Resumen de la película Retorno al pasado

“Detesto las angulaciones extrañas, los objetivos deformantes. Así es muy fácil despistar al espectador. En tanto que seguir estando muy cerca de los actores, no utilizar jamás trucos y, sin embargo, llevar a cabo una atmósfera extraña, es muy más difícil”
Jacques Tourneur

Cuando inicia la realización de Retorno al pasado, Jacques Tourneur es ya un director célebre por su aptitud de llevar a cabo “atmósferas extrañas” con los únicos elementos de la iluminación, una escenificación con un ejemplar uso del fuera de campo y un eficaz uso del sonido como elemento dramático. Con esta forma de continuar, que dio a lugar a dos auténticos clásicos del fantástico como La mujer pantera (1942) y Yo anduve con un zombie (1943), Tourneur nos ofrece en 1947 uno de los títulos más singulares del cine negro estadounidense (probablemente colocado junto con la muy menos habitual Detour, de Edgar G. Ulmer, no por a la suerte otro director que había importante en el lote del fantástico).

En efecto, si alguna cualidad recalca principalmente en Retorno al pasado es la extraña atmósfera onírica que el director imprime a sus imágenes. Una atmósfera que envuelve al personaje primordial para atraerlo al abismo de un pasado que impregna de sombras todas las imágenes. Pero además, la película es una obra cumbre del género por su concisa y directa escenificación (apoyada en la magnífica fotografía en blanco y negro de Nicholas Musuraca), la increíble interpretación de Robert Mitchum, y unos extraordinarios diálogos llenos de ironía y dobles sentidos (“Me preguntaba qué se había hecho de él, y pasando por aquí vi su nombre en el letrero”. “El mundo es muy pequeño”. “Sí, o algunos letreros muy grandes” – fotograma 1).

Tal como el título de la película recomienda, Jeff Markham (Robert Mitchum) es un personaje buscado por el pasado. Así lo advertimos desde el primer momento en la amenaza que le hace el matón Joe (Paul Valentine) al señalarle el sitio donde debe reencontrase con el villano Whit (Kirk Douglas, en una decisión de casting que piensa indudablemente el único elemento discutible de la película): “Una casa en la colina. No puedes perderte… No debes”. De hecho, el retorno al pasado del título no posee relación tanto (o al menos no únicamente) al magnífico flashback que ocupa el primer tercio del film (en el que el personaje primordial narra a su prometida, Ann – Virginia Huston – su primer acercamiento con White, en su etapa como detective privado, y el encargo que aquél le logró de encontrar a su con pasión, Kathie – Jane Greer -, después de que ésta le disparara y huyera con 40.000 dólares) sino al posterior reencuentro de Jeff con White, tras ser localizado en su novedosa vida como fácil solicitado de la gasolinera del pequeño pueblo de Bridgeport.

Desde la primera secuencia en el lago, observamos reflejado en la cara de Jeff el signo de la fatalidad, como si fuera consciente de que más tarde o más temprano tendrá que confrontar a un pasado que acecha esperando el momento oportuno para reaparecer e evadir que consigua transcurrir una vida “normal”. No en vano, y de esta manera que observamos en el mencionado flahsback (un flashback, no lo olvidemos, narrado desde el método del protagonista), Jeff es un personaje que intenta desesperadamente enterrar el recuerdo de su relación con Kathie, quintaesencia de la femme fatale, bajo el influjo de la cual el detective cae irremediablemente desde el primer momento que la encuentra (“Entonces la vi, y entendí por qué a White no le importaban los 40.000 pavos”). Poseído por este influjo, Tourneur imprime a este larguísimo episodio una aureola romántica (en el sentido más etimológico del término, referido a lo inefable, aquello que es realmente difícil expresar con palabras) que adjudica a sus imágenes esa atmósfera onírica antes referida. Asistencia como ejemplo la extraordinaria secuencia nocturna de Jeff y Kathie en la  playa, donde los individuos manifiestan su pasión bajo la luz nocturna de la luna, entre amenazantes redes de pesca que parecen sugerir la fatalidad que el destino les depara (secuencia que contrasta con la previo de Jeff y Ann en el lago, de una luminosidad radiante y formalmente muy más apacible).

De nuevo en el tiempo presente, y tras haberle narrado su crónica a Ann, Jeff atraviesa las puertas que le conducen de regreso al pasado (literalmente, en el espléndido chato del personaje primordial cerrando tras de sí la verja de entrada a la vivienda de Whit – fotograma 2) para confrontar al final a su destino. Y, así como en su primer acercamiento el personaje primordial era víctima inconsciente de las intrigas de la maligna Kathie, advertimos ahora mismo en el comportamiento de Jeff una actitud precisamente autoinmolatoria, como única forma de combatir el pasado dejando indemne a Ann de sus consecuencias.

A partir de este momento (y al contrario de lo que sucedía en el pasado), Jeff toma las riendas de los hechos y actúa de forma consciente y decidida, pasando de manipulado a manipulador, como observamos en la secuencia donde hace creer a Kathie que vuelve a ser víctima de su influjo (Tourneur rueda en esta ocasión un chato de la pareja con Jeff siempre de espaldas, la silueta totalmente en la sombra – fotograma 3).

Pero, como hemos visto, la actitud decidida del personaje primordial lo es desde la consciencia de la inexorabilidad del destino y así, mientras Jeff se enreda en la dificultosa trama de la que es víctima, la oscuridad del pasado inunda las imágenes del presente, de esta manera que observamos en la última secuencia entre Jeff y Ann, donde las sombras de los árboles bañan fatídicamente los rostros de la pareja (fotograma 4). Jeff es ya un personaje culpado, y lo único que le resta es arrojarse con Kathie al abismo de un pasado que, ahora mismo sí, quedará al final sellado.

David Vericat
© cinema primordial (noviembre 2013)

———————————————-
VER EN FILMIN
———————————————-