Resumen del libro “El peregrino”

El peregrino 

Paulo Coelho

Título: El Peregrino, El Mago

Título original: O Diário de um Mago

Autor: Paulo Coelho

Comunicado en: 1987

Estilo: Novela Realista/ Autoexploración.

Género: Novela Narrativa, Reflexiva.

El viaje místico de Coelho por el Sendero de Santiago

Argumento

El Peregrino es una historia que Paulo cuenta en primera persona. La historia inicia con él mismo, en una ceremonia de iniciación como maestre y caballero de una orden mágica recurrente como RAM (Regnum, Agnus, Mundi = Rigor, Amor, Misericordia).

Pr√≥ximo de ser nombrado, se equivoca y es entonces cuando todo el esfuerzo de a√Īos como aprendiz de esta orden se ven desperdiciados, y es culpado por sus maestres a encontrar su espada (elemento de su graduaci√≥n) en un anticuado sendero espiritual llamado “El Extra√Īo Sendero de Compostela” situado en la parte norte de Espa√Īa. Este era el sendero desde los pirineos franceses hasta Santiago de Compostela donde estaban las reliquias del Ap√≥stol Santiago.

Entonces, movido por la necesidad de graduarse como maestre, deja Brasil y se asienta en el pueblo francés llamado S. Jean Pied-de-Port, para el comienzo de la ruta, donde lo espera un guía italiano llamado Petrus, quien, por ordenes de RAM servirá a Paulo como guía espiritual por la Ruta Jacobea.

Es entonces cuando inicia realmente la historia, gracias a que caminando la ruta y con Petrus de compa√Īero, Paulo comienza a estudiar algunos ejercicios que mientras va continuando hacia Compostela, le son √ļtiles para seguir su sendero.

Dentro de la historia se describen cosas poco com√ļnes, m√≠sticas y sobrenaturales que le asisten a reencontrarse consigo mismo, con sus deseos y tambi√©n con sus demonios internos.

 

Personajes

Paulo Coelho: Personaje indispensable. Hombre com√ļn y fantasioso en busca del conocimiento y de los secretos que lo conducir√°n a ser un mago y maestre de la orden de RAM.

Petrus: Personaje secundario. Como de 40 a√Īos, cabellos grises y piel quemada por el sol, hombre com√ļn y gu√≠a espiritual de Paulo. Le ense√Īa las pr√°cticas de RAM.

La esposa: Es la encargada de llevar la espada al lugar que le recomienda el maestre y darle las visualizaciones a Paulo de lo tendría que llevar a cabo.

El Maestre: Hombre con poderes síquicos, maestre que recomienda el sendero que debe seguir Paulo para poder entrar en La Orden de RAM.

Mme. Lawrence: Nombre y clave con que se conoce a la mujer que lo contacta en Francia para darle las claves de su guía, de edad más grande, mal humorada y gorda

 

Estilo

El Peregrino es una novela ver√≠dica, redactada en 1¬į persona, con un estilo de autoexploraci√≥n, d√≥nde Paulo intenta expresarnos a trav√©s de su recorrido por el Sendero de Santiago y las vivencias vividas, la necesidad que tenemos todos nosotros de encontrar nuestro sendero en la vida, para darle un sentido real a la misma, hacer mejor como personas y encontrar un m√°s grande avance espiritual.

 

 

Resumen de El Peregrino por capítulos

El Maestre levant√≥ mi novedosa espada, era mi ordenaci√≥n como Maestre de la Orden de RAM. Enterr√© mi vieja Espada y el Maestre coloc√≥ mi novedosa espada frente a m√≠ y con sus poderes genero una luz extra√Īa cerca nuestro, con su espada toco mis hombros y mi cabeza mientras dec√≠a: -Por el Poder y el Amor de RAM, yo te nombro Maestre y caballero de la Orden. Cuando salga de su vaina, jam√°s las regreses sin antes haber hecho un bien. Desde ese momento por ahora no era indispensable ocultar lo que hab√≠a aprendido en el sendero de la tradici√≥n. Ya era un Mago. En el momento que me dispon√≠a a tomar mi Espada, me piso los dedos, yo no entend√≠ lo que pasaba, llamo a mi mujer y le entrego la Espada, despu√©s me dijo, -¬°Aleja la mano que te enga√Īa! Deb√≠as haberla rechazado, de haberlo hecho se te hubiera entregado, por que tu coraz√≥n estaba puro, pero resbalaste y por culpa de tu avidez, deber√°s caminar otra vez en busca de ella-. Me encontraba at√≥nito, mi espada vieja estaba enterrada y la novedosa no me fue entregada, ten√≠a que comenzar, estaba de vuelta en el planeta del Odio y de la tierra. Cuando nos retiramos, nadie se despidi√≥ de m√≠, no pod√≠a tocar la Espada sin la autorizaci√≥n del Maestre. -El Maestre mencion√≥ que no eras el primero que le ocurr√≠a eso ‚Äďdijo mi mujer en el camino- y que la Espada te estar√≠a esperando a una alguna hora, en una alguna fecha y en un punto de un sendero que deber√°s recorrer. Me dijo donde debo ocultarla y que la buscaras en una vieja ruta medieval

 

LA LLEGADA

Yo iría a Francia al acercamiento de Mme Lawrence en San Juan Pied-de-Port. Mi mujer cumpliría el encargo del Maestre y después regresaría a Brasil. Así como los musulmanes tienen que ir por lo menos una vez en su crónica a La Meca, En el primer milenio los cristianos tenían que recorrer un de las rutas sagradas. Aunque no descubriera mi Espada, la peregrinación por el Sendero de Santiago haría que me descubriera a mí mismo.

