Resumen del libro “El hombre unidimensional”

El Hombre Unidimensional

1. INTRODUCCI脫N BIOGR脕FICA

Herbert Marcuse naci贸 en Berl铆n, en 1898, en el seno de una familia jud铆a de buena posici贸n econ贸mica. De joven se sinti贸 atra铆do por la pol铆tica. Adher铆a a las posiciones de izquierda. Pero el fracaso de la revoluci贸n espartaquista y la ejecuci贸n de Rosa Luxemburg (1919) lo alejaron de Berl铆n y de la pol铆tica.

Estudi贸 Filosof铆a en las universidades de Berl铆n y Friburgo. En esta 煤ltima conoci贸 a Husserl y a Heidegger. 脡ste 煤ltimo dirigi贸 su proposici贸n, con la que se doctor贸 en 1922. Permaneci贸 en Friburgo hasta 1933, a帽o en el que ingres贸 en el Centro de Investigaci贸n Recurrente de la Facultad de Frankfurt (m谩s recurrente como Escuela de Frankfurt). Ese mismo a帽o los nazis llegaron al poder y clausuraron el Instituto. Marcuse, con otros que corresponden de la Escuela, se traslad贸 a USA. All铆 se estableci贸 llegando de hecho a adoptar la nacionalidad de america, en 1940, y a trabajar para el gobierno federal. Ejerci贸 la docencia en diferentes universidades: Columbia, Harvard, Boston y San Diego. Su pensamiento fue una de las fuentes de inspiraci贸n de la revuelta acad茅mico de 1968, recurrente como 鈥渕ayo franc茅s鈥. Muri贸 en Alemania en 1979.

 

2. UNIVERSO TE脫RICO

2.1. La teor铆a cr铆tica.

Con autores como Max Horkheimer, Adorno o J眉rgen Habermars, el grupo de Francfort pretend铆a sugerir una clarificaci贸n racional(teor铆a) sobre la composici贸n de la sociedad industrializada y las secuelas que ha tra铆do para la vida humana y la civilizaci贸n, resultado todo ello del m茅todo de raz贸n vigente(raz贸n t茅cnico-instrumental).

Esa teor铆a critica la configuraci贸n de la sociedad de hoy por considerarla indebida y contraria a las solicitudes de la raz贸n; lo cual piensa contar de seguro, siquiera sea de manera proyectiva, con un m茅todo de raz贸n originaria, que permita detallar y constatar las falta de la sociedad industrializada y proyectar otra estructuraci贸n recurrente m谩s acorde con la vida humana.

La teor铆a cr铆tica se enfrenta a la teor铆a cl谩sico, la cual es entendida, en tres puntos: a) como formulaci贸n de principios en la mayor铆a de las situaciones y 煤ltimos que describen e interpretan al mundo; b) como general y abstracta, aut贸noma e sin dependencia del marco hist贸rico y recurrente en que surge; c) como pura, 鈥渕era鈥 teor铆a. La teor铆a cr铆tica, sin embargo: a) prosigue un avance hegeliano-marxista, enraizada en el marco y contenido recurrente del pensamiento e interrelacionada con la instancia material-econ贸mica; b) se hace objeto de su propia cr铆tica para omitir transformarse en ideolog铆a en una especide de purificaci贸n te贸rica y c) recalca la relaci贸n entre teor铆a y praxis, tomando en consideraci贸n los objetivos 煤ltimos, poni茅ndose al servicio de la transformaci贸n pr谩ctica de la sociedad.

 

2.2. El neopositivismo.

脷ltima expresi贸n de la raz贸n t茅cnico-instrumental y reflejo te贸rico del capitalismo, se muestra como purificadora de los elementos transcendentales de las teor铆as que engloba dentro del t茅rmino 鈥渕etaf铆sica鈥 que brinda indiscriminadamente a toda composici贸n te贸rica que no est茅 verificada emp铆ricamente (ciencia) o que no sea puro an谩lisis l贸gico (filosof铆a, seg煤n esta paradigma). Marcuse lo critica por ser 鈥渘egaci贸n de los elementos trascendentes de la raz贸n鈥︹, necesarios para la teor铆a recurrente, y por representar la鈥 r茅plica acad茅mica de la conducta socialmente requerida鈥.

