Resumen de la película Río salvaje

“El esfuerzo por dignificarse es el tema de fondo de toda mi obra. Asi sea a través del reconocimiento de adentro de la verdad de uno de mis individuos. Asi sea a través de un personaje que hace acopio de valor para accionar sobre una situación irrealizable que está atentando contra su dignidad. Asi sea, simplemente, a través del torbellino de las relaciones humanas o de un conflicto entre un aspecto de su personalidad y otro”
Elia Kazan

En una de las ocasiones finales de Río Salvaje, Chuck Glover (Montgomery Clift), se expone completamente borracho en oposición al viejo caserón de la anciana Ella Garth (Jo Van Fleet) con la satisfacción de haber logrado por fin cubrir la razón de su comportamiento: “La entiendo Sra. Garth. Sé exactamente por lo cual pelea. Por dignidad ¡Lo sé!”, le espeta el personaje primordial a la anciana justo antes de desplomarse inconsciente a sus pies (fotograma 1). Estamos, de hecho, frente una obra sobre la pelea por nuestra dignidad, temática escencial de la filmografía de Kazan, de esta manera que nuestro director señala en las expresiones arriba nombradas.

Pero Río Salvaje es también un magnífico alegato en pos de la aptitud de reconocimiento del “otro”, de sus motivaciones y razonamientos, más allá de convicciones y prejuicios. Cuando Chuck Glover llega al pequeño poblado del valle de Tenesse para acometer su misión de desalojar a la vieja terrateniente Ella Garth de su propiedad (como gerente del gobierno responsable de la presa que causará la inundación de todos los terrenos colindantes al río), lo ejecuta con el convencimiento de asegurar el bien común, de estar en posesión de la razón y, por consiguiente, de tener pleno derecho sobre el destino de la anciana. Para remarcar esta idea, y para poner al espectador en pos de los argumentos del personaje primordial, Kazan utiliza inteligentemente al inicio del film unas imágenes documentales que detallan los catastróficos efectos que las crecidas de agua descontroladas del río causan en la región (fotograma 2). El razonamiento se ve inapelable: ¿cómo se puede estar en contra del avance poniendo en riesgo la seguridad y el confort de la mayoría?

Sin embargo, lo que se ve lógico y aparente a fácil vista se va llenando de matices mientras tomamos conciencia junto al personaje primordial de la situación personal de su contrincante y las ocasiones del conflicto que se muestra. Como confiesa Chuck en un momento del film, refiriéndose a su forma de combatir el conflicto con la vieja terrateniente: “Lleva sentada en ese porche ochenta años, y yo pretendía sacarla de ahí en un día. De hecho me apetecía, imagínate” (una imagen exactamente faulkneriana del personaje de Ella Garth – fotograma 3). Un criterio que revela la evolución moral del personaje, desde la actitud inicial donde no muestra ningún escrúpulo al apuntar que el gobierno podría declarar incapacitada a Ella Garth, hasta la respuesta que el personaje primordial brinda a los familiares de la anciana cuando son ellos los que le ofrecen esta misma ocasión (“Prefiero sacarla a punta de pistola”).

Hay también en Río Salvaje la recurrente mirada crítica de Kazan sobre numerosos de los puntos más controvertidos de la sociedad norteamericana (aunque de manera algo menos contundente que en otros títulos del constructor, y este es para mi gusto el único punto débil del film, más que nada en lo que tiene relación a la excesiva simplicidad con que se resuelven numerosos de los conflictos que plantea), primordialmente sobre el racismo, el puritanismo y la actitud gregaria y conformista de los pobladores de la comunidad (la película se sitúa en la década de los treinta, época de la Colosal Depresión en los Estados Unidos) . Esto es aparente en la respuesta del capataz de la obra cuando Chuck le sugiere que contrate a más hombres para apresurar los trabajos de la presa (“Tendría que contratar a negros. Y si contrato a negros, los blancos se irán”) o en la reacción hostil de los pequeños hombres de negocios de la población frente la decisión del personaje primordial de sugerir el mismo salario a los negros que a los trabajadores blancos (fotograma 4).

Pero, además de todos estos puntos, Río Salvaje es una espléndida historia de amor entre Chuck Glover y Carol Garth (Lee Remick), la joven viuda de uno de los hijos de Ella Garth que vive recluida en ese caserón destartalado en el que el tiempo se ve haberse detenido (y que tiene como único vínculo con el planeta exterior una vieja barcaza que une la pequeña isla con tierra firme). En este sentido (como en parte sustancial de los films de Kazan, por otro lado), Río Salvaje es una obra de extraordinaria fisicidad: la soledad de Carol, una mujer de únicamente veintidós años, viuda desde los diecinueve, no alude únicamente a una concepción del amor romántico sino que actúa también (y sobretodo) por la sepa (y necesidad) del amor físico, de esta manera que observamos en la magnífica secuencia donde Carol transporta a Chuck a la vieja casa donde convivió con su marido: el chato de la joven viuda (observada inadvertidamente por Chuck), acariciando las sábanas polvorientas del viejo lecho de matrimonio es una hermosa y elocuente imagen para exhibir la añoranza del amor físico por parte del personaje (fotograma 5).

Confinada en una clase de forzado letargo (físico y psicológico), la llegada de Chuck provocará en Carol el despertar de todas las emociones soterradas tras la desaparición de su joven marido. Paradójicamente, el emprendimiento para el que trabaja Chuck trata de vigilar el cauce del río, en tanto que su irrupción en el planeta de Carol va a ocasionar exactamente el desbordamiento de las pasiones hasta ese momento contenidas de la joven.

David Vericat
© cinema primordial (marzo 2014)

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