Resumen de la película Milagro en Milán

Observando la ubicaci√≥n cronol√≥gica de Milagro en Mil√°n en la filmograf√≠a de su director, es f√°cil caer en la tentaci√≥n de atribuir al d√©cimo riguroso film de Vittorio De Sica la b√ļsqueda de un tono m√°s amable en su retrato de las penosa situaci√≥n de la sociedad de posguerra italiana, como si De Sica, al transportar a la pantalla el guion al principio escrito por Cesare Zavattini en 1940, hubiera amado darse un peque√Īo respiro entre la dram√°tica emotividad de Ladr√≥n de bicicletas y la severa austeridad de Umberto D. Dos puntos claves dar√≠an cuerpo a esta idea: por un lado, la incursi√≥n de numerosos episodios de comedia, primordialmente en la primera mitad de la pel√≠cula; y por el otro (c√≥mo no), la milagrosa resoluci√≥n de la historia, con la liberaci√≥n final de los miserables a caballo de un ej√©rcito de escobas voladoras. Sin embargo, nada m√°s lejos de la realidad: antes que nada, el humor, la mayoria de las ocasiones de tono hilarante, jam√°s hace aparici√≥n para suavizar el contenido dram√°tico de la historia sino, exactamente al contrario, para enfatizar la situaci√≥n de extrema pobreza de sus protagonistas; y en segundo lugar, el piadoso desenlace del film hace en el espectador, tras la evanescente euforia inicial que emiten sus im√°genes, un ineludible regusto amargo frente la tr√°gica prueba de la imposibilidad de que los despose√≠dos hallen en la tierra (es decir, en la vida real), no ya la alegr√≠a, sino las indispensables condiciones para transcurrir una vida m√≠nimamente digna.

‚ÄúHab√≠a una vez‚Ķ‚ÄĚ. El t√≠tulo inicial nos predispone a la f√°bula: en un campo de coles, la vieja Lolotta (Emma Gramatica) est√° al peque√Īo Tot√≥, al que adopta y educa seg√ļn su particular y l√ļdica visi√≥n de la vida. En √ļnicamente varios breves secuencias, De Sica define la ingenua manera de razonar que el personaje primordial heredar√° de su madre adoptiva (de forma muy m√°s eficaz, por ejemplo cosas, que la cargante La vida es hermosa ‚Äď pel√≠cula de semejante composici√≥n a Mir√°colo pero a sus ant√≠podas en relaci√≥n a resultados -, donde Benigni dedica todo el primer tercio del film a detallar la ingeniosa personalidad del personaje primordial para justificar su posterior desenvoltura en el campo de concentraci√≥n) y que ser√° primordial para abarcar su inmaculado accionar desde el momento en que abandone el orfanato para confrontar a la vida en el exterior (antes, en el desenlace del brev√≠simo episodio con la vieja Lolotta, una primera muestra del corrosivo humor que iremos a hallar a lo largo de la pel√≠cula, cuando, durante el cortejo f√ļnebre de la anciana, el √ļnico acompa√Īante del joven Tot√≤ ser√° un fugitivo que se une durante breves segundos a la comitiva‚Ķ √ļnicamente para burlar a los agentes que le persiguen).

