Resumen del libro El Libro de los Seres Imaginarios. Jorge Luis Borges.

 

El libro de los seres imaginarios, que fue concebido en un inicio como el Manual de zoología fantástica, en 1957 fue anunciado por el Fondo de Cultura Económica en México. La autoría de este libro, se ajusta a Jorge Luis Borges, quien lo realizó en colaboración con Margarita Guerrero, con la intención de llevar a cabo una recopilación de seres extraños, que surgieron por medio de la creación humana. Pese al tiempo y espacio, culturas u hombres distribuyen ideas muy semejantes de forma recurrente, sobre ciertas criaturas imaginarias, lo cual es muy recurrente y que es porque tienden a ser producto de sueños, miedos y deseos que compartieron ya hace varios años.
Jorge Luis Borges, se encargó de llevar a cabo la descripción de ciento dieciséis monstruos en este libro de los seres imaginarios, los cuales son personajes principales de religiones y mitologías. Como ejemplos, poseemos al Golem, el Centauro y la Esfinge, que son lugar de este mundo metafísico y literario. Otros seres, son ya célebres bajo el marco de la invención humana, destacandose entre esos, los Gnomos y las Hadas.
De cada ser imaginario, Borges iniciativa un criterio que ilustra al lector, sus características y características, como por ejemplo:
LOS PIGMEOS
Para los antiguos, esta nación de enanos habitaba en los confines del Indostán o de Etiopía. Algunos autores aseveran que edificaban sus moradas con cáscaras de huevo. Otros, como Aristóteles, han escrito que vivían en cuevas subterráneas. Para cosechar el trigo se armaban de hachas como para talar una selva. Cabalgaban corderos y cabras, de tamaño correcto. Anualmente los invadían bandadas de grullas, que proceden de las llanuras de Rusia. Pigmeo era de igual modo el nombre de una divinidad, cuyo rostro esculpían los cartagineses en la proa de las naves de guerra, para aterrar a sus contrincantes.
EL DRAGÓN
El dragón tiene la aptitud de asumir muchas formas, pero estas son inescrutables. Generalmente lo imaginan con cabeza de caballo, cola de serpiente, enormes alas laterales y 4 garras cada una provista de 4 uñas. Se habla de igual modo de sus nueve semblanzas; sus cuernos se asemejan a los de un ciervo, su cabeza a la del camello, sus ojos a los de un demonio, su cuello al de la serpiente, su vientre al de un molusco, sus escamas a las de un pez, sus garras a las del águila, las plantas de sus pies a las del tigre y sus orejas a las del buey. Hay ejemplares a quienes les faltan orejas y que oyen por los cuernos.
Es recurrente representarlo con unaperla, que pende de su cuello y es emblema del sol. En esa perla está su poder. Es inofensivo si se la quitan. La historia le asigna la paternidad de los primeros emperadores. Sus huesos, dientes y saliva gozan de virtudes medicinales. Puede, según su intención, ser aparente a los hombres o invisible. En la primavera sube a los cielos; en el otoño se sumerge en la hondura de las aguas. Algunos carecen de alas y vuelan con ímpetu propio. La ciencia distingue distintos géneros. El dragón celestial transporta en el lomo los palacios de las divinidades e impide que éstos caigan sobre la tierra; el dragón divino produce los vientos y las lluvias, para bien de la humanidad; el dragón terrestre establece el curso de los arroyos y de los ríos; el dragón subterráneo protege los bienes vedados a los hombres.
Los budistas aseguran que los dragones no sobran menos que los peces de sus varios mares concéntricos; en alguna parte del universo hay una cifra sagrada para expresar su número exacto. El pueblo chino cree en los dragones más que en otras deidades, porque los ve con tanta continuidad en las cambiantes nubes. Simultáneamente Shakespeare había visto que hay nubes con forma de dragón («some times we see a cloud that’s dragonish»). El dragón funciona las montañas, se vincula a la geomancia, mora cerca de los sepulcros, está asociado al culto de Confucio, es el Neptuno de los mares y hace aparición en tierra estable.
Los reyes de los dragones del mar habitan resplandecientes palacios bajo las aguas y se alimentan de ópalos y de perlas. Hay cinco de esos reyes; el primordial está en el centro, los otros 4 corresponden a los puntos cardinales. Tienen una legua de largo; al cambiar de posición hacen chocar a las montañas. Están revestidos de una armadura de escamas amarillas. Bajo el hocico tienen una barba; las piernas y la cola son velludas. La frente se proyecta sobre los ojos llameantes, las orejas son pequeñas y gruesas, la boca siempre abierta, la lengua extendida y los dientes afilados. El aliento hierve a los peces, las exhalaciones del cuerpo los asa.
Lo más espectacular de este libro es que segun su creador, «es siempre incompleto» y que cada novedosa edición sirve como núcleo para ediciones futuras, que se multiplican hasta el infinito» porque quizás se tienen la posibilidad de conocer novedosas criaturas que seguramente, no estén dentro en las ediciones anteriores del libro.
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