 

2.3 .Heidegger.

Representa esa raz贸n cl谩sico a la que se opon铆a la teor铆a cr铆tica que busca los primeros principios transhist贸ricos, y se enfrenta a la praxis de la teor铆a cr铆tica: 鈥淟a filosof铆a no puede sugerir jam谩s de una forma instant谩nea las fuerzas o llevar a cabo las maneras de acci贸n o condiciones que susciten una acci贸n hist贸rica鈥. Marcuse se enfrenta a una trascendencia de la que habla la ontolog铆a heideggeriana y que representa la tradici贸n metaf铆sica occidental. La trascendencia en Marcuse es hist贸rica, lo cual equivale a decir que tiene incidencia en la sociedad concreta; es una trascendencia pr谩ctica.

 

2.4. Freud.

La aplicaci贸n de los conceptos del psicoan谩lisis al esclarecimiento de fen贸menos colectivos como la religi贸n, la civilizaci贸n y la sociedad, llev贸 a Freud a postular la represi贸n de los instintos como mecanismo ineludible de psique y geanal贸gico de la moral y de la religi贸n. No obstante, para Marcuse la represi贸n no es ineludible sino un elemento hist贸rico exacto, un instrumento de la sociedad clausurada que crea deseos no-naturales, agresivos, que hacen perpetuar las producciones econ贸micas empujando al consumismo, las producciones jer谩rquicas en todo nivel, y negando la conciencia de clase y la intenci贸n de cambio.

 

2.5. Hegel y hegelianos.

La dial茅ctica, la negaci贸n alguna y la tradici贸n de la colosal cultura ser谩n atrayentes e instrumentos para Marcuse, que no repudia a la teor铆a cl谩sico cuando sus elementos tienen la posibilidad de asistirlo.

 

3. EL HOMBRE UNIDIMENSIONAL

3.1. LA SOCIEDAD UNIDIMENSIONAL

Marcuse nos ense帽a la sociedad industrializa como una sociedad clausurada, un universo d贸nde no caben selecciones de vida, donde los intereses en oposici贸n fueron anulados. La raz贸n t茅cnico-instrumental es causa y esencia de este control de las fuerzas sociales: el electr贸nico tecnol贸gico se expone con la aptitud de hallar los logros del avance y las recientes maneras de vida que apoya se convierten en maneras de adoctrinamiento. Las condiciones adoptadas para el desempe帽o del electr贸nico conforman el debilitamiento de las probables fuerzas emancipatorias y las maneras de control sofisticadas: el progreso de mecanizaci贸n con la consiguiente supresi贸n de la individualidad; concentraci贸n de compa帽ias particulares en megacorporaciones; regulaci贸n de la libre rivalidad entre sujetos econ贸micos desigualmente provistos; reducci贸n de las prerrogativas y soberan铆as nacionales que previenen la organizaci贸n en todo el mundo de los recursos鈥; toda medida de adelanto y liberalismo es una manera de control. En esta sociedad el hombre ha perdido su sentido cr铆tico debido a que la organizaci贸n recurrente se ve agradar las pretenciones. La independencia de pensamiento se piensa y se ejerce con fachada de combate abierto de selecciones dentro del status quo: la sociedad democr谩tica en teor铆a deja abierta las selecciones pero las anula por la verdad econ贸mica y el dominio tecnol贸gico. El electr贸nico t茅cnico y cient铆fico tiene por funci贸n la dominaci贸n al obstaculizar con sus elementos la expresi贸n de la independencia individual: “el electr贸nico t茅cnico de producci贸n y distribuci贸n (con un 谩rea cada vez m谩s grande de automatizaci贸n) trabaja, no como la suma total de meros instrumentos que tienen la posibilidad de ser aislados de sus efectos sociales y pol铆ticos, sino m谩s bien como un sistema que establece a priori el producto del electr贸nico, tanto como las operaciones llevadas a cabo para servirlo y alargarlo. En esta sociedad, el electr贸nico productivo tiende a hacerse totalitario en el nivel en que establece, no s贸lo las ocupaciones, aptitudes y reacciones socialmente primordiales, sino tambi茅n las pretenciones y misiones particulares”(Marcuse, 1954:25-26). El gadget de control y coordinaci贸n no puede ser separado de la forma c贸mo se utiliza, no existe neutralidad de la tecnolog铆a. La intromisi贸n del recurso t茅cnico en todos los puntos sociales se justifica en vista de su instrumentalidad, en el sentido de “productividad” y “avance potencial”. Se publicita una necesidad del electr贸nico tecnol贸gico relacion谩ndolo con el avance y la independencia democr谩tica. Esta funci贸n ideol贸gica hace del accionar t茅cnico un accionar pol铆tico, en tanto se regresa justificador de un orden que no puede modificarse: “El encontronazo del avance transforma a la Raz贸n en sumisi贸n a los hechos de la vida y a la aptitud din谩mica de producir m谩s y superiores hechos de la misma clase de vida. La efectividad del sistema impide que los individuos reconozcan que el mismo no tiene dentro hechos que no comuniquen el poder represivo de la integridad. Si los individuos est谩n a s铆 mismos en las cosas que dan forma a sus vidas, lo hacen no al prestar, sino al aceptar la ley de las cosas; no las leyes de la f铆sica, sino las leyes de la sociedad” (Marcuse, 1954:41).