 

SAN JUAN PIED-DE-PORT

Llegu√© donde me estar√≠a esperando Mme. Lawrence. Sin siquiera preguntar que quer√≠a me condujo al segundo piso de la casita. Coloc√≥ un manto sobre mis hombros y un sombrero en mi cabeza, llevaban veneras cosidas, me entreg√≥ un cayado en el que amarro una peque√Īa cantimplora, poniendo sus manos sobre mi cabeza realiz√≥ unas oraciones y me logr√≥ jurar obediencia total a mi gu√≠a. El sombrero me proteger√≠a del sol y los p√©simos pensamientos. El manto, de la lluvia y las malas expresiones. El cayado de los contrincantes y las malas proyectos, me dio las contrase√Īas y me mencion√≥ que mi gu√≠a me esperaba a 2 Km. de all√≠. Saqu√© de la cajuela del carro mi mochila y un saco de descansar y sal√≠ de la regi√≥n siguiendo las normas. Ya estaba pisando el Sendero de Santiago, apresur√© mi paso hasta llegar al anticuado pozo, me esperaba un gitano que dijo ser mi gu√≠a, me propuso que si yo quer√≠a √©l buscar√≠a la Espada por m√≠, cuando estaba por contestarle detr√°s de m√≠ apareci√≥ un hombre como de 40 a√Īos, cabellos grises y piel quemada por el sol, se presento como Petrus y comenz√≥ a darme la contrase√Īa, entonces me percat√© que el otro hombre era un impostor, tomo su mochila y se alej√≥, le pregunte que quien era el otro hombre, me mencion√≥ que nos hab√≠amos encontrado con un demonio y que encontrar√≠amos m√°s en el sendero, seg√ļn √©l, el acercamiento hab√≠a sido un presagio favorable, dado que el demonio se hab√≠a revelado muy pr√≥ximamente. Mencion√≥ que en el sendero me ense√Īar√≠a algunos ejercicios y algunos rituales populares como las Pr√°cticas del RAM. Entonces me ense√Īo El Ejercicio de la Semilla.

 

EL CREADOR Y LA CRIATURA

Durante seis d√≠as hice el Ejercicio de la Semilla. -Estoy muy contento de estar aqu√≠, -me dijo- el trabajo que deje de llevar a cabo ya brinda lo mismo, y los trabajos que realizare despu√©s de esto ser√°n muy superiores. El s√©ptimo d√≠a, mientras hac√≠a el √ļltimo ejercicio de la semilla, permanec√≠ inmovil, con una bofetada me despert√≥ Petrus y dijo en tono furioso -¬°No te olvides de tus objetivos! Todav√≠a tienes muy que llevar a cabo entes de encontrar la espada.- Mencion√≥ que eso le pasaba a la multitud que se fascinaban con los datos y se olvidaban de lo que buscaban. Cuando nos aproxim√°bamos a un pueblecito, Petrus me detuvo y mencion√≥ que era momento de ense√Īarme la segunda ejerce del RAM. nos sentamos en el suelo, yo me encontraba impaciente, ya quer√≠a llegar, Petrus fumaba su cigarro serenamente, miraba la planicie y despu√©s de un rato me pregunt√≥, -¬ŅQu√© tal la traves√≠a por los pirineos? Verdaderamente bien -respond√≠-. Debe estar verdaderamente bien -comenz√≥ a decir- dado que nos tardamos seis d√≠as en llevar a cabo lo que se pudo haber hecho en s√≥lo uno. Me explico que en mi af√°n de encontrar mi Espada, jam√°s me preocupe por el sendero, hab√≠amos estado dando vueltas, era mi obligaci√≥n notarlo, – Eso te pas√≥ por que tu acto de caminar no exist√≠a, s√≥lo tu deseo de llegar-. Dijo. Estaba tan asombrado que me olvide del fri√≥ y del pueblecito, por eso era destacable la segunda Pr√°ctica del RAM: encontrar de lo que estamos familiarizados a abarcar todos los d√≠as los secretos que no logramos ver a trav√©s de la rutina. Petrus me ense√Īo ‚ÄúEl ejercicio de la Velocidad. Respire profundo y intente no dudar en nada, el planeta estaba all√≠ cerca de m√≠, me percat√© que pocas oportunidades la hab√≠a prestado atenci√≥n. Al otro d√≠a muy temprano nos vamos a buscar a un brujo, entramos a una iglesia, me presento con el padre Jorge, -un brujo vestido de padre-, me condujo hasta un cuarto distanciado y comenz√≥ a decirme que la ruta de Jacobea era el sendero de la Espada, podr√≠a traerme poderes, pero eso no era muy, ¬Ņd√≥nde est√°n tus veneras? -me pregunt√≥-, le entregu√© las conchas, las puso sobre de una mesa, ubicamos las manos sobre ellas y comenz√≥ ha llevar a cabo unas oraciones, de las conchas sali√≥ una luz brillante, retiro las manos y las conchas dejaron de brillar, mencion√≥ que pod√≠a irme con la bendici√≥n de la Virgen de Ronces valles a Santiago de la Espada, mencion√≥ que s√≠ nos perd√≠amos que sigui√©ramos las marcas amarillas. Me dijiste que me llevar√≠as con un brujo no con un cura, -le pregunt√© cuando salimos- ¬Ņqu√© debe ver la magia con la iglesia cat√≥lica?-. -Todo- me contest√≥-

 

