Resumen de la película Picnic en Hanging Rock

‚ÄúEl s√°bado, 14 de febrero de 1900, un grupo de chicas del colegio Appleyard fue de picnic a Hanging Rock, cerca del monte Macedon, en Virginia. Por la tarde, algunos pertenecientes de la excursi√≥n desaparecieron sin dejar rastro‚ÄĚ

El sucinto texto que hace aparici√≥n al inicio de Picnic en Hanging Rock sintetiza a la perfecci√≥n el argumento terminado del segundo riguroso film de Peter Weir: lo que sucede durante los ciento diez minutos de la pel√≠cula es lo que se ense√Īa en dicho texto, ni m√°s ni menos. Y si Weir nos lo destapa de manera tan clara desde el comienzo del extenso film es porque las pretenciones del director no son, en absoluto, las de ocasionar una obligada expectaci√≥n sobre el desenlace de los hechos (o explicado de otra forma, el no desenlace de los mismos), sino parar su mirada en la descripci√≥n de unos hechos que, a trav√©s de un hermoso y delicad√≠simo ejercicio formal, se nos detallan como una de las aportaciones al fant√°stico m√°s singulares de la historia del cinemat√≥grafo.

La pel√≠cula se divide exactamente en dos partes: en la primera, asistimos a la excursi√≥n de un grupo de alumnas del internado Appleyard hasta el paraje volc√°nico de Hanging Rock, en donde va a tener lugar la desaparici√≥n de tres de las j√≥venes con una de sus profesoras; en tanto que en la segunda, se nos ense√Īa las consecuencias de los misteriosos hechos sobre el comportamiento del resto de personajes: sus compa√Īeras del internado, la directora y profesoras del internado y todos los implicados en la b√ļsqueda de las desaparecidas.

Los 40 minutos de la secci√≥n primera son extraordinarios, ya desde el fant√°stico chato inicial en el que observamos manifestarse la enigm√°tica silueta de Hanging Rock entre las brumas de una llanura (fotograma 1) para, a continuaci√≥n, escuchar en la voz de una alumna unos versos de Edgar Allan Poe que nos predisponen para un tr√°nsito hacia un mundo m√°s all√° de lo material: ‚ÄúLo que observamos y lo que somos no es m√°s que un sue√Īo. Un sue√Īo dentro de un sue√Īo‚ÄĚ. A continuaci√≥n, acompa√Īados por la sugerente melod√≠a a la flauta de pan del rumano Gheorghe Zamfir, se nos ense√Īa el despertar de las alumnas y sus preparativos para la d√≠a de excursi√≥n: se levantan, se lavan, se visten, observan ilusionadas a trav√©s de la ventana mientras recitan versos de amor, excitadas frente la expectativa de dejar por unas horas la regia instituci√≥n donde est√°n recluidas. Porque si algo muestra exactamente la pel√≠cula desde el primer momento es exactamente la contraposici√≥n entre la ideolog√≠a represora representada por la directora del internado, Mrs. Appleyard (Rachel Roberts) y la efervescencia sensual de las j√≥venes alumnas, personificada m√°s que nada en la hermosa Miranda (Anne-Louise Lambert). Una efervescencia que s√≥lo va a poder liberarse cuando las j√≥venes entran al √°mbito presidido por las rocas volc√°nicas de Hanging Rock, de esta manera que intuimos en la secuencia donde, precisamente Miranda, desciende del carruaje para abrir la verja que establece el paraje e instantaneamente las fuerzas de la naturaleza parecen explosionar a trav√©s del vuelo de una banda de aves y el nervioso relincho de los caballos.

