Resumen del libro El barril de amontillado – Edgar Allan Poe (Resumen, análisis y reseña)

 

Resumen, análisis, reseña y individuos primordiales de la obra literaria El barril de amontillado del escritor Edgar Allan Poe.

 

 

 

El barril de amontillado de Edgar Allan Poe es sin lugar a dudas una obra muy atrayente, no solo para los fanáticos y apasionados de la obra de Poe, sino para atrapar a esos leyentes primerizos.

Conozcamos primero los humanos que constituyen esta obra. Observemos los individuos primordiales y después observemos los individuos secundarios.

 

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Tabla de contenido

 

  • Personajes principales
  • Personajes secundarios
  • Sinopsis o corto resumen
  • Resumen en vídeo
  • Análisis de la obra
    • Aspectos fundamentales
    • ¿De que trata la historia?
    • Tema principal

Personajes principales

  • MONTRESOR: Capaz y particular de personalidad. Tiene espíritu de negativo y todo lo que se da lo cumple.
  • FORTUNATO: Siempre ejercía burlas hacia Montresor , dominante y seguro de si mismo.

Personajes secundarios

  • LUCHRESI: Profesional en vinos y quien se niega a acompañar a Montresor a llevar a acabo sus proyectos macabros.

Sinopsis o corto resumen

El cuento narra el asesinato que comete un hombre llamado Montresor, que quería vengarse de Fortunato, un hombre que lo había insultado ya varias oportunidades y no quería aguantar otro insulto mas.

El asesinato fue premeditado durante un extenso tiempo por Montresor y es realizado en el carnaval, Fortunato iba vestido de payaso cuando está con Montresor, y él le dice que si lo ayuda a comprender si un barril de amontillado que están por venderle es verídica. Montresor transporta engañado a Fortunato a unas catacumbas y lo embriaga y dada a la humedad de las catacumbas la salud de Fortunato que aparentemente tenía una tos empeora cada vez más.

Montresor encadena a Fortunato y pone una pared para que Fortunato muera y no consigua salir de las catacumbas jamás.

Resumen en vídeo

Este es un comprendio corto de la obra o cuento El barril de amontillado.

Análisis de la obra

«El barril de amontillado» está dentro de los cuentos de la etapa final en la vida de Poe (1846), escrito sólo poco tiempo antes del inicio de su ocaso definitivo, marcado por la desaparición de su mujer, Virginia Clemm, en enero de 1847.

Aspectos fundamentales

Una primera lectura de «El barril de amontillado» ya nos revela dos puntos fundamentales. El primero, su perfección narrativa: el constructor en ese momento era dueño de todas las utilidades y resortes de su oficio; el segundo, que había culminado en él un riguroso avance de infortunio primordial y degradación moral, más allá de que esto último, evidentemente, no iba en menoscabo de la excelencia artística, sino más bien al contrario.

¿De que trata la historia?

Es la crónica de una horrible venganza, si es que alguna no es así. ¿Qué pudo mover al constructor a su composición? Nos encontramos, desde luego, a años luz del jóven increíble que había escrito vaporosos poemas románticos en los que retrataba un mundo ideal de palacios contentos y bellísimas heroínas ultraterrenas. La maligna sabiduría, el humor negro, la punzante ironía, y hasta el sadismo gratis en la conducta del vengador Montresor, revelarían en su constructor, viable aunque no en todos los casos (pero hemos de tener en cuenta, comentamos, el momento y las ocasiones en que el relato fue escrito), gigantes dosis de mal y frustración mal asimilados, una aguda conciencia de fracaso, así como, acaso, la intención de dejar al porvenir algún terrorífico mensaje subliminal, y todo bajo un régimen acusadamente alegórico.

Por el tema de la venganza, por el personaje del bufón y alguna otra coincidencia, existe otro relato del final de su trayectoria que es hermano de éste. Estamos hablando de «Hop-Frog», uno de los últimos que escribió, y en el que un Poe ya al final agotado y desairado por la vida y sus penurias, y no poco por sus críticos —aquellos que le criticaban y a los que él mismo había vilipendiado de lo lindo—, se aparta voluntariamente de sus gigantes hazañas artísticas e intelectuales —de la invención del relato policial y el de ciencia-ficción, de «El coloquio de Monos y Una» y «El poder de las palabras», con su apabullante metafísica sensible, del admirable muestrario del horror por el horror que representan «El gato negro», «La verdad sobre la situacion del señor Valdemar», «El pozo y el péndulo» o «El corazón delator»—, para entregarse otra vez, como en «El barril de amontillado», a un lamentable, aunque en modo alguno torpe, simulacro de revancha contra el planeta, la única por último en su mano.

 

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Se conocen muchas y variadas interpretaciones, de hecho psicoanalíticas (son bastante habilidosas las debidas a la tratadista freudiana Marie Bonaparte), tendentes a interpretar la venganza del malvado Montresor. De lo menos que fué calificado el personaje en sí mismo, así como el constructor por inventarlo, es de loco, sociópata o degenerado. Pero todas esas interpretaciones dejan fuera lo más destacable, por tratarse de una obra literaria: las indudables virtudes artísticas, tanto de estilo como de composición narrativa (una expresión que sin lugar a dudas a Poe le hubiese agradado), que atesora el relato.