LA CRUELDAD

Llev√°bamos caminando cinco d√≠as. Yo por ahora no pensaba en el trabajo, mis intranquilidades hab√≠an desaparecido. -El sendero que estas llevando a cabo -dijo- es el sendero del poder, el sendero que era una tortura se empieza a cambiar en exitaci√≥n. Con esto estas alimentando algo muy destacable, tus sue√Īos. El sue√Īo es el alimento del alma, cuando observamos nuestros sue√Īos frustrados es exacto continuar so√Īando, si no nuestra alma muere y √Āgape no penetra en ella. Lo destacable es librar un √≥ptimo combate. El primer s√≠ntoma de que estamos matando nuestros sue√Īos es la carencia de tiempo, cuando la multitud se sienten cansadas y se quejan de que el d√≠a es muy corto. El segundo s√≠ntoma son nuestras certezas, nos suponemos sabios, justos y correctos con lo poco que le pedimos a la vida. El tercero y √ļltimo s√≠ntoma, es la paz, la vida por ahora no nos pide colosales cosas, dejamos a un lado las fantas√≠as de la ni√Īez. Pero de todos m√©todos en lo m√°s intimo de nuestro coraz√≥n, entendemos que renunciamos a luchar por nuestros sue√Īos, a librar el Buen Combate-. Se detuvo y permanecimos en silencio algunos minutos, me entrego un alfiler de oro. -Se llama el Punto de la Crueldad -dijo-. Todos los d√≠as observamos el m√°s considerable sendero por seguir, pero s√≥lo andamos por el sendero al que estamos familiarizados. La √ļnica forma de socorrer nuestros sue√Īos es siendo generosos con nosotros. Alg√ļn intento de auto castigo debe ser tratado con vigor-. Y me ense√Īo el Ejercicio de la Crueldad.

 

EL MENSAJERO

Nos detuvimos en Puente de Reina, dos ni√Īos jugaban con una pelota a orillas de r√≠o, bajamos para acercarnos, cuando la pelota callo cerca de Petrus la tomo y me la arrojo, uno de los ni√Īos se acerco y me la pidi√≥, retuve la pelota por un momento, entonces se agacho y cogi√≥ una piedra. Si no me la das te la arroj√≥ -dijo-, lo amenace con darle una paliza si me la aventaba, entonces prometi√≥ entregarme un relicario que estaba enterrado debajo del puente, pero me negu√©. -Se√Īor -comenz√≥ a decirme- usted no necesita la pelota, es fuerte viaj√≥ y recurrente el planeta. Yo solo conozco las m√°rgenes de este r√≠o y mi √ļnico juguete es esta pelota. Devu√©lvamela por favor. La sensaci√≥n de que ya hab√≠a le√≠do o vivido aquella situaci√≥n logr√≥ que resistiera una vez m√°s. S√ļbitamente el paisaje cerca de m√≠ se transformo, me sent√≠ transportado a un riguroso y terror√≠fico desierto, s√≥lo yo y el ni√Īo frente a m√≠, era m√°s grande ten√≠a facciones simp√°ticas y amigables, pero en sus ojos brillaba algo que me daba miedo, la visi√≥n no duro m√°s de un segundo, Petrus tomo la pelota y se la dio al ni√Īo. Media hora m√°s tarde llegamos a otro puente, ¬ŅPara qu√© quer√≠as la pelota? me pregunt√≥, le dije que hab√≠a actuado as√≠ por que pens√© que la pelota era algo destacable para √©l, -De hecho si lo fue. -comenz√≥ a decir- Logr√≥ que establecieras un contacto victorioso con tu demonio personal. ¬ŅMi demonio personal? -pregunte-. Te tent√≥ de tres formas cl√°sicas, con una amenaza, con una promesa y con tu lado d√©bil, felicidades resististe valientemente. Es hora de llamarlo otra vez. Lo vas a necesitar. Hay b√°sicamente dos fuerzas espirituales, un √°ngel y un demonio, el √°ngel nos afirma siempre, el demonio tambi√©n es un √°ngel, pero es una fuerza libre, rebelde. Quiero llamarlo mensajero, la √ļnica forma de lidiar con √©l es acept√°ndolo como amigo, oyendo sus consejos, pero jam√°s dejando que imponga las reglas, para eso es requisito, primero, que sepas lo que quiere, y despu√©s que sepas su faz y su nombre. Entonces me ense√Ī√≥ el Ritual del Mensajero. Me pidi√≥ que lo realizara a lo largo de la noche. Como a las nueve de la noche llegamos a Estrella, despu√©s de disfrutar la cena nos vamos hasta el r√≠o Ega, me sent√© y comenc√© el ejercicio, primero se han comunicado varias imagines hasta que s√ļbitamente estaba en el desierto y all√≠ estaba el joven de facciones simp√°ticas, me sonre√≠a y me mostr√≥ una bolsa, no consigua ver dentro, s√ļbitamente un nombre vino a mi mente: Astrain. El mensajero logr√≥ una se√Īal afirmativa con la cabeza, hab√≠a descubierto como se llamaba, entonces di por terminado el ejercicio. La conversaci√≥n con el Mensajero ser√° muy m√°s productiva si lo convocas todos los d√≠as, -dijo Petrus- tienes que cubrir distinguir realmente bien la asistencia real del enga√Īo.