Las pretenciones que el electr贸nico satisface son artificiales, constru铆das por la raz贸n t茅cnico-instrumental: las libertades conquistadas y las pretenciones demandadas se convierten en mercanc铆a: la sexualidad se vende y se publicita hasta el l铆mite de la pornograf铆a, etc.鈥. Siguiendo a Freud, Marcuse encuentra en la sociedad la represi贸n de los instintos, pero en oposici贸n al constructor del psicoan谩lisis, la represi贸n no es ineludible, es contingente e hist贸rica, es relacionado de la sociedad concreta (en esta situaci贸n, la industrial) y se ocupa, como labor de institualizaci贸n, en reprimir los instintos positivos que el llama del Eros, instinto de vida, que piensa unas pretenciones est茅tico-biol贸gicas de hermosura, tranquilidad, descanso y armon铆a. Todas estas pretenciones son reprimidas y dirigidas a la eficacia. Se sustituyen por la agresividad, esfuerzo, pobreza e injusticia, que alcanzan un accionar humano que reproduce la represi贸n y la dominaci贸n. Las sociedades antiguas 鈥渟ublimaban鈥 los instintos en la 鈥渁lta cultura鈥, aunque 茅sta era de una minor铆a. Hoy estas antiguas culturas son 煤nicamente un producto del mercado. En este exacto momento todo se realiz贸 cultura de masa, se ha banalizado y no tiene fuerza para ocasionar aut茅nticos inconvenientes. Bach hoy se puede achicar a la m煤sica de fondo de una cocina. El sexo se ha comercializado. En lugar de la vieja sublimaci贸n, en este exacto momento nos encontramos frente una 鈥渄esublimaci贸n institucionalizada鈥, que juega con los bajos instintos de sexo y agresi贸n, centrando la actividad del Eros en la regi贸n genital sin aceptar su inclinaci贸n a la emancipaci贸n. No hay dimensiones, escenarios, habitamos una Cultura de elementos mercantilizados. Se crea una conciencia feliz falsa pero eficaz en el momento de denegar el cambio: no hay conciencia de clase, c贸mo la va a haber si el m茅dico, el empresario y el trabajador tiene las mismas aficiones, comen en el mismo autoservicio, etc鈥; se transforman las reacciones selecciones, el beatnick, el bohemio, el hippie, se convierten en piezas de la sociedad, son selecciones de vida por el momento no incompatibles con el sistema debido a que se crean en 茅l y se enlista a los individuos para reflexionar su presencia como dentro de la sociedad; todo desaf铆o, toda reacci贸n contra la vida y el planeta, estan premeditados hacia el avance personal, hacia la 鈥渃arrera鈥 del sujeto, el cumplimiento del 鈥渟ue帽o americano鈥 se transforma en la v铆a, dentro del y conveniente al sistema, de satisfacci贸n diferida de las pretenciones de emancipaci贸n.