Una vez al pie de las rocas, y despu√©s de algunos datos que comunican la presencia de lo fant√°stico (los relojes del cochero y de Miss McCraw – Vivean Gray ‚Äď se detienen a las 12 del mediod√≠a en punto, algo que la profesora asigna al poder magn√©tico de las rocas volc√°nicas), 4 de las muchachas (entre las que est√° la hermosa Miranda) piden permiso para seguir a investigar la base de la roca y se ausentan del grupo con el consentimiento de la m√°s joven de las tutoras, Mlle. de Poitiers (Helen Morse ‚Äď que no puede disimular su atracci√≥n por Miranda identific√°ndola al despedirse como ‚Äúun √°ngel de Botticelli‚ÄĚ ‚Äď fotograma 2). La excursi√≥n de las 4 adolescentes es filmada por Weir con excepcional hermosura y sentido de la elegancia: desde una primera panor√°mica circular de trescientos sesenta grados que, partiendo del grupo adentr√°ndose en el paraje, recorre la silueta de la monta√Īa para recobrar otra vez a las 4 j√≥venes ya ascendiendo entre las rocas, hasta la sensual imagen donde las ni√Īas, como pose√≠das por el m√°gico influjo del √°mbito, deciden desprenderse de medias y zapatos para continuar la expedici√≥n caminando descalzo, el blanco de sus vestidos resaltando sobre el negro volc√°nico de las rocas (fotograma 3), hasta esconder para toda la existencia en la cima de la enigm√°tica monta√Īa. De esta manera que escrib√≠a Jose Maria Latorre en su considerable El cine fant√°stico: ‚ÄúUna lectura m√°gica de la pel√≠cula, como hay que a la entidad de la idea, podr√≠a intentar creer que, en su despertar a la adolescencia, en el reconocimiento admirado de su sensualidad, las muchachas se han atomizado incorpor√°ndose a la armon√≠a del paisaje para incrementar su hermosura y llevar a cabo, con ello, esa indefectible irritaci√≥n que se experimenta cuando la actitud contemplativa comienza a comprender sustancias antes imperceptibles, a sentir la existencia de abismos invisibles en otro estado de √°nimo. Pocas oportunidades se estuvo tan cerca de filmar lo inexistente y de batallar a un mismo nivel la pureza y lo sagrado‚ÄĚ.

La segunda parte de la pel√≠cula, aun con un tono m√°s prosaico (y que ‚Äď s√≥lo –¬† en algunos pasajes se ve adivinar ‚Äď ay ‚Äď el tono muy menos inspirado de la posterior El club de los poetas muertos), re√ļne sin embargo no pocos instantes principalmente brillantes, entre los que cabe destacar: 1) el chato subjetivo en el que, durante una batida para encontrar a las desaparecidas, y despu√©s de que el joven Michael (Dominic Guard) crea vislumbrar la silueta de Miranda entre la densa vegetaci√≥n (en una imagen que evoca las pinturas de John William Waterhouse ‚Äď fotograma 4), la c√°mara panoramiza desde el sitio ya vac√≠o hasta un estanque en el que descubrimos la hermoso silueta de un cisne (como si, siguiendo la idea expuesta por Latorre, la joven Miranda se hubiera reencarnado en el ave que frecuentemente encarna la hermosura en el planeta animal); 2) la secuencia donde Irma (Karen Robson), la √ļnica de las adolescentes por √ļltimo encontrada, se reencuentra con sus compa√Īeras de clase despu√©s de un per√≠odo de convalecencia, y es recibida por √©stas con total animadversi√≥n, como incapaces de aceptar la idea de la intromisi√≥n de un cuerpo impuro en el grupo (tal como se prueba en el contraste del rojo profundo del vestido de Irma contra el blanco inmaculado del traje de sus compa√Īeras ‚Äď fotograma 5); y 3) el chato en contrapicado del internado, justo despu√©s de la partida de vacaciones de un grupo de alumnas, en el que observamos a Mlle. de Poitiers ascendiendo la escalinata para entrar otra vez en el edificio que se muestra, en sus geom√©tricas formas incre√≠bles, como la imagen contrapuesta a la que nos ofrec√≠a, al inicio de la pel√≠cula, la sugerente y enigm√°tica silueta de Hanging Rock (fotograma 6).

David Vericat
© cinema primordial (febrero 2017)

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