 

EL AMOR

Llegamos a un pueblo, donde un gitano antes de ser quemado lanz√≥ su maldici√≥n al ni√Īo m√°s peque√Īo de la aldea, el due√Īo del bar nos indico la vivienda donde hab√≠a ca√≠do la maldici√≥n, cuando llegamos a la vivienda nos recibi√≥ una anciana, le pedimos agua, de mala gana nos paso, un perro negro la acompa√Īaba, nos dio el agua apur√°ndonos para que nos fu√©ramos, el perro parec√≠a muy alcanzable, pero no me quitaba la mirada de encima, entonces me percat√© que no era yo quien miraba al perro, aquel animal me hipnotiz√≥ y mantuvo mis ojos fijos en los suyos, comenc√© a sentir muy sue√Īo, yo quer√≠a comentar, pero no pod√≠a. Algo dentro de m√≠ comenzaba a manifestarse, quer√≠a decir expresiones extra√Īas y comenc√© a decir en voz alta esas expresiones, el can me mostr√≥ sus colmillos, por ahora no era el animal d√≥cil de cuando llegamos, comenc√© a gritar sin preocuparme por contemplar la lengua extra√Īa que esta hablando, s√ļbitamente la vivienda se sacudi√≥, el perro se lanzo sobre m√≠, aullando, su peso me derrumbo, durante algunos instantes nuestros ojo se quedaron fijos de manera reciproca y s√ļbitamente sali√≥ corriendo. Comenc√© a llorar y sent√≠ una colosal sensaci√≥n de amor, salimos de la vivienda. Estaba feliz con aquel amor inmenso que me hab√≠a invadido. Llegamos como alas ocho a un hotel, yo continuaba en aquel estado de beatitud, despu√©s de la cena comenzamos a comentar de lo que pas√≥, -Aller -comenz√≥ a decir Petrus- cuando se presento tu Mensajero, sab√≠a que estaba por iniciarse un combate en el Sendero, has aplicado todo lo que te he ense√Īado, tratando hallar un fin pr√°ctico. El lenguaje de tu coraz√≥n determinar√° la forma precisa de cubrir y conducir tu Espada. Me mencion√≥ que la sensaci√≥n de alegr√≠a se debi√≥ a que su acci√≥n fue tocada por √Āgape, -Las lenguas hay que a un Carisma, el don de lenguas. Te ense√Īare otra pr√°ctica que despertara tu intuici√≥n. As√≠ mismo empezar√°s a contemplar el lenguaje secreto de tu mente-. Me ense√Īo el Ejercicio del Agua.

 

EL CASAMIENTO

Ya hab√≠an transcurrido cinco d√≠as del hecho con el perro, llegamos a Logro√Īo, estaban de fiesta, se celebrar√≠a una boda. La fiesta empezar√≠a alg√ļn ocasi√≥n, Petrus comenz√≥ a explicarme como el padre de la novia, la novia y el novio estaban contentos, era por que estaban realizando su sue√Īo y estaban exponiendo a todos que hab√≠an alcanzado una misi√≥n. No es una fiesta para seducir a nadie y por eso ser√° entretenida, todo recomienda que son personas que ya libraron el Buen Combate del Amor. Cuando los novios cortaron el pastel, dije -parecen amarse-, Petrus comenz√≥ a decirme que exist√≠an tres expresiones griegas para designar el cari√Īo, ‚ÄúEros, Filos y √Āgape‚ÄĚ, mencion√≥ que en ese momento est√°bamos observando la manifestaci√≥n de Eros. Los novios creen en el cari√Īo y est√°n participando en la misma aventura, pero si √©l siente que no es libre para llegar a manifestar todo el Eros que siente por otras mujeres y ella siente que sacrifico una carrera brillante por acompa√Īar al marido. Eros, el esp√≠ritu que los une comenzara a exhibir s√≥lo su lado malo y pasar√° a ser fuente de odio y destrucci√≥n. m√°s all√° de ser bueno o malo, la cara de Eros jam√°s es el mismo. ‚ÄúFilos‚ÄĚ. Es el cari√Īo con fachada de amistad, cuando la llama de Eros por ahora no puede brillar, Filos mantiene unidas a las parejas. Los vasos de vino que se hab√≠a tomado ya hab√≠an hecho efecto, -Vamos a divertirnos en esta fiesta sin tocar el tema del amor que devora-, entonces me acorde de sus expresiones. -Las practicas del RAM. S√≥lo tendr√°n sentido si tengan la oportunidad de ser ejecutadas por un sujeto com√ļn-. Petrus paresia un hombre como los dem√°s, platicaba con quien le prestase atenci√≥n, termino tan mareado que tuve que llevarlo del brazo al hotel. En todo el Sendero de Santiago jam√°s logr√≥ el esfuerzo achicado por parecer m√°s sabio, m√°s santo o mejor que yo. Todo lo que hab√≠a hecho fue transmitirme su experiencia. Esto me logr√≥ sentir m√°s fuerte. El Sendero a Santiago era para la multitud recurrentes.

 

