Resumen del libro El Cementerio de Praga. Umberto Eco

 

El argumento de esta novela histórica parte de la figura del Capitán Simonini, personaje que se dedicará desde joven, tras terminar derecho, a la muy artística tarea de la falsificación documental.
Comienza creando como notario nuevos testamentos, para, dada su excepcional capacidad, culminar haciendo un trabajo para los servicios misterios de numerosos países. A través de su implicación directa o indirecta vamos a conocer datos sobre la unificación de Italia, el Imperio de Napoleón III, o la Comuna de París.
Mientras tanto, inspirado por la educación recibida de su abuelo, comenzará a engendrar lo que será la obra de su historia, un archivo falso sobre la conspiración judeo-masónica (en España el término es muy popular de hecho oneroso régimen), que ayudará a diferentes estados a desviar las tensiones sociales internas hacia un odio a los judíos. Ésta es la narración de la gestación y elaboración de un archivo antisemita que tendrá una consideración escencial en la historia contemporánea.
La trama, con un principio y parte del nudo muy confusos, se aclara hacia el desenlace de la novela, y nos sitúa la acción entre la elaboración de nuevos documentos para distintos gobiernos y la recurrente escencial del personaje principal, intensamente antisemita, de contribuir a eliminar de la faz de la tierra a los judíos a través de un falso archivo que descubra una conspiración mundial por parte del pueblo elegido. Así ya que, el lector podrá presenciar un personaje inventado explorando entre una sucesión de hechos históricos de intensa documentación.
El aficionado a la historia agradecerá el capaz entrelazado de los distintos hechos con la trama, y más de un apunte interesante y desde luego claramente estudiado. Por otro lado la erudición, de la que Eco siempre hace gala, si no se integra en la composición de la historia, aburre, y el creador peca de exceso de datos, por medio de el recurso de ser contados por individuos que ni van ni vienen en la trama, que ralentizan, desconciertan y en último término no tienen ningún sentido narrativo.
Esto sucede entre otras cosas con los hechos relacionados con la unificación de Italia, y los ires y venires de Garibaldi y Cavour. Más tarde con la acción directa del personaje en los hechos, oportunamente, se subsana lo que a más de un lector de seguro le habrá hecho abandonar de la lectura.
No contribuye a aclarar estos planteamientos el hecho de empezar con un desdoblamiento de personalidad del personaje, así como la narración vagando entre la primera persona del capitán Simonini, la otra primera persona de su alter ego el abate Dalla Piccola, y una tercera persona que sería la voz del Narrador.
El propósito de similar combinación puede inducirnos a suponer en una dicotomía entre la subjetividad de los personajes principales y la objetividad del Narrador omnisciente, así como cierto relativismo parejo al de la historia en un desenlace filosófico que supone la imposibilidad del conocimiento histórico.
El diseño de individuos merece una mención además, tanto para bien como para mal. La presentación del Capitán Simonini revela todas las admirables caracteristicas como escritor de Umberto Eco, que hace gala aquí de unas capacidades portentosas para dotar de personalidad en un primer instante, con un repertorio de estereotípos racistas: El abuso de la cerveza los regresa incapaces de tener la menor iniciativa de su vulgaridad, pero lo extraordinario de esa vulgaridad es que no se avergüenzan de ser alemanes.
Son pésimos . Matan por aburrimiento. Es el único pueblo que mantuvo ocupados a sus ciudadanos a lo largo de numerosos años en eso de cortarse la cabeza unos a otros. Injertad, como se hace con las plantas, un francés con un judío (mejor aún si es de origen alemán) y tendréis lo que tenemos: La Tercera República.
Y continúa de esta forma para ofrecernos un concepto cabal de lo que es un ser misántropo, misógino, discriminador, egoísta y completamente carente de escrúpulos hacia sus semejantes. Al fin y al cabo, el capitán Simonini de Umberto Eco es lo malo de lo malo, un ser incapaz de amar pero con una aptitud extraordinaria de odiar, y así mismo libre frente algún sentimiento gregario.
Comprendiendo las muestras al comienzo del libro, Eco se olvida totalmente de algún intento de argumentar las motivaciones o las emociones más allá de la superficialidad diaria y práctica de todos sus individuos.
Es primordial un enemigo para ofrecerle al pueblo una promesa. El sentimiento de identidad se funda en el odio, en el odio hacia los que no son idénticos. Hay que cultivar el odio como pasión civil. El enemigo es el amigo de los pueblos. El odio es la verídica pasión escencial. Es el cariño el que es una situación anómala. Por eso mataron a Cristo: hablaba contra natura. No se quiere a nadie toda la vida. En cambio, se puede odiar a alguien toda la vida.
Más atrayente que todo lo mencionado se ve ser el juego de guiños entre la historia y sus referentes, porque Eco, revela dos probables orígenes para el archivo Protocolos de los sabios de Sión, piedra angular del libro. Uno es Sue, y el otro Dumas. El personaje, el antihéroe más especial, basa exactamente parte de sus vivencias y tarea documental en los héroes conformados en los folletines.
Así observamos como en expresiones de Gramsci el primer criterio de superhombre no se ajusta a Nietzsche, sino al Conde de Montecristo de Alejandro Dumas. En su concepción libre y despasionada de algún gregarismo, el capitán Simonini encarna el sentido del hombre postmoderno, quien habiendo abandonado toda pertenencia a Dios no posee ningún problema en anteponer los objetivos a los medios, concepción maquiavélica que se encuentra en toda la novela.
Desprendido de algún concesión a la galería en relación a identificación del personaje con el lector Eco narra homicidos, robos y estafas, así como el profundo desprecio hacia el similar, con una fina ironía y sentido del humor que se encuentra dentro de los puntos fuertes de la… [continua]

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