«El barril de amontillado» es un cuento maestro del género de suspenso. Es realmente difícil ser más moderno en 1846. Tampoco puede producirse tanto dramatismo con tan pocos elementos, con elementos tan rápidos, con una concisión tan acusada. En relación a la musicalidad, una faceta de los cuentos de Poe que no se ha estudiado muy, debe destacarse la colosal aptitud con que delineaba el escritor las curvas de interés dramático, la atenuación, el tempo llano, el crescendo, hasta la culminación y el clímax; en la situacion que nos ocupa, más bien una vía muerta.

Tema principal

“El barril de amontillado” trata de la venganza de Montresor a Fortunato. Montresor, agotado de injurias de Fortunato, explota cuando éste, deducimos, insulta al apellido de su familia. Elige tomar revancha en la mitad de una disparidad de carnaval y elabora un plan para, por último, cometer su tan ansiado propósito y limpiar su honra. Hasta el momento, Montresor utiliza como máscara la sonrisa fingida (elemento carnavalesco) para no levantar supones en Fortunato, de lo que pretendía realizar.

Montresor sabía que el punto débil de Fortunato era su sinceridad en relación tenía que ver con vino. Al momento del acercamiento, en la descripción de la indumentaria se aprecian las disparidades carnavalescas, ya que la ropa que estaban utilizando no era la recurrente de todos los días. Fortunato estaba vestido de payaso y en su traje se podían ver cintas de colores. Además, en el relato se señala que él estaba coronado con un sombrerillo cónico adornado con cascabeles (Coronación burlesca).

Una característica del carnaval es el “mundo al revés” y en el texto puede manifestarse cuando, en el momento en el que acertadamente Fortunato y Montresor están, este último le dice: “Pero ¡qué buen aspecto tiene usted hoy!”. Además, también debemos denominar que en esta parte del relato actúa el cronotopo del acercamiento y el sendero. Después Montresor comienza a tentar a Fortunato diciéndole que había recibido un barril de amontillado.

Cuando Montresor se deja llevar a su palazzo por Fortunato, se posiciona un antifaz de seda negra, aquí tenemos el enmascaramiento otra vez, pero en esta ocasión, explícito. Vimos un contraste entre la indumentaria colorida de Fortunato y el antifaz negro de Montresor, reflejando, quizás las verdaderas pretenciones oscuras y sombrías de este. Al llegar al palazzo, los criados no estaban allí (igualdad de jerarquía). Montresor y Fortunato estan premeditados hacia la bodega, que antes era un cementerio subterráneo (profanación). Para llegar a esta última, debían descender por un abovedado pasaje (catábasis). Es entonces, cuando se hace presente el cronotopo del “umbral” en el que se transporta a cabo el resto del cuento y, entonces, es el cronotopo predominante. Durante el sendero, en la búsqueda del amontillado, Fortunato comienza a toser y Montresor, a través de elogios, le proporciona la oportunidad de volver en varias oportunidades. No obstante, Fortunato se niega a todas ellas y quiere seguir el sendero más allá de su malestar, “No me matará. No me moriré de tos”, dice el personaje con apariencia de premonición. Montresor tiene como función que Fortunato esté lo menos ebrio posible. Con apariencia de broma implícita, Montresor da por la popularizada vida de Fortunato. Más adelante, Montresor habla del escudo de armas de su apellido, el que transporta la inscripción “nemo me impune lacessit” (nadie me hiere impunemente), llevando a cabo otra de las tantas visualizaciones. Este recurso llamado “puesta en abismo” tiene relación a un elemento que nos anticipa el contenido de todo el relato, en esta situación es la divisa del apellido Montresor citada antes. En las catacumbas, hasta llegar a la última cripta, se puede observar una recurrente catábasis: “Pasamos por debajo de una sucesión de bajísimas bóvedas, bajamos, avanzamos después, descendimos después y llegamos a una profunda cripta”. En una ocasión, Montresor le muestra a Fortunato una paleta de albañil, signo de su “pertenencia” a la masonería y, además, Fortunato levanta su antorcha “casi consumida”. ámbas oportunidades tienen la oportunidad de entenderse como una observación y un anticipo del mortal desenlace que le espera. El destronamiento se brinda, en el gemido apagado que Fortunato produce después de ser encadenado, demostrando un cambio de estadío emocional que lo prueba. Este último emitía carcajadas e insistía en que todo tenía que ver con una broma (risa carnavalesca). En un momento Fortunato dejó de reírse, por ahora no respondía frente los llamados de Montresor y este ingresó una antorcha que dejó caer en el interior de donde había dejado encerrado a Fortunato. Suponemos que se habla del fuego carnavalesco, que aniquila y moderniza el planeta, ya que al terminar Montresor con su trabajo de albañilería, todo sigue como estaba antes: “Durante medio siglo, nadie los ha tocado.”

 

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