La conciencia de los individuos de la sociedad del confort es feliz, satisfecha, piensa que todo est谩 bien y le gusta ver que el Estado satisface sus pretenciones. Vive en conformismo, sin remordimientos. Hay guerras en la periferia, donde se aniquila y se tortura, pero en la metr贸poli todo es felicidad. Las sociedades opulentas absorben toda contradicci贸n. Marcuse se fija primordialmente en el lenguaje que utiliza esta sociedad, un lenguaje apoyado en clich茅s (鈥渓ibre empresa鈥, 鈥渃onstrucci贸n socialista鈥, etc.), estereotipado, funcionalista, que impide reflexionar las cosas. As铆 pasa en las formas recientes de neoliberalismo y neoconservadurismo. Por el momento no hay pensamiento con carga ontol贸gica y universal. Los inconvenientes obreros, entre otras cosas cosas cosas, se limitan a cuestiones t茅cnicas que se resuelven f谩cilmente. Critica tambi茅n la democracia electoralista, donde ya hay un juego dado, con capitales intocables, en donde s贸lo hay una fachada de independencia.鈥滶l lenguaje es despojado de las mediaciones que forman las etapas del avance de conocimiento y de evaluaci贸n cognoscitiva. Los conceptos que encierran los hechos y por consiguiente los trascienden est谩n perdiendo su aut茅ntica representaci贸n ling眉铆stica. Sin estas mediaciones, el lenguaje tiende a expresar y auspiciar la instant谩nea identificaci贸n entre raz贸n y hecho, verdad y verdad establecida, esencia y vida, la cosa y su funci贸n.鈥 (Marcuse, 1954:115). Todos estos elementos son los elementos que hacen de esta sociedad una sociedad unidimensional, y el hombre que vive en ella, un hombre unidimensional que no encuentra diferencias entre lo que se establece como verdad y la realidad, en el cual no existe distinci贸n entre el planeta (el no yo como elemento negador del yo) y el yo. El hombre unidimensional no posee aptitud de cr铆tica y cambio porque no encuentra contradicci贸n entre lo sustancial y lo real, entre el ser y el deber ser.

