del frente de guerra para hacer la representaci√≥n, de esta manera que nuestro Alexander admite en pleno desfile cuando es urgido para transmitir sus √≥rdenes al campo de guerra (‚ÄúEl espect√°culo acabar√° enseguida‚ÄĚ, le responde el Colosal Duque a su subordinado sin poder disimular su irritaci√≥n por el papel que se ve obligado a entretenerse para complacer los caprichosos designios del Zar); 2) cautiva en el cuartel general, Natalie explota la atracci√≥n que despierta en el Colosal Duque para citarle en su habitaci√≥n con la intenci√≥n de finalizar con su cr√≥nica. Una vez en su alcoba, Alexander revela medio escondido en el sof√° el rev√≥lver con el que Natalie quiere asesinarle, pero elige accionar como si no lo hubiera visto (a la vez que Natalie representa el papel de joven seducida por el Duque). Cuando Alexander se levanta a por unos cigarrillos, Natalie empu√Īa el rev√≥lver, momento en el que Sternberg ejecuta una r√°pida panor√°mica desde la joven revolucionaria apuntando a Alexander hasta la silueta de √©ste, de espaldas, observando la imagen de Natalie pr√≥ximo de dispararle reflejada en el espejo (fotograma 2). Tras unos segundos de tensi√≥n, y desmontada la escenificaci√≥n de los dos individuos a trav√©s del elemento catalizador del espejo, la joven se derrumba y cae por √ļltimo derrotada (y seducida) frente la idealizada figura del Duque; 3) tras el asalto de parte de los revolucionarios del tren militar en el que viaja el Colosal Duque junto al resto de autoridades leales al Zar, Natalie se une s√ļbitamente a los agitadores actuando como una de ellos para poder librar a Alexander de la instant√°nea ejecuci√≥n que se transporta a cabo con el resto de autoridades, con el argumento de llevarle a Petrogrado para colgarle frente el pueblo (en esta situaci√≥n, la representaci√≥n no s√≥lo tiene efecto frente Alexander, sino frente nuestro espectador, que en un primer momento desconoce el plan de la hero√≠na para socorrer a su amado); y 4) una vez en el tren de regreso a Petrogrado (y tras una secuencia de dudoso gusto en el que se expone el salvaje accionar de las tropas revolucionarias una vez en el poder), Natalie llevar√° a cabo su √ļltima y m√°s decisiva representaci√≥n, seduciendo al vigilante de Alexander (al que dirige unas apasionadas expresiones de amor destinadas de todos m√©todos al propio Alexander ‚Äď fotograma 3) para que √©ste consigua saltar del tren pocos segundos antes de que el convoy se despe√Īe desde lo prominente de un puente para hundirse en las heladas aguas de un r√≠o siberiano.

Con la imagen de Alexander contemplando impotente el desastre (que ser√° la causa del tic nervioso que desde ese momento acompa√Īar√° al personaje), la pel√≠cula regresa al estudio de rodaje en el que el personaje primordial se reencuentra por √ļltimo con el ex-revolucionario Andreyev para interpretar por √ļltima vez el papel de Colosal Duque. En esta ocasi√≥n explicitando inconscientemente el acto de representaci√≥n frente el prop√≥sito de la c√°mara cinematogr√°fica, de esta manera que Sternberg recalca en el majestuoso travelling final en retroceso que parte de la imagen del cuerpo muerto de Alexander, tendido en el campo de guerra de la ficci√≥n, para llegar a un chato general en el que queda al descubierto la ingente maquinaria al servicio de la m√°s inigualable f√°brica de sue√Īos (fotograma 4).

David Vericat
© cinema primordial (agosto 2016)

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