EL ENTUSIASMO

√Āgape no es algo que se consigua decir con expresiones, -me dijo Petrus- debe sentirse. desde que conoc√≠ a Petrus, numerosas cosas hab√≠an cambiado en m√≠, mi apego a la civilizaci√≥n que me valor llevar a cabo a un lado, estaba superado. Cuando comenz√≥ a oscurecer nos vamos a una peque√Īa ermita enclavada en una roca, entramos en ella, dentro hab√≠a un fog√≥n hecho de piedra y algunas escudillas atentamente apiladas en el suelo, dos de ella estaban repletas de trigo y papas. Esperamos una hora, cuando pens√© que nos ir√≠amos, me dijo -Aqu√≠ est√° presente una de las manifestaciones de √Āgape, una de las m√°s puras, el cari√Īo total, el cari√Īo que devora al que lo experimenta, hace que todo pierda consideraci√≥n. Estos hombres viven s√≥lo para ser consumidos por su amor. Me mencion√≥ que en esa ermita viva un hombre llamado Alfonso, que cuando √©l peregrin√≥, llego all√≠ con su gu√≠a, los tres hicieron el Ritual de √Āgape, El Ejercicio del Globo Azul, mencion√≥ que fue una de sus vivencias m√°s indispensables de su cr√≥nica. √Āgape es muy m√°s que agradar, es un sentimiento que ocupa todo, y hace que alg√ļn intento de agresi√≥n se convierta en polvo. -Aprendiste a renacer, -dijo- a no ser sin coraz√≥n contigo, a conversar con tu mensajero, pero todo lo que hagas desde en este preciso momento, tendr√° sentido s√≥lo si fuere tocado por el Amor que devora. La mayor√≠a de los peregrinos experimentamos otra forma de √Āgape, el ‚ÄúEntusiasmo‚ÄĚ. Significa arrobamiento, vinculo con Dios, act√ļa en los primeros a√Īos de nuestras vidas, cuando jugamos y brindamos vida a nuestros juguetes. Cuando los ni√Īos se acercaron a Jes√ļs, lo hicieron sin vacilar en sus milagros o su sabidur√≠a, iban alegres, movidos por el Entusiasmo. Perdemos el Entusiasmo a trav√©s de nuestras peque√Īas y primordiales derrotas durante el Buen Combate, sin percatarnos que se nos esta escapando el sentido real de nuestras vidas y culpamos a todos de nuestra derrota. Cuando transmutaste el esp√≠ritu del perro, sentiste √Āgape en su estado puro. Petrus me ense√Īo el Ejercicio del √Āgape o el Globo Azul.

 

LA MUERTE

Ten√≠amos dos d√≠as de sendero, cuando sent√≠ una presencia, quise caminar m√°s r√°pido, pero Petrus me detuvo y me mencion√≥ que de nada servia correr, que tenia que batallar la situaci√≥n, me mencion√≥ que volteara r√°pido, antes de que fuera muy tarde, cuando voltee, se encontraba el perro negro, no me quitaba la mirada, comenc√© a sentir un mal abdominal, algo me dec√≠a que no deb√≠a dejar de verlo, si lo hac√≠a podr√≠a volver a atacarme, yo, por ahora no ten√≠a miedo, si lo hubiera tenido mis ojos me habr√≠an denunciado, present√≠ a mi derecha una silueta que se aproximaba y cruzo exactamente la l√≠nea de nuestras miradas, dijo algo que no entend√≠, su presencia era buena, amistosa y eficaz, cuando termino de pasar, mi estomago se relajo, el perro bajo los ojos y corri√≥ hac√≠a la vivienda dejada, en ese momento mi coraz√≥n se acelero, sent√≠ que me iba a desmayar, busque la silueta que me dio fuerzas para vencer al perro, era una monja rumbo a Azofra. Tu miedo te causo muy m√°s da√Īo que el perro, -me dijo Petrus- el perro en este exacto instante vaga tras de ti. Deber√°s seleccionar si deseas ser ciervo o se√Īor de esa fuerza. Al librar el Buen Combate jam√°s tienes que olvidar que atacar o hu√≠r forman parte a la pelea, lo que no forma parte a la pelea es quedarse paralizado de miedo. Al sentir una presencia eficaz tu f√©rtil imaginaci√≥n crey√≥ que alguien hab√≠a llegado para guiarte, pero fue tu fe la que t√© salvo. Eran como las siete cuando se ve√≠a la torre de la iglesia de Santo Domingo, Petrus me pidi√≥ que nos detuvi√©ramos, camin√≥ hac√≠a un √°rbol que se encontraba retirado del sendero despu√©s me pidi√≥ que me acercara y me dijo, -Aqu√≠ t√© quedas, ma√Īana te veo en Santo Domingo de la Calzada. Hoy te vas a batallar a otro tipo de enemigo, ‚ÄúLa Muerte‚ÄĚ. El hombre siempre intenta ocultarse a s√≠ mismo la seguridad de la Muerte. No se da cuenta de que, con la conciencia de la Muerte, ser√≠a con la aptitud de atreverse a muy m√°s, porque no tiene nada qu√© perder, gracias a que la Muerte es ineludible. -Nos sentamos bajo del √°rbol. Aqu√≠ estas completamente seguro, con √ļnicamente una excepci√≥n, el compromiso de tu miedo -dijo- experimentaras la forma m√°s pavorosa de fallecer. Y Petrus me ense√Īo El Ejercicio del Enterrado Vivo. Ese ejercicio se hace s√≥lo una vez. Te estar√© esperando en el parador -me dijo mientras se alejaba.- Ya hab√≠a obscurecido, estaba all√≠ s√≥lo en el campo, me acost√© en el suelo y mire las ramas sobre mi cabeza, empec√© a o√≠r ruidos extra√Īos, s√ļbitamente se escucho como si se rompiera una rama, me asusto y mi coraz√≥n se acelero, lo considerable era llevar a cabo el ejercicio e irme al hotel, puse mis manos sobre mi pecho y me relaje. Algo a mi lado se movi√≥, di un salto y en el instante me puse parado, no era nada, la noche hab√≠a tra√≠do los terrores del hombre. Me volv√≠ a acostar, estaba sudando, entonces comenc√© el Ejercicio.

 

LOS VICIOS PERSONALES

Est√°bamos en un campo de trigo chato, una columna medieval rematada por una cruz marcaba el sendero de los peregrinos. Vamos a rezar -dijo- por la √ļnica cosa que derrota a un peregrino cuando encontr√≥ su Espada: los vicios personales. ‚ÄúTened piedad, Se√Īor,‚ÄĚ por que somos peregrinos sendero a Compostela, y esto puede ser un vicio. Haced que jam√°s consigamos volver el abarcar contra nosotros. As√≠ comenzamos a soliciar piedad por todos los vicios y excesos de la raza humana.