Marcuse acude a la conciencia heredada de los pensadores cl谩sicos, vistos seg煤n Hegel, para caracterizar el pensamiento negativo, de la protesta y la revoluci贸n. Los cl谩sicos viv铆an en un mundo 鈥渂idimensional鈥, donde con los atrayentes pod铆an ponerse en contra a la verdad, y no considerarla sin m谩s racional. Frente a 鈥渓o que es鈥, ya dado, surg铆a un deber, que empe帽aba en una contradicci贸n: 鈥渢煤 tienes que ser lo que eres, y para eso tienes que eliminar lo que en este exacto momento eres鈥. Esta fuerza de la negaci贸n contradictoria, con verdadero esp铆ritu innovador, se ha perdido completamente en la sociedad del confort. Por eso en ella domina la l贸gica abstracta, formal, cuando de todos m茅todos hay que contribuir a una l贸gica dial茅ctica, con la aptitud de cambiar lo ya ya predeterminado. La l贸gica de la protesta fu茅 derrotada por los elementos dominadores de la sociedad clausurada unidimensional. La l贸gica formal, sin contenido, es la que reina. El pensamiento positivo es la expresi贸n de esta sociedad y del dominio tecnol贸gico. El dominio de este pensamiento es la expresi贸n acad茅mica y cient铆fico-filos贸fica del dominio recurrente. La vida hoy se decrece a un 鈥渧ivir y fallecer tecnol贸gico鈥. El que tiraniza no es ya un rey, sino la composici贸n racional tecnol贸gica. Desapareci贸 la 鈥渇uerza de lo negativo鈥 de la que hablaba Hegel. La culpa de esta situaci贸n se imputa al predominio de las ciencias cuantitativas, que removieron las causas finales y modificaron todo en una situaci贸n instrumental, donde por el momento no hay sujeto humano. Los valores desaparecen porque 鈥渘o son cient铆ficos鈥. Los fil贸sofos de la ciencia se pusieron al servicio de este planeta 鈥渄esontologizado鈥. El cientificismo ha instaurado el reino del a priori tecnol贸gico. Es falso reflexionar que la t茅cnica es 鈥渘eutral鈥. La tecnificaci贸n a ultranza ha acabado por achicar todo a algo neutral, y as铆 a 鈥渘eutralizar鈥 los valores, y eso es ideol贸gico, aunque sigue escondido. El pensamiento cient铆fico es requisito para el avance tecnol贸gico y la filosof铆a que demarque a la ciencia como 煤nico conocimiento se transforma el pensamiento ya ya predeterminado por los valores que porta. El ausentar a los valores del pensamiento filos贸fico-cient铆fico oculta los valores que sostiene la sociedad unidimensional. Una aliada de la filosof铆a cientificista y tecnologista fue la filosof铆a anal铆tica anglosajona, heredera del positivismo l贸gico. El an谩lisis ling眉铆stico, designado a 鈥渃urar de las confusiones filos贸ficas鈥, debidas a la lengua, as铆 como el obsoleto neopositivismo, se destinan de todos m茅todos a ocultar los inconvenientes substanciales del hombre. El lenguaje metaf铆sico de los cl谩sicos llevaba a confrontar con los inconvenientes reales del hombre, y as铆 ten铆a un valor subversivo, ya que conduc铆a a ponerse en contra a los hechos. La filosof铆a anal铆tica decrece el pensamiento a investigar oraciones como 鈥渓a escoba est谩 en un rinc贸n鈥 (Wittgenstein) y as铆 se escamotean los inconvenientes angustiantes del hombre. En el fondo, la filosof铆a empirista y anal铆tica tiene el prop贸sito misterio de obligarnos a adaptarnos a la sociedad tecnol贸gica. Todos los inconvenientes que ellos estudian son completamente banales. Los colosales conceptos universales, como yo, conciencia, independencia, esp铆ritu, se limitan a operaciones t茅cnicas. Los viejos mitos (ejemplo: magias, brujer铆as) hoy se utilizan banalizados, como medio de propaganda, de publicidad. La sociedad del confort utiliza la estad铆stica siempre manipulada. Las indagaciones, las entrevistas, etc. banalizan lo profundo, para adaptarlos a los clich茅s de la televisi贸n, la prensa, etc. Hoy estamos hablando del amor, entre otras cosas cosas cosas, usando fraseolog铆as hechas, propias de pel铆culas de g谩ngsteres y de la propaganda. Los fil贸sofos anal铆ticos, en lugar de realizar un an谩lisis intensamenta de este lenguaje estereotipado y falso, se contentan con estudiar oraciones como 鈥渕e rasco鈥, etc., pero frente la proposici贸n 鈥渆sto es injusto鈥, dir谩n que el m茅todo de justicia es poco claro. Nos encontramos, en el desenlace de cuenta, frente un lenguaje ya ya predeterminado propio de un universo totalitario, y los anal铆ticos del lenguaje no s贸lo no ayudaron a desentra帽arlo, para que se descubriera su intr铆nseca hipocres铆a, sino que han adormecido a las conciencias con sus an谩lisis triviales, puramente t茅cnicos. Los fil贸sofos anal铆ticos estudian realidades mutiladas y caen en controversias 煤nicamente acad茅micas. Han anestesiado el valor del lenguaje ordinario. Una ver铆dica filosof铆a deber铆a ser negativa frente 鈥渓o establecido鈥 y deber铆a ir precisamente a las cuestiones 鈥渋deol贸gicas鈥. El pensamiento positivo ha triunfado en la forma de esta filosof铆a unidimensional.

