Resumen de la película Noche y niebla

Diez años después de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, el 27 de enero de 1945, Alain Resnais regresa al ámbito del horror para intentar atrapar los vestigios de uno de los episodios de más grande ignominia de la historia contemporánea. “Incluso un paisaje relajado, de hecho una pradera con cuervos volando (…) puede transformarse en un campo de concentración”. La bucólica imagen de un campo entre brumas con que se abre este auténtico poema de la barbarie se ve rápidamente violentada por el movimiento de cámara en descenso para encuadrar las perversas formas de las alambradas que separaban el planeta exterior del infierno con fachada de barracones (“El mundo real se podía ver no muy lejos. Para los deportados era únicamente una ilusión”).

Pero la misión de filmar el horror se expone muy próximamente como tarea irrealizable (“¿Qué promesa tenemos de atrapar esa situación? De este dormitorio de ladrillo y esos sueños atormentados podemos únicamente mostraros el caparazón exterior, la superficie”), y Resnais recurre a las imágenes documentales para dejar que éstas hablen por sí solas. Ocasiones que se inician no sin algunas dosis de amarga ironía que ponen en prueba la normalidad con que se gestaba la barbarie (“Un campo de concentración se crea como un estadio o un colosal hotel. Con hombres de negocios, estimaciones de rivalidad y sin dudas alguna algún que otro soborno. No hay ningún estilo específico, se deja a la imaginación: estilo alpino, estilo estacionamiento, estilo japonés,… sin estilo”, señala la voz en of mientras observamos las imágenes de diferentes campos de concentración), y que prosiguen con las filmaciones de los deportados subiendo dócilmente a los trenes de la desaparición (la imagen de uno de los presos conversando amigablemente con un oficial de las SS justo antes de que éste cierre la compuerta del vagón en el que está confinado – fotograma 1 –  es, para quien esto redacta, una de las más dramáticas ocasiones de toda la película por su aptitud de exhibir el Mal en una de sus manifestaciones más absurdas a la vez que frías y premeditadas).

Una vez en los campos, la sinfonía de la crueldad consigue cotas difícilmente soportables: desde la deshumanización de los deportados a su llegada (“Baños y desinfección. Bajo la causa de la higiene, la desnudez despoja de orgullo a los presos ya humillados”) hasta el exterminio físico de unos cuerpos antes vaciados de vida interior (“Al final cada preso se se ve al siguiente: un cuerpo con edad indeterminada que muere con los ojos muy abiertos” – fotograma 2). El infierno, desatado, cobra forma en una minúscula estancia quirúrgica donde los presos, convertidos en conejillos de indias de las considerables industrias farmacéuticas, son sometidos a “operaciones inútiles, amputaciones, mutilaciones experimentales”. Los que tienen mejor suerte, acabarán suministrando mano de obra abundante y económica para la industria pesada alemana: Steyer, Krupp, Heinckel, I.G.Farben, Siemens, Herman Goering…

Y Resnais alterna las imágenes documentales (de una brutalidad in crescendo hasta el paroxismo) con interminables travellings por los escenarios hoy en día que, acompañados de una despacio melodía que trabaja como dramático contrapunto, confrontan la apacible imagen de los exteriores (“Un crematorio desde el exterior puede parecer una postal” – fotograma 3) con las estremecedoras huellas de la atrocidad todavía visibles en los interiores (“El único signo que hay que admitir son los arañazos en el techo. De hecho el hormigón era rascado”).

“Todo se recuperaba”. La amarga ironía se transforma terminantemente en estupor e indignación frente el testimonio cada vez más salvaje de las imágenes: “Con el cabello de las mujeres hacían tejidos, a 15 pfennigs el kilo. Con los huesos, fertilizantes. Al menos lo intentaron… Con los cuerpos… ¿lo vamos a tener la oportunidad de decir? Con los cuerpos hacían jabón”.

Tras las imágenes de la liberación, y con el espectador en estado de shock por este recorrido por las tinieblas del alma humana, una observación con fachada de inquietante y amenazadora pregunta: “Nueve millones de muertos en este paisaje. ¿Quién entre nosotros vigila desde esta extraña atalaya para advertirnos de la llegada de nuevos verdugos? Hacemos la visión gorda a eso que nos circunda y oídos sordos al llanto interminable”

David Vericat
© cinema primordial (julio 2015)

———————————————-
VER EN FILMIN
———————————————-