Resumen de la película Lord Jim

“He sido un supuesto cobarde y un supuesto héroe. Y entre uno y otro hay una fina línea divisoria. Quizás los cobardes y los héroes son hombres recurrentes que, por una fracción de segundo, hacen algo fuera de lo común. Eso es todo”

Adaptación de la novela homónima de Joseph Conrad lanzada por entregas en la Blackwood’s Magazine entre octubre de 1899 y noviembre de 1900 (conviene destacar la predilección de Brooks por recurrir a gigantes nombres de la literatura como germen de la mayoría de sus proyectos: además de Conrad, citemos a Scott Fitzgerald, Fiodor Dostoievski, Tennessee Williams, Sinclair Lewis o Truman Capote, entre los autores a los que el director se atrevió a llevar a la colosal pantalla), Lord Jim es una película que, más allá de que podemos adscribir al género de aventuras, exhibe sus superiores atractivos en el introspectivo relato del conflicto psicológico que atenaza a su protagonista: un oficial de la marina torturado por un episodio acontecido poco después de su graduación en el que, presa de un ataque de pánico, deja junto al resto de oficiales un ruinoso buque próximo de naufragar, condenando a sus indefensos individuos (un variado grupo de musulmanes en peregrinación a la Meca) a una muerte segura.

“Sentía que él era el único responsable de cada alma dentro del barco. Estaba a la altura de las ocasiones. Nada le amedrentaba”, exhibe el capitán Marlow (Jack Hawkins) sobre el sentimiento de Jim (Peter O’Toole) frente la visión de los peregrinos hacinados en la bodega del Patna (desasosegantes imágenes en las que Brooks consigue transmitir el ámbito de tensión y zozobra que domina a la tripulación y individuos del buque bañado por la niebla, y que sin lugar a dudas nos hacen pensar en oportunidades de cualquier manera dramáticas de nuestros triste actualidad – fotograma 1). Y además, en el momento definitivo, el personaje primordial “que soñaba con socorrer a una bonita muchacha en una llamativa embarcación; en encontrar popularidad, fortuna y respeto salvando a su capitán de un sin corazón motín” cederá a la cobardía saltando al bote salvavidas en el que deja junto al resto de oficiales el buque embarrancado (un gesto que Brooks sugiere que pudiera ser involuntario, al no dejarnos ver si Jim salta o cae en el bote después de una violenta llamada de atención del buque) y se verá en el final culpado a la ignominia cuando, una vez seguro y tras la noticia de que el Patna fué en el final rescatado, elige entregarse a las autoridades para ser juzgado por su accionar.

“Emprendió su sendero de puerto en puerto, intentando perderse entre los anónimos. Por ahora no soñaba con el reconocimiento ni la gloria. Por ahora no quería soñar”, oímos en la voz de Marlow antes de que el narrador desaparezca para pasar a una descripción de los hechos desde el método del director (un recurso, como señala José Maria Latorre en su espléndido La vuelta al planeta en 80 aventuras, contrario al utilizado por Conrad en la novela, iniciada allí desde el método del escritor para sugerir paso en seguida, y hasta el desenlace de la obra, a la narración del capitán Marlow, y que personalmente no me se ve nada desacertado en esta situación, por cuanto acentúa la soledad del héroe filmado por Brooks: como si, desde su huida, el narrador Marlow lo abandonara completamente a su suerte). Y, tras un impensado gesto heroico al socorrer un cargamento de municiones del comerciante Stein (Paul Lukas) de un intento de sabotaje (“la fina línea divisoria entre un supuesto cobarde y un supuesto héroe”), Jim prosigue su huida personal embarcándose en una dañina travesía al corazón de las tinieblas (fotograma 2 – aquí la remota región de Patusán) para transportar las municiones que han de ser útil para realizar en oposición al sanguinario General (Eli Wallach), un déspota señor de la guerra que tiene doblegada a la población.