 

LA CONQUISTA

Llegamos a una extravagante obra de la naturaleza, una depresi√≥n donde una cortina de agua se precipitaba al centro de la tierra, bajamos, era un oasis en medio del desierto. Vamos a remontar esa cascada -dijo mi gu√≠a-. Est√°bamos frente una pared de m√°s de quince metros de altura, no ten√≠a protuberancias de donde apoyarse y la hondura del lago era m√≠nima. Le dije que no subir√≠a por que me iba a caer. Ubica atenci√≥n -dijo- voy a subir primero, sin ning√ļn don y voy a conseguirlo, despu√©s tendr√°s que llevarlo a cabo tu, si te reh√ļsas estar√°s rompiendo tu juramento. Se quito la ropa. -Vas a poner en pr√°ctica todo lo que has aprendido.- Entr√≥ en el agua fr√≠a, se ense√Īaba contento, antes de entrar bajo el velo del agua me mencion√≥ que este no me dejar√≠a ver donde iba a poner sus pies y manos y de esta misma forma un disc√≠pulo jam√°s puede imitar los pasos de su gu√≠a. Y comenz√≥ a subir, la cabeza de Petrus se asomo arriba y de un movimiento r√°pido impulso su cuerpo hacia arriba, por √ļltimo apareci√≥ en una de las orillas, lleno de luz y sonriente. Vamos -grit√≥- en este exacto instante te toca. Me quite la ropa y me sumerg√≠ en el agua fr√≠a, me percat√© que la cascada era muy m√°s fuerte de lo que cre√≠a, cuando atraves√© la cortina de agua mi cuerpo quedo entre la piedra y la cascada, la piedra estaba llena de huecos. ¬ŅVes? -me grito Petrus- despu√©s de resuelto, un problema es de una simplicidad espantosa. Ya hab√≠a recorrido todo el sendero, hac√≠a falta el desenlace, acerque mi cabeza, el torrente de agua que rug√≠a sobre m√≠, era ensordecedor, comenc√© a tener adversidades para respirar, luchaba con todas mis fuerzas por sostener mis pies y manos agarradas a las salientes, cuando mi cabeza emergi√≥ totalmente, vi brillar el sol sobre m√≠ y aspire el aire que me rodeaba. El impulso final deb√≠a ser grande, el agua golpeaba en mi pecho, consigua sacar un brazo y encontr√© una protuberancia donde me apoye y despu√©s la otra mano, entonces el √ļltimo paso fue dado, todo mi cuerpo atraves√≥ el agua, me arrastre hasta la orilla. Quise levantarme, pero el cuerpo exhausto rehus√≥ obedecerme, me que dormido un rato, cuando despert√© me ense√Īo el SOPLO DE RAM.

 

LA LOCURA

Llegamos a Foncebad√≥n, estaba en ruinas, all√≠ se encontraba la cruz de hierro, una de las se√Īales m√°s indispensables del sendero. Cuando quise apretar el paso, Petrus decidi√≥ que descans√°ramos. Todo lo que te ense√Īe -comenz√≥ a decir- solo tiene sentido si estas satisfecho contigo, si no fuera as√≠ los ejercicios que te ense√Īe te llevaran a desear un cambio, el deseo de batallar contra todo aquello que no te satisface en tu vida d√≠a tras d√≠a. La √ļnica forma de tomar una decisi√≥n precisa es cubrir cual es la decisi√≥n equivocada. Entonces me ense√Īo el Ejercicio de las Sombras, me dejo solo par que lo realizara y encontrara la soluci√≥n precisa en la b√ļsqueda de mi Espada, cuando regres√≥, le dije que mi espada estar√≠a en un espacio seguro, abierto pero poco concurrido, en una iglesia de una peque√Īa ciudad entes de llegar a Santiago. Petrus se mostr√≥ orgulloso, pero s√ļbitamente se puso tenso, mire a un lado y all√≠ estaba el perro, hab√≠a llegado la hora de enfrentarlo, el perro comenz√≥ a arrimarse, cuando busque a Petrus no estaba, deje de dudar y me concentr√© en la pelea que ten√≠a que librar, comenc√© a sentir miedo, entonces el perro se abalanz√≥ sobre de m√≠ y comenz√≥ a atacarme, sent√≠a sus garras y sus mordidas en mi cuerpo, algo en mi interior me dec√≠a que deb√≠a dejar todo y dejar que el perro me dominara, un ruido llamo la atenci√≥n del animal, eran unas ovejas que iba atravesando la calle, el perro se me quito de enzima dispuesto a atacarlas, aproveche la oportunidad y lo agarre por una pata, una fuerza comenz√≥ a verse dentro de m√≠, me arroje sobre el perro y comenc√© a morderlo, el animal empez√≥ a mirarme con pavor, se me solt√≥ y lo acorrale, ten√≠a ganas de despedazarlo, me percat√© que algo anda mal, el perro en este exacto instante ten√≠a miedo, los demonios lo hab√≠an abandonado y en este exacto instante estaban dentro de m√≠, me percat√© que ten√≠a que aguantar y no matar a aquel animal en este exacto instante indefenso y despedir a los demonios, √Āgape se apodero de m√≠, mi cuerpo tembl√≥ y los demonios regresaron a la tierra, el perro sangraba y mov√≠a su cola, Petrus estaba de vuelta, con su camisa logr√≥ un torniquete en mi pierna que sangraba muy, me sugiri√≥ que hiciera el Soplo de RAM.