Tot√≤ (Francesco Golisano) se expone por consiguiente en sociedad como un ser puro, de una amabilidad incorruptible, que saluda con un amistoso ‚ÄúBuenos d√≠as‚ÄĚ a todo transe√ļnte con quien se cruza (fotograma 1) y se muestra incapaz de reprender al pordiosero que le roba a las primeras de cambio la cartera (al que persigue con disimulo para omitir violentarle) hasta el punto de regal√°rsela cuando √©ste rompe a llorar avergonzado por su delito. Acogido en se√Īal de gratitud por el viejo pordiosero en la miserable caba√Īa donde habita, la llegada del joven Tot√≤ al campamento de de barracas supondr√° un influjo de vitalidad para sus pobladores, que no dudan en ponerse a sus √≥rdenes para llevar a cabo mejor en la medida de lo posible el estado de sus precarias viviendas. Es aqu√≠ donde la pel√≠cula nos regala la mayor√≠a de sus celebrados instantes de dram√°tica comicidad: los pobladores del campamento persiguiendo un rayo de sol que asoma intermitentemente en el poblado para batallar el fr√≠o invernal (y disfrutando gozosos los pocos segundos de calor como si de un lujo se tratara: ¬°Qu√© exitaci√≥n, eh!‚ÄĚ ‚Äď fotograma 2); los trabajadores desplazando realmente una barraca (y a su habitante en el interior) para alinearla con el resto de viviendas de la misma calle; el favorecido ganador de ‚Äúun pollo de verdad‚ÄĚ en la rifa estructurada para abrir el nuevo poblado, devorando su premio frente la expectaci√≥n del resto de participantes; el raqu√≠tico vendedor de globos al que hay que prestar de comer un bocadillo de manera expeditiva para omitir que salga volando por los aires (‚Äú¬°Come! ¬°Come!‚ÄĚ); el ni√Īo atado a un cordel con apariencia de timbre humano para alertar de la llegada de visitas (‚Äú¬°Hay gente!‚ÄĚ)‚Ķ episodios todos ellos que no hacen sino poner √©nfasis la miserable vida de sus individuos primordiales, como se ha dicho antes, ocasionando en el espectador una carcajada que en seguida se desencaja frente la prueba de la dram√°tica situaci√≥n descrita.

La alegr√≠a tras la inauguraci√≥n del nuevo poblado, transformada en aut√©ntico j√ļbilo a ra√≠z de la milagrosa aparici√≥n de un colosal yacimiento petrol√≠fero en pleno campamento, se ver√° r√°pidamente empa√Īada con la llegada de los inefables hombres de negro (personajes atemporales, desgraciadamente tan reconocibles en nuestros d√≠as); magnates sin escr√ļpulos a los que De Sica retrata con tono caricaturesco mientras pujan sin ning√ļn miramiento por el lote ocupado por los desclasados (‚Äú¬ŅQui√©n es toda esa gente?‚ÄĚ; ‚ÄúPobres‚ÄĚ; ‚ÄúLos echaremos‚ÄĚ ‚Äď fotograma 3). Pero la mordaz mirada de De Sica no se limita a los poderosos, y as√≠, el retrato de los miserables es recurrentemente de cualquier manera punzante: pi√©nsese en la altiva familia venida a menos, invent√°ndose atracciones para lucrarse a costa de sus vecinos (la mujer alquilando un espacio para contemplar la puesta de sol, el marido cobrando por una sesi√≥n de adulaci√≥n personal), o en la hist√©rica reacci√≥n de todos los pobladores del campamento, pidiendo los elementos m√°s extravagantes (un abrigo de pieles, un colosales sof√°, una l√°mpara de cristal, ‚Ķ) ¬†a la paloma m√°gica que el esp√≠ritu de la vieja Lolotta pone en manos de Tot√≤.

Convertido en una especide de mes√≠as a trav√©s de los poderes m√°gicos de la paloma, el combate de Tot√≥ con los magnates deparar√° un √ļltimo episodio c√≥mico con el encantamiento de los oficiales del ej√©rcito encargados de despedir a los pobladores del campamento (entonando de manera involuntaria arias oper√≠sticas en lugar de √≥rdenes militares, frente el j√ļbilo de los miserables). Pero la moment√°nea desaparici√≥n de la paloma m√°gica acabar√° ocasionando el desalojo y apresamiento de los insurgentes, antes de su hu√≠da final (tras recobrar el personaje primordial in extremis la paloma de mano de la vieja Lolotta) hacia un reino donde, seg√ļn reza el esperanzador t√≠tulo final, ‚Äúbuenos d√≠as quiera decir verdaderamente buenos d√≠as‚ÄĚ (fotograma 4).