 

3.2. LA POSIBILIDAD DE LAS ALTERNATIVAS

Es requisito un cambio cualitativo, sin lugar a dudas. En Marcuse hay exigencia de independencia pol铆tica y recurrente en las que las pretenciones sublimadas est茅n al servicio del Eros hacia la construcci贸n de un mundo pacificado, una sociedad que, con base en otras relaciones de producci贸n, est茅 estructurada por hombres cuyas pretenciones instintivas sean la negaci贸n alguna (en sentido hegeliano) de los que reinan en la sociedad represiva. Entendamos esta negaci贸n alguna de este modo: Marcuse afirma en este exacto momento el valor de los universales, como 鈥渘aci贸n鈥, 鈥渉ombre鈥, 鈥渓ibertad鈥, 鈥渂elleza鈥, etc. Pero otorga una interpretaci贸n dial茅ctica de los mismos, anclada en Hegel. Esos universales reflejan un estado de la conciencia que capta un ideal, entre otras cosas cosas cosas, la hermosura, y niega lo que en el planeta de los hechos pasa por bello. Los particulares hacen a los universales, pero a la vez los niegan. Los reales universales son conceptos muy amplios, de valor hist贸rico, que admiten que el hombre despliegue sus colosales peleas. El horizonte que proyecta Marcuse, por consiguiente, es de pelear en este exacto momento contra la sociedad establecida usando esta aptitud negadora que, no obstante, la sociedad unidimensional desecha. Nuestra labor de hoy, seg煤n Marcuse, es atrapar todo lo negativo que tiene la sociedad de hoy, y criticarlo (por ej., viajo en un espl茅ndido coche, pero dependo de una compa帽铆a que me lo ha elegido). Hoy, m谩s que jam谩s, debemos promover las contradicciones. Requerimos una 煤nica tecnolog铆a, que no ser谩 un refinamiento de la de hoy, sino que surgir谩 tras la cat谩strofe de la de hoy tecnolog铆a establecida. La novedosa tecnolog铆a deber铆a equilibrar m谩s las pretenciones con la independencia humana. Habr铆a que hallar poner causas finales al trabajo, trabajar s贸lo en funci贸n de las reales pretenciones, y que esta tecnolog铆a sirviera a todos y no s贸lo a algunos. El hombre m谩s adelante deber铆a achicar su poder de control, entre otras cosas cosas cosas dominando a la naturaleza no de un m茅todo represivo. Requerimos una 鈥渞az贸n no tecnol贸gica鈥, que ser铆a el 鈥溍硆gano del buen vivir鈥. Habr铆a que adoptar frente la naturaleza una actitud m谩s est茅tica y menos utilitaria. Las recientes tecnolog铆as deber铆an prestar libre juego a las facultades humanas. Se tratar铆a de 鈥渞edefinir鈥 las pretenciones (por ejemplo, si cesara la propaganda, la multitud pensar铆a m谩s por su cuenta). Adem谩s piensa que es requisito achicar dr谩sticamente la poblaci贸n futura, ya que es verdaderamente dif铆cil vivir bien en una sociedad de masa, donde no hay espacio para meditar y aislarse. que la imaginaci贸n humana hoy est谩 esclavizada por la t茅cnica y la publicidad, y as铆 est谩 como mutilada por nuestra de hoy 鈥渟ociedad de im谩genes鈥. En una clase de llamada gen茅rica a la revoluci贸n, pide que la multitud se rebele, que niegue, que critique, sin importar que no se sepa hacia d贸nde vamos. Hoy nos dominan los gestores, y la 煤nica soluci贸n es el rechazo total. Los canales democr谩ticos no sirven, porque no son aut茅nticos. Los desgraciados, los pobres, los marginados, los parias, los desocupados, los excluidos, deber铆an sumarse en una cr铆tica total y extremista. Por supuesto hay una contrariedad que se desprende del an谩lisis de la sociedad unidimensional y que apunta hacia los agentes del cambio cualitativo. El proletariado por el momento no es el agente de cambio, no posee la conciencia de clase que Marx le otorgaba y que le daba el car谩cter de clase. La oportunidad estar铆a en los j贸venes, en los cuales se reducir铆a la represi贸n por su status de 鈥渞eci茅n llegados鈥. En ellos se dar铆a la revoluci贸n tanto pol铆tica como instintivamente. En su protesta extremista estar铆a la base para la construcci贸n de un movimiento en todo el mundo y global apoyado apoyado en la solidaridad como necesidad biol贸gica de seguir estando unidos contra la brutalidad y la explotaci贸n inhumanas. Esto s贸lo puede partir de una educaci贸n de la conciencia para llegar a cubrir y sentir el delito contra la raza humana que representa la sociedad unidimensional.