 

EL MANDAR Y EL SERVIR

Ese d√≠a dormimos all√≠, cuando despert√© ten√≠a algo de fiebre, Petrus trajo a una anciana para que me curara, cuado me recuper√© continuamos el sendero. Petrus mencion√≥ que en mi b√ļsqueda hab√≠a un secreto que aun no hab√≠a descubierto. √Čl se hab√≠a dado cuenta de la presencia del perro, por el sentido del o√≠do, me mencion√≥ que hab√≠a escuchado sus ruidos. Un hombre que no sabe o√≠r -dijo- no puede escuchar los consejos que la vida nos da a cada instante. Me ense√Īo el Ejercicio de la Audici√≥n. Me mencion√≥ que ese ejercicio me ayudar√≠a a tomar la decisi√≥n precisa, despu√©s me pidi√≥ que levantara con mis pensamientos una cruz que estaba ca√≠da en el sendero, me concentr√© pero por m√°s intentos que hice no lo consigua, despu√©s de un rato me dijo molesto que entonces lo hiciera con las manos. Yo ten√≠a las manos y los brazos vendados por la pelea, pero paresia no importarle eso, lo obedec√≠, cuando intente levantar la cruz las lesiones que ten√≠a me hicieron gritar de mal, entonces enroll√© mi camisa en mi mano y con una piedra comenc√© a golpear la base de la cruz para aceptar que caiga unos hilos de madera que todav√≠a la sujetaban, cuando lo consegu√≠ mi mano sangraba, Petrus ya estaba dormido, continu√© con mi trabajo, enrolle la camisa en en este exacto instante en mi mano izquierda y comenc√© a cavar un hoyo. -Petrus debe tener sus motivos- pensaba, pero mientras m√°s golpeaba el suelo, √©ste se convert√≠a en su rostro, s√ļbitamente la piedra choco con otra piedra, no pod√≠a continuar ni tampoco pod√≠a comenzar otro hoyo ni arrastra la cruz a otro sitio, entonces record√© el Ejercicio de las Sombras, ‚ÄúLa soluci√≥n equivocada te indicar√° la correcta‚ÄĚ el sendero exacto era levantar el piso, forme un hoyo por arriba del nivel del piso con piedras y tierra, me ponga por debajo de la cruz y me levante recordando el ejercicio de la Semilla hasta ponerla en el hoyo, admire mi trabajo por un momento, Petrus segu√≠a dormido, con el pie lo mov√≠ para que se despertar, bruscamente se despert√≥ y miro la cruz, todo lo que dijo fue -Muy bien, en Ponferrada te cambias el vendaje-.

 

LA TRADICI√ďN

Cuando llegamos al hotel me cambie las ropas, despu√©s de cenar hemos entregado un paseo, nos detuvimos en la estaci√≥n ferroviaria, comenz√≥ a decirme que el Sendero de Santiago estaba por finalizar. Los hombres que se creen sabios son indecisos en el instante de enviar y son rebeldes en el instante de ser √ļtil. Les se ve vergonzoso sugerir √≥rdenes y una deshonra recibirlas. Jam√°s te comportes as√≠. Me pidi√≥ que cerrar√° los ojos y que hiciera el Ejercicio del Soplo, no deb√≠a abrirlos hasta que √©l me hubiera ense√Īado un ejercicio, comenz√≥ a decirme que era su primera ocasi√≥n como gu√≠a y que no hab√≠a logrado hacerme estudiar el secreto de mi Espada, que en este exacto instante me tocaba aprenderlo por mi mismo. Te estoy diciendo esto por que s√≥lo vamos a hallarnos una vez m√°s. Me exalte y abr√≠ los ojos, Petrus estaba brillando. ¬°Cierra los ojos! -dijo- y obedec√≠. Ma√Īana ‚Äďsigui√≥ diciendo- recibir√°s un mensaje que te dir√° d√≥nde estoy. Ten presente que tu sendero es uno de numerosos que llevan a Dios. Entonces me revelo el secreto del Camino. ‚ÄďSi encuentras tu espada, tendr√°s que ense√Īarle el Sendero a alguien, entonces encontraras todas las respuestas dentro de tu coraz√≥n. Entonces me ense√Īo el Ejercicio de la Danza, que tendr√≠a que hacer al otro d√≠a, despu√©s Petrus desapareci√≥. Al d√≠a siguiente recib√≠ un recado que dec√≠a, -7:00 PM Castillo de los Templarios. Despu√©s de m√≠ comenzaron a llegar personas de diferentes partes de todo el planeta, nos vamos hasta la vieja capilla del castillo, se encontraba iluminada por antorchas, nos esperaban siete personas con trajes seculares de templarios, uno de los caballeros era Petrus, me entreg√≥ una t√ļnica para que me la pusiera, entonces trazaron un circulo a eso que nos circunda como protecci√≥n, los caballeros comenzaron a invocar al poderoso Rey N, el Sumo Sacerdote escribi√≥ en la tierra los 72 nombres con los que Dios es llamado en la Tradici√≥n, todos comenzamos a recitar los nombres sagrados y lleg√≥ el momento de la danza, comenc√© a dudar en mi ni√Īez y una lejana voz de mujer dentro de m√≠ comenz√≥ a cantar canciones de ronda, comenc√© a bailar, me encontraba totalmente en el ritual y entre en √©xtasis, despu√©s de un rato el Sumo Sacerdote nos logr√≥ volver del trance. El Sumo Sacerdote le pidi√≥ al Esp√≠ritu N que se retirara, mand√≥ llamar a un australiano y le pregunt√≥ si estaba dispuesto a ser ciervo de la vivienda y este acepto, su Maestre se aproximo a √©l y le entreg√≥ su espada, son√≥ la campana de una iglesia y se retiraron los caballeros, ya estaba amaneciendo, yo segu√≠a sin encontrar el secreto mi Espada.

