Resumen de la película Lolita

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua inicia un viaje de tres pasos desde el borde del paladar, para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro 40 y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.”
(Lolita, Vladimir Nabokov)

Así empieza la novela de Nabokov, constructor también del guion para su adaptación cinematográfica (tras no pocas inquietudes y desencuentros con el director) que, se ve ser, no quedó muy satisfecho del resultado final de la película (aunque las ediciones sobre este punto son diversas). Sea como fuere, he amado reseñar el comienzo de esta increíble novela como germen indiscutible de un film a mi abarcar admirable, no tanto en su aproximación a la fuente literaria (o al menos no es lo que aquí se va a tratar) como en su condición de obra completamente autónoma y realmente bien significante por sí misma.

Si magnífico es el arranque de la novela, no es así menos el de la película: tras el sugerente chato de los títulos de crédito con unas manos pintando las uñas de un pie femenino (digno del mejor Buñuel), el film empieza (fotograma 1) con el asesinato de Quilty (Peter Sellers) a manos de Humbert Humbert (un fenomenal James Mason), una secuencia de cáustico humor y tono onírico (¿quién podría denegar que toda la escena pudiera ser exactamente un sueño del personaje primordial?) que piensa un magnífico prólogo a la narración de la ondulada relación entre el instructor y la joven nínfula que brinda título a la película.

Inmediatamente después de este inicio, Kubrick nos sitúa 4 años atrás, con la llegada del personaje primordial a New Hampshire, donde quiere pasar unos meses de descanso antes de incorporarse a su novedosa cátedra en la facultad de Beardsley. La visita al domicilio de Charlotte Haze (Shelley Winters) en busca de una habitación para pasar el verano sirve al director para exhibir de una tacada (y de forma exactamente caricaturesca) numerosos de los peores defectos de la clase media de america, personificados en el personaje de la insufrible viuda: vulgaridad, mal gusto, indiscreción y un accionar preadolescente están próximo de ocasionar la huida despavorida del instructor Humbert cuando, en el último momento, revela a la joven Lolita (Sue Lyon) en el jardín (fotograma 2). Súbitamente, el insufrible ámbito (incluida la estúpida canción que suena en la radio de la joven y que se va a editar en leiv-motiv musical de la película) se transforma a los ojos del personaje primordial en una especia de jardín del edén en el que no duda en establecerse, frente la sorpresa de Charlotte.

La película consigue aquí su tono más desacomplejadamente humorístico, a través de algunas ocasiones de la convivencia de Humbert Humbert con Charlotte y su hija Lolita (la secuencia en el autocine con las manos de los tres individuos coincidiendo “accidentalmente” en el regazo de Humbert Humbert es magnífica en este sentido), hasta que en un baile de verano, entra en escena el enigmático Clare Quilty, un personaje que va a ir mostrándose a lo largo de la historia y que (en la magistral interpretación de Peter Sellers) se erige como una clase de inconsciente del instructor Humbert Humbert, en tanto que personaje que osa decir y realizar todo lo que el guardado personaje primordial no puede. Relevantemente, lo primero que hace Quilty al ser hostigado por la pesadísima Charlotte, que le intenta realizar acordarse la vez que dio una charla en su club (impagable el momento en que la viuda le recuerda al oído algunos datos de la velada, y la reacción de Quilty a las expresiones que no oímos, pero sobre las cuales la mirada de éste a Charlotte no deja lugar a inquietudes – fotograma 3), es hacerle una pregunta por su “hija de nombre encantador, músical, lírico” (evidenciando sin complejos el interés que la joven le provocó). Y cuando la joven Lolita vuelve súbitamente a casa (interrumpiendo la “romántica velada” perpetrada por Charlotte frente un indefenso Humbert) señala que “todas las chicas están locas por Quilty”, sublimando la idea de un personaje con un increíble (casi irracional) poder de seducción a ojos del personaje primordial (condición que él jamás va a poder alcanzar).

Esta materialización del inconsciente del personaje primordial en el personaje de Quilty queda todavía más aparente en la corrosiva (por no decir cruel) secuencia donde Humbert lee la carta donde Charlotte le confiesa su amor (fotograma 4): sentado en la cama de Lolita (que acaba de partir de campamento y se ha despedido para toda la existencia del afligido profesor), Humbert ahoga entre carcajadas la patética declaración de amor de la viuda mientras la cámara panoramiza hasta un póster de Quilty que cuelga en la pared del dormitorio de Lolita. Con la maquiavélica idea de ingresar a la idea de matrimonio de Charlotte para así sostener a su lado a la joven Lolita, el deseo inconsciente se ve haber tomado por último las riendas de la cabeza del personaje primordial.

Ya como marido y mujer, el retrato que hace Kubrick de la relación de la pareja no puede ser más sin corazón (véase el chato en el que Humbert abraza a Charlotte mientras mira el retrato de la joven Lolita en la mesita de noche, para girarse justo después y sugerir con la mirada en el viejo revólver del difunto Mr. Haze), y así, los hechos se precipitan hasta la grotesca muerte por hecho de Charlotte después de leer el períodico secreto de Humbert. Desde este momento, el feliz viudo tiene ya vía libre para dejar en libertad a su deseo e inicia una turbulenta relación con su hijastra, con la que se instala a vivir en Beardsley. La comedia se transforma por último en drama y la película consigue un tono lúgubre, de pesadilla (en el que tienen especial incidencia las intermitentes visualizaciones del enigmático Clare Quilty, poniendo voz a los miedos y deseos más profundos de Humbert) del que no se va a despojar ya hasta el desesperanzado desenlace.

Película sobre la volatilidad y fragilidad de los deseos más inconscientes, Lolita concluye con las imágenes del personaje primordial llegando a la colosal mansión de Clare Quilty. El sitio en el que habitan los sueños prohibidos que Humbert Humbert se ve en el final obligado a remover, de esta manera que nos avanzaba Kubrick al inicio de la película con la elocuente imagen del cuadro de una muchacha acribillado por las balas que acaban con la vida de Quilty (fotograma 5)

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2013)