Resumen de la película Tú y yo

Revisión de la magnífica Love Affair, apuntada por el mismo McCarey en 1939, Tú y yo forma parte al selecto y achicado grupo de remakes que, partiendo de una obra ya de por sí inolvidable, logran exceder el original para poder la categoría de auténticas proyectos maestras del cinematógrafo. Todo lo bueno de la versión de 1939 está en el film de 1957, mejorado aquí por dos elementos totalmente determinantes: la interpretación de la pareja personaje primordial, Cary Grant y Deborah Kerr (sin desmerecer el trabajo de Charles Boyer e Irene Dunne en la versión original) y, más que nada, la escenificación a través de una extraordinaria utilización del formato scope con la que McCarey da un increíble ejercicio de sublimación formal donde la rigurosidad de la planificación está siempre al servicio de las emociones para brindarnos uno de los más deslumbrantes melodramas de la historia del cine.

El film está exactamente dividido en dos partes: la primera, en clara clave de comedia, se transporta a cabo totalmente (con la excepción del emocionantísimo episodio en el lugar de vida de la abuela Janou – Cathleen Nesbitt) dentro del crucero en el que viajan los dos individuos primordiales, Nick Ferrante (Cary Grant), y Therry McKay (Deborah Kerr) justo antes de contraer matrimonio con sus respectivas parejas; en tanto que la segunda parte, de tono marcadamente melodramático, empieza desde la frustrada cita de los dos enamorados en el emblemático Empire State, en donde al finalizar el crucero acuerdan reencontrarse en un período de seis meses (el tiempo que se generan para finalizar a sus propios compromisos matrimoniales y rehacer su crónica profesional para poder empezar su relación).

La presentación inicial del personaje primordial es ejemplar: tras presenciar diferentes servicios de novedades de sociedad que nos dan cuenta de la inminente llegada a Nueva York del habitual playboy para contraer matrimonio con una rica heredera de la alta sociedad norteamericana, el film nos sitúa ya dentro del crucero en el que un mozo llama al Sr. Ferrante para entregarle un telegrama, frente la colosal expectación que este hecho hace en el resto de individuos (lo que nos da idea de el reconocimiento del personaje); una vez comunicado, en la siguiente escena observamos al personaje primordial eludiendo el acoso telefónico de una con pasión despechada frente la noticia de su inminente deber matrimonial (poniendo de manifiesto su absoluta falta de escrúpulos); y, en el final, observaremos a Nick Ferrante escapando en esta ocasión de un pasajero (Charles Watts) que, en su obsesión por hallar la atención del recurrente personaje, se convertirá en una auténtica pesadilla durante todo el viaje para la pareja personaje primordial (provocando de pasada alguno de los destacables gags de la película), a la vez que evidenciará la aptitud dialéctica de Ferrante para escaparse de las oportunidades más comprometidas (“Haría el honor de acompañarme a una partida de bridge?”, “Lo lamento Sr. Hathaway, hago trampas. Es una adicción”, le espeta Ferrante tras la primera embestida del pelmazo. Y más adelante, en la salón de fiestas del crucero, cuando aquél le da cambiar las respectivas parejas de baile: “Hágame un favor, cambiemos de parejas. Es la última noche, todo el planeta lo hace”, “¿De veras?, ¡qué interesante! En su caso vamos a llevar a cabo una excepción”).

Tras la presentación de Nick Ferrante, McCarey nos da una primera muestra del magistral uso del formato del scope que va a vigilar todo el film durante el acercamiento de la pareja personaje primordial, cuando, después de conocerse en cubierta, Nick consigue acompañar a Terry hasta su camarote: usando el ancho de la imagen, McCarey nos enseña primero a los dos individuos sutilmente separados por la fotografía del prometido de Terry (fotograma 1); a continuación Nick se tiene dentro y se acerca a Terry, tapando inadvertidamente la fotografía con su cuerpo, para empezar su descarado acoso (“¿Hay alguna razón por la que este viaje no debiera ser como el champán rosado?”), a eso que Terry responde señalándole la fotografía que está a sus espaldas, que ahora mismo observamos en un nuevo chato a la izquierda de la pareja (fotograma 2 – no ya interponiéndose entre la misma, un claro presagio de la evolución que van a presenciar los sentimientos de los dos personajes).

Este increíble aprovechamiento del formato panorámico será una recurrente a lo largo de toda la película, dando lugar tanto a magníficas ocasiones de comedia (Nick y Terry sentados espalda contra espalda en el sitio de comidas del crucero, frente la entretenida mirada del resto de comensales; Nick dando absurdas vueltas cerca de la escalera donde está Terry para poder comentar sin llamar la atención de los demás pasajeros; y la conveniente de todas: Nick y Terry inspeccionando a las respectivas parejas a su llegada a puerto, tratando hallar las reacciones del otro y emitiendo a su vez su juicio en una sucesión de planos por separado que McCarey culmina con un chato de grupo – otra vez usando las configuraciones del formato panorámico – en el que observamos al resto de individuos vivenciando el diálogo de miradas de la pareja como si de un partido de tenis se tratara – fotograma 3), como a emocionantes secuencias de tono melodramático (el primer beso de la pareja en la escalera de cubierta, después de que Nick haga subir otra vez unos peldaños a Terry, ocasionando la acción tenga lugar en el espacio del fuera de campo, lejos de la mirada del espectador – fotograma 4 –; o la bellísima imagen de Terry, tras sincerarse con su prometido, Kenneth Bradley – Richard Denning -, observando la silueta del Empire State que observamos reflejada en la ventana que está a sus espaldas – fotograma 5).

Pero, de esta manera que ya se ha dicho, el escencial mérito de esta soberbia película es precisamente la sublimación de su rigurosísima escenificación al servicio de la emoción, algo que queda patente de manera especial en la popularizada secuencia de la visita de la pareja a la abuela Janou. Es aquí donde McCarey consigue algunas de las imágenes más conmovedoras del film: Nick observando a Terry en la capilla, entre compungido y fascinado (para mi gusto, una de las secuencias de enamoramiento más profundas que nos dió el cinematógrafo); la abuela Janou al piano, conectando con un despacio gesto la mirada de Nick con la de Terry (en una especide de hechizo de parte de la anciana para agrupar terminantemente los sitios de la pareja); el sonido de la sirena del crucero, anunciando la inminente partida de los visitantes, y los sucesivos abrazos de Janou, primero con Nick y en el final con Terry (fotograma 6), en lo que se prueba como una despedida escencial de parte de la anciana; son numerosos de los instantes en los que McCarey consigue algo que pocos directores consiguieron en algún momento de la historia del cine: la plasmación de lo trascendental a través de la imagen cinematográfica.

David Vericat
© cinema primordial (junio 2014)