 

EL CEBREIRO

Esa noche continu√© mi sendero, en Villafranca del Bierzo visit√© el Portal del Perd√≥n y la iglesia de San Jos√© Obrero, pero mi Espada no estaba all√≠, entonces continu√© mi sendero a Compostela, esa noche dorm√≠ y com√≠ en la vivienda de una anciana, rece e hice los ejercicios, resolv√≠ invocar a Astrain, necesitaba comentar con √©l sobre el secreto de la Espada, no me dijo nada destacable gracias a que estos secretos le estaban vedados, al otro d√≠a continu√© mi sendero, esa misma tarde llegar√≠a a Galicia, donde se encontraba Santiago de Compostela. El sendero se volv√≠a cada vez m√°s pesado, comenc√© a dudar que suceder√≠a si no la encontrara, me repet√≠a cuan destacable era para m√≠ el Sendero a Santiago. S√ļbitamente algo estallo dentro de mis pensamientos, todo estaba claro, durante todo el sendero lo √ļnico que quer√≠a cubrir era donde estaba mi Espada, pero jam√°s me pregunt√© por que quer√≠a hallarla y para que la necesitaba, cuando alguien quiere algo, debe tener una finalidad muy clara para lo que quiere, hab√≠a descubierto el secreto, en este exacto instante encontrar√≠a lo que buscaba, continu√© caminando entrando en trance, estaba consiente de adonde quer√≠a llegar, cuando atravesaba una monta√Īa me encontr√© cubierto de neblina, todo estaba en silencio, de dentro de mi surgi√≥ una vos femenina que me dec√≠a que tenia que seguir adelante, la niebla se disipo totalmente y en lo prominente del pico de la monta√Īa de Pedrafita de Cebreiro, estaba la cruz, cuando sub√≠ al pie de la cruz, Como a cien metros se ve√≠a un pueblo, un cordero subi√≥ el monte hasta la cruz, comenc√© a sollozar, todas las ense√Īanzas del Sendero a Santiago volvieron a mi cabeza, tuve que venir aqu√≠ para cubrir cosas que ya sab√≠a, el cordero comenz√≥ a bajar hasta el poblado y yo lo segu√≠, el planeta era transparente para m√≠, segu√≠ al cordero hasta la capilla. Estaba llena de luz, el cordero desapareci√≥ entre las bancas, frente el altar, sonriendo, estaba mi Maestre con mi Espada en la mano, salimos del lugar y me pidi√≥ que sujetara la empu√Īadura colocado colocado junto con √©l apuntando hacia arriba entonces comenz√≥ a decir el Salmo sagrado de los que viajan y luchan por vencer. Me arrodille y toco con el acero mis hombros, comenz√≥ a llover y sent√≠ por primera ocasi√≥n en todo el Sendero el agua que ven√≠a de los cielos. Yo era digno de mi Espada porque sab√≠a que llevar a cabo con ella.

 

An√°lisis Recurrente y Literario

En esta, y en la mayor√≠a de las situaciones en todas las proyectos realizadas por Coelho, tiene un fuerte predominio el ‚ÄúNew Age‚ÄĚ o movimiento de la Novedosa Era.

Este movimiento se transporta a cabo en un contexto en donde la multitud se siente insegura sobre el sentido existencial de la vida, a la que se suman las guerras, pobreza y patolog√≠as que comprenden al planeta en esta era. Es as√≠ c√≥mo en el New Age, el hombre sue√Īa con un mundo feliz y particular, d√≥nde ni la ciencia ni la t√©cnica tienen la oportunidad de darle soluci√≥n.

Con colosal predominaci√≥n desde 1986, el New Age se considera por numerosos un movimiento universal (porque quiere hallar a todo el mundo) y sociocultural (porque se considera una √ļnica forma de pensar) muy riguroso y difuso en el sentido de que comprende diferentes culturas y fen√≥menos como la m√ļsica, cine, retiros, etc.

Las características del New Age se ven bien reflejadas en El Peregrino siendo estas:

– La fascinaci√≥n por las manifestaciones poco com√ļnes y en particular por los seres paranormales.

РLa valoración del sentimiento, la emoción, la experiencia y el progreso de la intuición, sustituyen a la exaltación de la razón de la modernidad.

РUso de terminología de la Biblia, del cristianismo y ocupaciones de la Iglesia.

La Novedosa Era no es un “Nuevo Movimiento Religioso”, ni lo que se da a contemplar como “culto” o “secta‚ÄĚ m√°s bien tiende a sugerir la clave para encontrar las correspondencias entre todos los elementos del universo, tal es as√≠ que uno consigua modular la tonalidad de su cr√≥nica y estar en armon√≠a absoluta con los dem√°s y con cuanto lo circunda.

Por otro lado debido a que el escritor cuenta esta novela desde otro pa√≠s -Espa√Īa- no posee relaci√≥n a las oportunidades sociales ocurridas en su pa√≠s, tampoco tienen predominaci√≥n en este libro.

Sin embargo, Coelho cuenta las oportunidades hist√≥ricas de algunos sitios que va atravesando, como por ejemplo cosas cosas cuando habla de la historia ocurrida en el punte llamado ‚ÄúEl Passo Honroso‚ÄĚ (en el cap√≠tulo ‚ÄúLa Locura‚ÄĚ.

En varias oportunidades, se sostiene en cuentos bíblicos, utilizando parábolas en las que comparte la sabiduría anciana y ancestral.

Coelho siempre se sostiene en cuentos históricos, ya sucedidos gracias a que dice que para ver el presente siempre hay que volver al pasado.