Resumen de la película Ran

La adaptaci√≥n de dos de las considerables proyectos de William Shakespeare de parte de Akira Kurosawa (Macbeth en Trono de sangre, y El rey Lear en Ran) es uno de las superiores muestras de la universalidad de los cl√°sicos en el m√°s riguroso sentido del t√©rmino: no s√≥lo en el aspecto temporal (la obra de Shakespeare todav√≠a es hoy en d√≠a un punto de partida indispensable para arrimarse a las considerables cuestiones que rigen el comportamiento humano), sino aqu√≠ tambi√©n desde el m√©todo formal (por la traslaci√≥n del texto teatral al lenguaje cinematogr√°fico) y, por supuesto, geogr√°fico y cultural. Y pasa que uno de los puntos que hacen de Ran una obra excepcional es sin lugar a dudas la extraordinaria aptitud de Kurosawa para llevar a su lote personal el universo del cl√°sico literario, hasta el punto de hacernos llegar a creer que la historia original se hubiera escrito pensando en el √°mbito del Jap√≥n de los samur√°is y los gigantes se√Īores feudales en el que se sit√ļa la pel√≠cula.

El arranque del film es sencillamente magistral, y un claro indicio de que nos enfrentamos a una obra may√ļscula: los planos de los jinetes de una partida de caza observando el horizonte en posici√≥n hier√°tica (acompa√Īados por la incre√≠ble banda sonora de T√īru Takemitsu ‚Äď fotograma 1) y la posterior imagen de Hidetora Ichimonji (Tatsuya Nakadai), tensando su arco para disparar a su presa, son la magn√≠fica presentaci√≥n de los 4 primordiales correspondientes del clan Ichimonji: el viejo se√Īor Hidetora y sus tres descendientes, Taro (Akira Terao), Jiro (Jinpachi Nezu) y Saburo (Daisuke Ry√Ľ), versi√≥n masculina de las tres hijas de la obra de Shakespeare, Gonerin, Regan y Cordelia (la primera de las muchas variedades que Kurosawa ejecuta sobre el texto original).

Inmediatamente después, la popularizada secuencia donde Hidetora proclama su sucesión dejando la dirección del clan a su primogénito, Taro, y sendos castillos a sus otros dos hijos, Jiro y Saburo, el segundo de los cuales renunciará a su legado tras acusar a su padre por toda la sangre derramada durante su mandato y denunciar la hipocresía de sus hermanos (Kurosawa nos mostró, además, la sincera y secreta lealtad de Saburo hacia su padre en un magnífico momento previo en el que observamos al hijo cortando unos arbustos para procurar algo de sombra al adulto más grande, después de que éste se haya quedado dormitando al sol).

Si el trabajo de composici√≥n e iluminaci√≥n, ya desde el comienzo de la pel√≠cula, es soberbio (desde la reuni√≥n inicial de Hidetora con sus hijos y los dos invitados, Fujimaki – Hitoshi Ueki – y Ayabe – Jun Tazaki -, hasta ¬†la secuencia donde Saburo, desterrado, se une a Fujimaki, Kurosawa consigue el milagro de exhibir en particular r√°cord temporal todos los matices lum√≠nicos que van del sol fulgurante del mediod√≠a hasta la luz pausada del atardecer), no es as√≠ menos el del sonido: el viento, como una fuerza tel√ļrica que est√° en los instantes de caos y desesperaci√≥n de Hidetora (Ran en japon√©s significa precisamente ‚Äėcaos‚Äô o ‚Äėmiseria‚Äô); el canto de las cigarras, acompa√Īando el peregrinaje del adulto m√°s grande personaje primordial tras ser expulsado del castillo de Taro (un canto que se acent√ļa hasta el paroxismo cuando el leal Tango – Masayuki Yui ‚Äď comunica a Hidetora que fu√© desterrado por su hijo, como si las propias cigarras celebraran con sin coraz√≥n alborozo el tr√°gico destino del protagonista); o el lev√≠simo sonido del roce de la seda de Kaede (Mieko Harada), la mujer de Taro (aqu√≠ una especide de Lady Macbeth), como anuncio sonoro de la determinaci√≥n que va a regir sus actos para saciar sus ansias de venganza hacia Hidetora (responsable de la masacre de toda su familia); son algunos ejemplos del excepcional uso de la banda sonora para hacer atm√≥sferas y saber a los individuos.

