Resumen de la película Nanook, el esquimal

“Esta historia tiene relación a la vida de un tal Nanook (el oso), su familia y un pequeño grupo de seguidores, los ‘Itivimuits’ de Hopewell Sound, Ungava del Norte. A través de su amabilidad, fe y paciencia se realizó esta película”

Presentada unánimemente como el primer documental de la historia del cine, Nanook el esquimal, trabaja prima de Robert J. Flaherty, podría ser, en todo caso, la primera película documental con una escenificación narrativa, oséa, la primera película que se sirve de la acción dramática para recrear la realidad, en esta situación las formas de vida de una familia de esquimales. Documentales los hubo, de hecho, desde el mismo nacimiento del cinematógrafo, desde el momento en que los hermanos Lumière instalaron su cámara frente a una fábrica para rodar la salida de sus obreros donde se considera la primera película de la historia del séptimo arte. La novedad del film de Flaherty es, por consiguiente, la utilización de los elementos dramáticos para añadir tensión y dramatismo a su descripción de la vida día tras día de Nanook, con la consiguiente manipulación de la realidad que ello piensa (un recurso que le valió no pocas críticas en su época – aunque la película consiguió un considerable éxito de público en su estreno –  pero que permitió el pleno avance de un género que hasta ese momento había permanecido a la sombra de la ficción).

“Con el descubrimiento de un grupo de focas dormido en la orilla comienza el suspense”, reza uno de los intertítulos de la secuencia de la caza de focas de parte de la expedición capitaneada por Nanook (en la vida real, el esquimal Allakariallak): Flaherty no oculta su vocación narrativa, insuflando dramatismo al relato para ocasionar la atención del espectador, como tampoco renuncia a la alteración de los hechos para poder reflejar la realidad de manera más eficiente (mediante el montaje, pero también reconstruyendo en la ficción una situación alterada: la mujer de Nanook, Nyla, era de todos métodos compañera sentimental del propio Flaherty).

Esto no resta ningún ápice enserio a las imágenes de Nanook, antes al contrario: si el lector quiere comprender cómo se crea un iglú le sugiero ayudar a la extraordinaria secuencia donde Flaherty nos da cuenta de dicho avance hasta el más mínimo aspecto (incluyendo la instalación de una claraboya de hielo y un ocurrente sistema para reflejar la escasa luz del sol dentro de el – fotograma 1), aunque para eso (o exactamente a través de ello) el director tuviera que hacer un iglú seccionado que le permitiera rodar a la familia del personaje primordial en las ocasiones interiores (en un iglú real era irrealizable ubicar la cámara con la distancia que se necesita para rodar los planos de la familia – fotograma 2). Lo mismo pasa con la secuencia donde Nanook pelea con todas sus fuerzas con una colosal foca a la que ha arponeado a través de un pequeño orificio en el hielo (manteniendo sujeta la cuerda para retener a la bestia hasta que llega el resto de la expedición y alcanzan conseguir la presa entre todos): el actor Allakariallak, aparentemente acostumbrados ya por aquél entonces a cazar con rifle, siguió las observaciones de Flaherty para interpretar de manera más que convincente el papel de cazador clásico.

Hay muchas otras secuencias que describen el estilo de vida de los esquimales a través de sus prácticas pero, más que nada, a través de los elementos puestos en práctica para subsistir en unas tierras cuya “esterilidad del suelo y rigor del clima hacían que en ellas no pudiera  sobrevivir otra raza”: la utilización del musgo como único y preciado combustible; el precaución de los kayaks desde pieles de foca; la destreza de Nanook cruzando los inestables témpanos de hielo en busca de un espacio para pescar y en la utilización de su tridente para atrapar sus presas; el despiece de las colosales focas; o la tensa convivencia con los indispensables perros guía, en persistente pelea entre ellos para transformarse en el jefe de la manada. Como tampoco faltan los instantes de humor: Nanook llegando al “gran iglú del hombre blanco” (el centro comercial en el que el personaje primordial intercambia sus pieles por “cuchillos y caramelos”) en un angosto kayak del interior del cual emergen como por arte de magia todos los pertenecientes de la familia (el pequeño Allee, Nyla con un bebé, su otra mujer, Cunayou,… y también el perro Comock! – fotograma 3); o la asombrada reacción del esquimal frente el desempeño de un gramófono. Ni episodios que retratan los (escasos) instantes de descanso, como la secuencia donde Nanook juega con su hijo Allee simulando una escena de caza con un arco de juguete y un oso polar de nieve.

Pero las duras condiciones de la inhóspita región polar dominan totalmente el día a día de los individuos primordiales y así, tras una única día de caza, la expedición se ve asombrada por una violenta tormenta de viento (impresionantes las imágenes de los cazadores atravesando la llanura entre ráfagas de nieve – fotograma 4) que les ordena a resguardarse en un iglú abandonado, mientras en el exterior los perros aguantan estoicamente las inclemencias del tiempo. El chato de la familia descansando bajo las pieles de foca aguardando de que la tempestad amaine y les permita proseguir su sendero es la imagen que cierra esta epopeya sobre la supervivencia del hombre enfrentado a la naturaleza en la más extrema de sus manifestaciones.

David Vericat
© cinema primordial (agosto 2016)

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