Una vez en Patusán, y después de encontrar ofrecer el armamento a los líderes de la resistencia, Du-Ramin (Tatsuo Saitô) y su hijo Malay (Eric Young), el comportamiento de Jim se moverá entre episodios de heroicidad y otros en los que no puede omitir volver a caer presa de la cobardía: tomado por el General, resiste una sesión de tortura sin delatar el paradero de su cargamento (en una secuencia en montaje en paralelo donde Brooks alterna las imágenes del suplicio del personaje primordial con las de los sicarios del General danzando en un frenético ritual; un episodio que a buen seguro inspiraría a Coppola – y no será el único – en su personal traslación del universo conradiano al Vietnam de Apocalipse Now), consciente de que está frente una segunda ocasión para intentar redimirse de su pecado original por el episodio del Patna (“Nada puede salvarlos. Mañana por la mañana pasarán a la historia. Tirados por la borda, sin dejar rastro”, argumenta el acólito del General, Cornelius – Curd Jürgens – para vencer la resistencia de Jim, a eso que este responde, prácticamente para sí mismo: “Sí, como un barco que se hunde” – fotograma 3); pero, una vez liberado y al mando de la ofensiva contra la fortaleza del General, sufre un nuevo ataque de pánico en la mitad de una guerra, antes de encontrar la victoria en un último acto de valor con el que acaba en el final con la vida del General (no así con la del perverso Cornelius, que consigue huír en busca de refuerzos para recobrar el tesoro que el General había ocultado en su fortaleza).

Si la popularizada secuencia de la toma de la fortaleza del General responde puramente a los cánones del género de aventuras, el posterior combate de Jim (al que Du-Ramin brinda el título de Tuan Jim – “un hombre intrépido, un hombre que hay que respetar. Un Lord” – como reconocimiento a su liderazgo) con el enigmático Mr. Brown (un espléndido James Mason) situará al personaje primordial frente la imagen de sus propias fortalezas y debilidades (fotograma 4). ”Ningún hombre se oculta en la jungla sin ninguna razón. Vamos milord ¿por qué huyó de su mundo? ¿Acaso no somos los dos exiliados? ¿Tan diferentes somos? ¿No tenemos las mismas raíces y la misma piel? ¿El mismo Dios? ¿Las mismas debilidades? ¿No ha suplicado jamás perdón ni necesitado una segunda ocasión?”, le espeta Brown a Lord Jim para convencerle de que les deje partir con vida después de haber intentado remover el tesoro ahora mismo en manos de los hombres de Du-Ramin (en situación, una trampa para ganar tiempo y llevar a cabo un nuevo ataque).

La decisión de Jim de dejar marchar a los hombres de Brown, poniendo frente Du-Ramin su propia vida como ofrenda si con ello se producía alguna otra muerte, y el posterior ataque de los forajidos que provocará la desaparición del joven Malay antes de ser en el final derrotados, situará al personaje primordial frente el punto final de su huida. Desoyendo las súplicas de Stein, Lord Jim cumple su promesa y proporciona su crónica a Du-Ramin, en una bellísima secuencia que Brooks soluciona de manera admirable: en pleno funeral de Malay, y después de poner su gorra sobre el difunto, Jim distribución su rifle a Du-ramin, al que mira un momento de forma directa a los ojos; después, se brinda la vuelta, se aleja unos pasos y mira a su alrededor para finalizar alzando la visión al cielo (fotograma 5), momento en el que oímos un tiro que dará paso a las imágenes nocturnas de las piras funerarias de Malay y Jim (fotograma 6 – otra momento del que sin dudas son deudoras algunas imágenes de la citada Apocalipse Now) observadas por Stein mientras se aleja en su barcaza, un momento sobre el que resuenan las últimas expresiones que Jim pronunciara para justificar frente Stein su acto inmolatorio: “No sé porque las cosas pasan de la forma que pasan. Te equivocas en algo y empieza. Te engañas a ti mismo pero eso está mal. Intentas ocultarlo pero eso está mal. Y cuando esas cosas empiezan a discurrir, siguen su curso y no hay forma de detenerlas hasta que llegan a su fin. Arrepentirse ni lo cambia ni lo soluciona. Y no es lo que haces, sino por qué lo haces. Sospecho que ese es el ojo de la aguja… Ahora mismo, con la mañana, acaba el sueño. Si pierdo sin honor, si en el último momento flaqueo, todo habrá sido en vano”

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2016)