Resumen de la película Stalker

“¿Qué ocurrió entonces? ¿Cayó un meteorito? ¿Fue una visita de pobladores del infinito cósmico? Sea de una forma u otra, pero en nuestro pequeño país surgió el más grande de los milagros: la Zona. Enviamos enseguida tropas para allá, pero éstas no regresaron. Entonces rodeamos la Región con cordones de policía. Indudablemente actuamos de forma precisa. Aunque, no sé…”

El texto inicial de Stalker nos señala a través de las expresiones de un científico la situación de partida del quinto riguroso film de Andrei Tarkovsky: en un país y tiempo impreciso hace aparición por causas desconocidas un espacio con extraños poderes, al que llaman la Región, con la aptitud de conseguir que se cumplan todos los deseos pero del que aseguran que nadie que ose adentrarse en él por su propia cuenta consigue regresar con vida.

El paralelismo del desarrollo del film con la situación de la Unión Soviética de la época donde se rueda el film es evidente: localizada en un ámbito bajo persistente supervisión policial y prácticamente en ruinas, de inmuebles dejados y calles encharcadas que Tarkovsky retrata con una inquietante fotografía de tonos grises (que no blanco y negro) con la que consigue transmitir de manera física la desolación del lugar y de sus pobladores (fotograma 1), la aparición de la Región piensa para los pobladores una ocasión de huida, aunque sea con fachada de ideal inalcanzable, del mismo modo que para las autoridades es vista como un compromiso para la seguridad del sistema.

“Se difundió el rumor de que en la Región hay un espacio donde se cumplen todos los deseos. Naturalmente, custodiaron la región. Pues. ¡a comprender qué deseo tiene la oportunidad de tener cada cual!” le enseña el Instructor (Nikolay Grinko) al Escritor (Anatoliy Solonitsyn) mientras esperan la llegada del Stalker (Aleksandr Kaydanovskiy) que les ha de conducir clandestinamente a la Zona. Antes, al inicio del film, hemos presenciado la discusión del personaje primordial con su mujer (Alisa Freyndlikh), que le recrimina que no realize un trabajo “normal”, en lugar de arriesgarse a volver a la cárcel por violar el espacio contraindicado de la Zona. “Dios mío, la cárcel. ¡Si en todas partes me siento como en la cárcel!”, es la elocuente respuesta del Stalker antes de partir al acercamiento del Instructor y del Escritor para conducirlos a la Zona.

Después de burlar la supervisión policial, los tres individuos primordiales inician su viaje dentro de un pequeño motorriel, situación con la que Tarkovsky nos da uno de los primeros instantes memorables del film: mientras observamos una lenta sucesión de primeros planos del rostro de los individuos observando en silencio el paisaje, el acompasado sonido del motorriel continuando sobre la vía se funde con la increíble banda sonora de Eduard Artemev para plasmar el inquietante y riguroso recorrido hacia Región (fotograma 2). Un recorrido que culmina formalmente con la irrupción del color en los planos del paisaje al llegar a la Región, en una clara imagen para reflejar la incursión en un paraje ajeno del opresivo ámbito que la circunda. (Hay otro momento, en el momento posterior a la llegada a la Región, en el que Tarkovsky consigue transmitir el poderoso influjo de lo sobrehumano cuando, justo antes de arrancar la marcha, el espacio en el que están los tres individuos se ve súbitamente iluminado por un destello del sol, momento en que el Stalker recomienda el comienzo de la marcha a sus acompañantes: casual o premeditado, un instante que se erige como uno de los pequeños “milagros cinematográficos” de la película – fotograma 3).

Pero, por arriba de un viaje en busca de un espacio de independencia físico, Stalker muestra la búsqueda de una liberación interior, o más propiamente espiritual, y así, la Región se erige más como un espacio psicológico, configurado desde los miedos y los anhelos de sus visitantes antes que por su constitución geológica, de esta manera que les advierte el Stalker a sus acompañantes poco después de arrancar la marcha: “la Región es un sistema muy complejo. Con sus trampas, todas mortales. No sé qué pasa aquí cuando no hay ningún ser humano. Pero basta que entren personas para que todo se ponga en movimiento. Desaparecen las trampas viejas y se detallan recientes. Sitios que eran seguros se hacen intransitables. El sendero se pone fácil o complejo hasta lo irrealizable. Esto es la Zona. Quizá parezca caprichosa. Pero ella es así como la hace el estado del ser humano”.

La Región es, de esta manera, un ámbito mental que actúa en función (o a través) de un escencial acto de fe de sus visitantes, algo que exactamente el Stalker recrimina en la actitud de sus acompañantes, individuos que acuden a la Región con una predisposición y motivaciones que van del escepticismo del Escritor hasta la actitud conspiradora del Instructor (cuya oculta pretensión es la de realizar volar por los aires la Región, para omitir que “caiga en malas manos”).

Hay, sin embargo, instantes en los que el poderoso magnetismo de la Región se ve vencer el posicionamiento materialista de los acompañantes: lo observamos cuando el Escritor, después de dejar temerariamente el ritual con el que el Stalker señala el sendero por el que tienen que adentrarse en la región (con la hermosa imagen de las estelas de tela anudadas a las tuercas que el Stalker lanza para marcar el itinerario), regresa por último con sus dos acompañantes tras sentir una clase de temor sobrehumano al confrontar en solitario a la Región; y más adelante, cuando antes de continuar por el enigmático túnel que les ha de conducir a la estancia donde se cumplen todos los deseos (fotograma 4), será nuestro escritor quien instará al Stalker a divulgar una de sus tuercas “por si acaso”; o, por supuesto, en la secreta intención del Instructor de dinamitar la Región (una actitud con la que el gerente del poder científico se ve sugerir crédito a un fenómeno para el que no es con la aptitud de prestar una explicación racional).

Pero, más allá de temores y deseos, el poder de la Región actúa únicamente a través de un profundo acto de fe a todas luces inaudito en los acompañantes del Stalker. De esta manera que el personaje primordial se lamenta frente su mujer a su regreso: “Nadie cree, no sólo esos dos. Nadie. ¿A quién puedo llevar allá? Lo más terrible es que esto no le es requisito a nadie. A nadie le es requisito ese cuarto”. O, en expresiones del propio Tarkovsky: “La actualizada cultura de masas, pensada para el ‘consumidor’, mutila las almas, cierra al hombre cada vez más el sendero hacia las cuestiones fundamentales de su historia, hacia el tomar conciencia de su propia identidad como ser espiritual”.

David Vericat
© cinema primordial (septiembre 2014)

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