En cuanto a la composici√≥n, baste una √ļnica secuencia como muestra para intentar saber la intensidad de la obra a la que nos enfrentamos: hospedado en el castillo de su primog√©nito, Hidetora es instado a presentarse frente Taro y Kaede con el prop√≥sito de hacerle firmar su acatamiento frente su hijo como nuevo se√Īor del clan (Kurosawa nos ense√Īa en un mismo chato a Hidetora, de espaldas, sentado en un nivel inferior al matrimonio, al que observamos de frente, en una imagen de clara sumisi√≥n del protagonista); cuando Hidetora, ofuscado, deja la estancia, Kaede recuerda a su marido los terribles actos de que fue v√≠ctima su familia a manos de su padre, en el mismo chato de la pareja en el que recalca ahora mismo la almohada vac√≠a sobre la que estaba sentado Hidetora, cuya sepa se ve pesar todav√≠a m√°s si cabe sobre el destino del matrimonio (fotograma 2).

Humillado por la actitud de su primog√©nito, Hidetora acude al castillo de Jiro, su segundo hijo, en donde el personaje primordial encontrar√° el mismo recibimiento hostil, no sin antes confrontar a la indiferencia de Sue (Yoshiko Miyazaki), la mujer de Jiro, v√≠ctima de cualquier manera en el pasado de la barbarie de Hidetora, y a quien el adulto m√°s grande implora una reacci√≥n condenatoria como √ļnica y desesperada ocasi√≥n de m√≠nima expiaci√≥n frente la barbarie de sus actos pasados (sobrecogedor, el chato de Hidetora corro√≠do por la culpa frente Sue, con el crep√ļsculo de fondo como elocuente imagen del ocaso de su historia ‚Äď fotograma 3). Es considerable, en este sentido, como Kurosawa refuerza (m√°s si cabe que en el texto original) la idea del peso de la culpa que recae sobre el personaje primordial, atribuy√©ndole numerosos de los actos m√°s terribles que en la obra literaria son completados por otros individuos, como es la situacion del joven hermano de Sue, Tsusumaru (Takeshi Nomura), ciego por culpa de Hidetora (despu√©s de que √©ste mandara sacarle los ojos tras aniquilar a toda su familia) y con quien el adulto m√°s grande se reencuentra al buscar cobijo en una vieja caba√Īa despu√©s de dejar el castillo de su segundo hijo (Tsusumaru es aqu√≠ el particular trasunto del Conde de Gloster, a quien en la obra original no es Lear quien empieza los ojos, sino el duque de Cornwall, marido de su hija Regan). La escena de Hidetora, atormentado por el angustioso lamento de la melod√≠a de la flauta de Tsusumaru, es sin lugar a dudas uno de los instantes m√°s estremecedores de la pel√≠cula (fotograma 4 – junto al √ļltimo chato del film, protagonizado tambi√©n por el joven Tsusumaru, indudablemente uno de los finales m√°s desoladores de la filmograf√≠a de Kurosawa).

Sinfon√≠a del caos, la barbarie y la disparidad (como queda bien patente en la extraordinaria secuencia del ataque de los ej√©rcitos de Taro y Jiro al castillo de Saburo en el que est√° Hidetora ‚Äď fotograma 5), Ran es sin lugar a dudas la √ļltima obra de enorme intensidad maestra de Kurosawa y indudablemente uno de los √ļltimos vestigios de un forma de abarcar el arte del cinemat√≥grafo ya pr√°cticamente desaparecida.

David Vericat
© cinema primordial (marzo 2015)

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