 

4. LAS POSIBILIDADES FILOS脫FICAS

4.1. CR脥TICA

El hombre unidimensional es un an谩lisis grandioso de la sociedad industrial, al menos de sus 谩reas m谩s industrializadas. Quiz谩 un an谩lisis m谩s de hoy en lugar de corregir sus proposici贸n deber铆a graduarlas para hallar detallar zonas y subculturas medianamente industrializadas y medianamente subdesarrolladas. Su canto al cambio cualitativo es coherente con el an谩lisis de la sociedad aunque entre en conflicto con 茅l (de esto hablaremos en le siguiente apartado). De alg煤n forma, es en el contexto de de su revisi贸n de Freud donde vamos a centrar la cr铆tica. No entendemos de d贸nde deduce Marcuse que existe/existi贸/existir谩 una sociedad sin represi贸n. Quiz谩 tampoco est茅 fundamentada la visi贸n freudiana, pero la situacion es que Freud no postula una utop铆a donde las pretenciones naturales de armon铆a y hermosura se satisfagan y la vida sea igual a su fin. Quiz谩 la teor铆a recurrente requiera un finalismo de esta clase pero no pienso que sea bueno siquiera colocarlo en una situaci贸n psicol贸gica. Freud pod铆a ver esa situaci贸n psicol贸gica en la verdad que observaba (aunque estuviese mediada por la teor铆a) no obstante Marcuse asegura un para铆so en la tierra con base en una situaci贸n humana no observable. Quiz谩 la teor铆a cr铆tica no requiera ese optimismo, los castillos colosales caen con m谩s estr茅pito y cuanto m谩s bell铆simos son m谩s horrible es contemplar sus escombros. De hecho, su descripci贸n de la conciencia unidimensional pierde su car谩cter esquem谩tico y divide la sociedad en los rebeldes y en los imbuidos, en una especide de manique铆smo que no asistencia al cambio recurrente apoyado en la solidaridad y que lo invalida formalmente por no constituir parte la necesidad del cambio a toda la sociedad.

Adem谩s, la v铆a de la opci贸n, el paso de una cr铆tica extremista a la construcci贸n de una 煤nica sociedad, no est谩 muy claro. Quiz谩 por miedo a constituir parte al 鈥渃rimen contra la humanidad鈥 Marcuse no ha amado ingresar al combate de la acci贸n liberadora y el recurso a la crueldad. Quiz谩 por eso la intelectualidad no puede cambiar el planeta, estamos hablando otro idioma鈥

 

