Resumen del libro Cinco horas con Mario 【resumen y personajes】

 

Personajes de Cinco horas con Mario

Carmen

Protagonista. Mujer del difunto, Mario. Con una colosal insatisfacción por su matrimonio, es una mujer con características físicas voluptuosas, de prominente estatus habitual, ambiciosa, materialista, y sin haber tenido los estudios requeridos para profesionalizarse es muy capaz, además de atento, atenta y comprometida con su lugar de vida y familia; gracias a que, más allá de todo, estaba intensamente enamorada de su marido.

Mario

Marido de Carmen. Poco agraciado físicamente, despreocupado, fácil, altruista, con poco carácter, alegre, idealista, con afición por las lecturas bíblicas y llevar a cabo redacciones sobre estas, además de escribir sobre temas de la sociedad Española por lo general. Le gustaba embriagarse y mantenía una actitud indiferente con su mujer, debido a que no la amaba con la misma intensidad que ella a él. Por otro lado, siempre intentaba prestar lo relevante de sí.

Valentina

Leal amiga de Carmen. Amable, bondadosa, lista para escuchar y aconsejar. Inspira seguridad y motivación.

Moyano

Amigo de Mario. Hombre con poco precaución por su fachada físico, con una barba considerable. Capaz y completamente instruido en el ámbito literario. Como Mario, también le gusta salir a fiestas y embriagarse.

José

Hermano de Mario. Muy atrayente físicamente, con ojos entre amarillo y verde, lo que le añade cierto aspecto felino.

Charo

Hermana de Mario. Con poca hermosura física, es una mujer muy semejante a su hermano, tanto en fachada como en pensamiento. Sin una visión clara, sin ambiciones y no muy habladora.

Resumen de Cinco horas con Mario

Miguel Delibes en esta historia narra la vida de una mujer llamada Carmen sotillo, quien está en el velatorio de su marido Mario. A quien uno de sus pasatiempos era la lectura de la Biblia, le gustaba subrayar lo que en su mayoría le llamaba la intención de tal libro. Carmen está en oposición al ataúd de su fallecido marido, recitando los pasajes que Mario había subrayados de la Biblia, mientras ella sigue leyendo los pasajes, una ola de recuerdo vienen a su cabeza, recuerdos de los instantes vividos con su marido.

 

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Carmen tenía una personalidad poco atrayente, gracias a que su afán en la vida era siempre el aspecto, siempre mantenía una actitud materialista. Ella se dedicaba de tiempo terminado a su familia y casa, tenía poco estudio y como era práctica en esos años ella estaba relegada a un background en su familia. Más adelante Mario era un catedrático, periodista intelectual, a quien lo único que le importaba era disfrutar lo bueno que la vida le daba y lo que menos le importaba era las cosas materiales que la vida día tras día le podría prestar.

Carmen estando en oposición al cuerpo de su marido, comienza a tener una conversación, como si su marido estuviera con vida aun. Una conversación que mas bien se pudría interpretar como un monologo que tarda un tiempo de cinco horas, en las que Carmen hace un recuento de lo vivido y se brinda cuenta de el poco aprecio que le tenia a su marido debido a que el no era un sujeto materialista a como a ella le hubiera dado gusto que fuera.

Recordó de las oportunidades que ella quedaba embarazada y era un fundamento más para reprocharle y darle a abarcar de que se siente desdichada al costado de el, o de la vez que discutieron porque el no quiso comprarle un carro que para ese entonces poseerlo era un símbolo de estatus, en el que para Carmen le importaba mas el aspecto que la necesidad de poseerlo. De lo contrario Mario era menos materialista gracias a que el se trasportaba por todos los lugares en su bicicleta, cosa que a Carmen siempre le incomodaba. También recordó de las oportunidades que el le llamaba la atención cuando al irse de casa Carmen se ponía blusas de un escote muy provocativo que enseñaba parte de sus sostén, una razón mas de sus continuos conflictos.

En el lapso de esas cinco horas Carmen le reprocha una supuesta infidelidad de parte de Mario con una de sus cuñadas, engaño que ella jamás pudo evidenciar por la carencia de comunicación entre ella y su marido. En la mitad de su conversación Carmen termina confesándole que ella fue quien le fue infiel al besarse con un hombre quien siempre andaba con un carro lujoso y aparentaba estar en un estatus de alta sociedad. En el desenlace de la novela, Carmen se brinda cuenta de sus errores, pero lamentablemente ya es muy tarde para arrepentirse y lo único que le queda es, frente a el ataúd de su difunto marido pídele perdón al entender los errores que cometió durante el tiempo que vivió con el.