Resumen de la película París, bajos fondos

En la historia del cinemat√≥grafo hay pocas tragedias rom√°nticas en las que el peso de la mirada sea tan primordial como en √©sta interpretada por la prostituta Marie (Simone Signoret) y el rufi√°n Georges Manda (Serge Reggiani) en el Par√≠s de la Belle √Čpoque recreado por Jacques Becker para su s√©ptimo riguroso film. Tomando como punto de partida el hecho real del combate entre los cabecillas de dos bandas contrincantes por medio de su relaci√≥n con la prostituta Am√©lie √Člie (m√°s habitual como Casque d‚ÄôOr ‚Äď t√≠tulo original de la pel√≠cula – a causa del peculiar peinado de su cabellera rubia), el director se aparta de la mera cr√≥nica policial para concentrar la narraci√≥n en la relaci√≥n amorosa que hace aparici√≥n entre los dos individuos primordiales desde su primer acercamiento en el local de baile al que Marie acude acompa√Īando a su chulo, Roland (William Sabatier), y al resto de pertenecientes de la banda del mafioso Felix Leca (Claude Dauphin).

Efectivamente, ya desde este primer momento, la relaci√≥n se establece √ļnicamente a trav√©s de la mirada: la de Marie, bailando en giros permanentes en brazos de Roland, sin desviarse ni por un momento de los ojos de Manda (fotograma 1), quien mira de cualquier manera embelesado la cara sonriente de la hermosa prostituta. Y ser√°n siempre las miradas de los dos amantes (no en vano, los dos de cualquier manera parcos en palabras) las que articular√°n desde este primer acercamiento sus rec√≠procos sentimientos de amor y deseo: en su primera despedida, despu√©s de que Manda responda a la provocaci√≥n del despechado Roland noque√°ndole con un golpe seco y r√°pido (los movimientos, siempre directos y concisos, dibujando inequ√≠vocamente el car√°cter del personaje); en la visita de Marie al taller de Manda (la determinaci√≥n como uno de los puntos definitorios de la protagonista: ‚ÄúQuer√≠a verte‚ÄĚ, ser√° toda su explicaci√≥n para justificar su presencia); en su siguiente separaci√≥n, tras el desaf√≠o mortal entre Manda y Roland; y, por supuesto, en el reencuentro de los dos amantes en la granja de la vieja Eugene (en donde Manda se refugia tras la desaparici√≥n de Roland), con la imagen ya sublimada del rostro iluminado de Marie a los ojos de un Manda medio adormilado en la orilla del r√≠o (un chato que se convirti√≥ ya en ic√≥nico de la bell√≠sima Simone Signoret ‚Äď fotograma 2).

Becker reh√ļye la introspecci√≥n psicol√≥gica y se enfoca en movimientos y acciones que parecen condicionadas por un determinismo de irremisibles connotaciones tr√°gicas. Ya en el primer combate entre Manda y Roland (‚ÄúPobre Roland‚ÄĚ, le espeta con tono lac√≥nico el personaje primordial a su contrincante despu√©s de que √©ste haya intentado ridiculizarle frente Marie; exactamente las mismas expresiones que uno de los presos de La evasi√≥n le dedica al compa√Īero de celda que acaba de traicionarle, en el chato que clausurar√° la filmograf√≠a del director), desde ese primer momento, el gesto serio del personaje primordial nos hace presagiar la peor de las fatalidades. Del mismo modo que percibimos en la altiva calma de Marie (despu√©s de ser abofeteada por Roland, o en oposici√≥n al acoso f√≠sico por parte del mafioso Leca), m√°s una aptitud de resistencia en oposici√≥n al infortunio que alg√ļn m√≠nima promesa por el devenir de los hechos.

Este determinismo es el que, se dir√≠a, hace la mec√°nica reacci√≥n de Manda durante su combate mortal con Roland por medio de Marie: el apu√Īalamiento de su contrincante es un acto que llama la atenci√≥n por la frialdad con que es ejecutado, muy m√°s parecido al gesto de un aut√≥mata que al de alguien que act√ļa presa del arrebato producido por la pelea. Como de aut√≥mata nos parecen los fren√©ticos giros durante el primer baile de la pareja, una imagen que Becker retomar√° en simb√≥lico el chato final de la pel√≠cula, con los dos amantes convertidos ya en eternas marionetas danzantes.

Pero, además de una espléndida historia de amor, París, bajos fondos es también la crónica de una lealtad inquebrantable: la de Manda con su viejo amigo Raymond (Raymond Bussières). Y, cómo no podía ser de otra forma, también esta relación de amistad nos es explicada principalmente a través de las miradas: en el reencuentro de los dos viejos camaradas al inicio del extenso film y, más que nada, en la secuencia donde Manda se distribución como constructor de la desaparición de Roland para exculpar a Raymond (a quien el perverso Leca había delatado para obligar a Manda a entregarse y poder así quedarse con Marie). La fugaz mirada de mutuo reconocimiento entre los dos amigos al cruzarse en la comisaría (Manda sabiendo que Raymond estaba dispuesto a cargar con la condena antes que delatarle; Raymond comprendiendo que Manda se distribución exactamente para que él quede libre) pertence a los instantes de la película en los que la contenida emoción de que hace gala Becker brilla con más fuerza (fotograma 3).

Queda para el desenlace, y para los anales del arte del cinemat√≥grafo, la hermosa y tr√°gica secuencia de la ejecuci√≥n de Manda que presenciamos a trav√©s de los ojos de Marie (la √ļltima mirada de la querida a su amado), asomada a la ventana de una habitaci√≥n contigua al pat√≠bulo de la prisi√≥n: la cara compungido de Marie y, con el sonido del golpe de la guillotina, su cabeza cayendo inerte hacia adelante como si √©sta podr√≠a ser de cualquier manera sesgada por el filo de la cuchilla (fotograma 4).

David Vericat
© cinema primordial (junio 2016)

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