4.2. LAS POSIBILIDADES DE REFORMULACI脫N DE LA TEOR脥A CR脥TICA COMO FORMAS DE POSIBILIDAD DEL CAMBIO CUALITATIVO

El reto de la teor铆a recurrente, al opuesto que la teor铆a metaf铆sica, es su validaci贸n: es la verdad la que refuta en nada una teor铆a, un desaf铆o pol铆tico. La teor铆a cr铆tica lo sufri贸, y antes que ella, el marxismo. 脡ste, con su realizaci贸n concreta, ha destruido no s贸lo la fe, sino la seguridad instantaneamente innovador. La teor铆a cr铆tica ha cubierta, con el fracaso del Mayo del 68, toda teor铆a emancipatoria en un halo de sentimentalidad y mal-llamado idealismo. El planeta por el momento no se toma seriamente la revoluci贸n, en tal caso s贸lo para temerla. No obstante, 驴c贸mo influye este suceso en la validez cognoscitiva de la filosof铆a? A mi modo de ver s贸lo la mantiene en su car谩cter fil茅tico. La distancia entre teor铆a y praxis tiene en este exacto momento un car谩cter definitorio de la filosof铆a pr谩ctica: la distancia es la que marca la direcci贸n de la filosof铆a, es m谩s, es la que la sostiene, la que la transforma en lo que es. Toda filosof铆a no puede ser m谩s que una reformulaci贸n de la previo fundamentada en los nuevos inconvenientes. Los inconvenientes, en esta situaci贸n, no son s贸lo los sociales concretos, sino los que ya abrieron los rom谩nticos, los ilustrados y Marx sobre la acci贸n pr谩ctica, la independencia y el m茅todo de la historia. Toda filosof铆a debe tener una manera que determine sus configuraciones y se le brinda por la aplicaci贸n de formas anteriores adaptadas a inconvenientes recientes y por la actualizaci贸n de inconvenientes anteriores a trav茅s de oportunidades recientes. La forma de hoy de la filosof铆a s贸lo puede ser heredera de la kantiana, los inconvenientes s贸lo tienen la posibilidad de ser los sociales, que son los inconvenientes recurrentes de la filosof铆a pr谩ctica, pero adaptados al desaf铆o pol铆tico exacto y emancipatorio. La forma de hoy de la filosof铆a pasa por ser la de las maneras de ocasi贸n del cambio cualitativo.

驴Por qu茅 maneras de ocasi贸n? 驴Es un m茅todo de curarse en salud frente el inminente fracaso? 驴Es que la teor铆a no toma responsabilidades? Se habla del a priori porque es lo que tenemos la posibilidad de contemplar, es lo 煤nico que crea la epagoj茅 y la 煤nica fuente de conocimiento filos贸fico. A煤n resuenan las expresiones de Heidegger: 鈥淟a filosof铆a no puede sugerir jam谩s de una forma instant谩nea las fuerzas o llevar a cabo las maneras de acci贸n o condiciones que susciten una acci贸n hist贸rica鈥. Quiz谩 tenga raz贸n, pero ese canto al inmovilismo est谩 dotado de fuerza conservadora y ya forma parte a una filosof铆a pr谩ctica. La filosof铆a, eso es verdad, no puede acertar hechos m谩s que esos que se siguen de las maneras de ocasi贸n. Al ser, bajo la composici贸n de maneras de ocasi贸n, la filosof铆a una metaf铆sica, lo que hace es acertar los t茅rminos en que toda discusi贸n y toda pelea tendr谩 sentido y consideraci贸n.

Poseemos un car谩cter fil茅tico sin el cual no tenemos la posibilidad de comentar de filosof铆a. 脡ste ya existe en Marcuse y, a mi modo de ver, es el tema importante de El hombre unidimensional. La necesidad del cambio trae impl铆cita la necesidad del an谩lisis de la sociedad industrializada, pero ese an谩lisis, achicado a sus elementos m谩s estereotipados y esquem谩ticos, no deja abierta la v铆a del cambio: los 煤nicos agentes de cambio no lo son, por carecer de poder material pero la situacion es que no lo son, se les asigna un nombre que no meritan. No hay agentes de cambio. No obstante se aseguran. Esta afirmaci贸n es una opci贸n pero entra dentro del marco filos贸fico: usando nuestro lenguaje para responder a inconvenientes insolubles se llega a un alegato inconsistente pero importante por su fin irrenunciable. Esta relectura de la filosof铆a que debemos a Heidegger es un ingrediente que en este exacto momento debe de estar impl铆cito y que debe asesorar la reflexi贸n filos贸fica. Marcuse lo explicita de alg煤n modo y es una situaci贸n necesaria no s贸lo por la inevitabilidad del fracaso sino por el desaf铆o que se lanza: la utop铆a est谩 a煤n m谩s lejos y, por consiguiente, la acci贸n es m谩s necesaria.

Como un primer esbozo de esta novedosa filosof铆a, El hombre unidimensional representa la forma de ocasi贸n de la filosof铆a como desaf铆o pol铆tico, de la reformulaci贸n de filien de la filosof铆a como filopoliteia, apoyado en el sue帽o que deber铆a asesorar ya toda compa帽铆a humana de que otro mundo es viable y lo vamos a hacer nosotros.