La gran historia del fuego

Una  hace tiempo, a lo largo de la cuenca del río Amazonas en América del Sur, hay rabió una terrible guerra entre dos grupos. Tan pronto como un grupo comenzaba a anhelar la paz, un mago malvado llamado Sararuma les susurraba algo terrible sobre lo que planeaba hacer el otro lado.

“Ellos planean atacarte”, gru√Ī√≠a Sararuma.¬†“Debes actuar ahora, mientras la tierra todav√≠a est√° seca por la sequ√≠a. Enciende un gran fuego a las tierras del enemigo. ¬°Nunca m√°s te molestar√°n!”¬†Luego corri√≥ hacia el otro lado.¬†“S√© que tu enemigo planea prender fuego a tu tierra. ¬°R√°pido, debes prender fuego a su tierra antes de que te hagan lo mismo a ti!”

Al poco tiempo, todas las praderas del campo estaban en llamas. Y pronto ambos lados habían destruido completamente al otro.

Solo un hombre y una mujer sobrevivieron.¬†Hab√≠an visto c√≥mo la guerra empeoraba cada vez m√°s.¬†Hab√≠an intentado instar a sus l√≠deres a que hablaran con el otro lado, pero ninguno los escuchaba.¬†Por fin, la pareja se escondi√≥ en las profundidades de la tierra junto a un arroyo con comida suficiente para muchos d√≠as, y as√≠ se salvaron.¬†Despu√©s del gran incendio, fueron los √ļnicos seres humanos que quedaron vivos en la tierra.

Desde la seguridad de su agujero en el suelo pudieron ver las llamas lamiendo el aire. Podían oler el humo todavía furioso afuera. Después de varios días, cuando lo peor de la destrucción del gran incendio se calmó, el hombre se arrastró a la superficie. Extendió una ramita y de inmediato se incendió.

“Es demasiado pronto”, dijo, y r√°pidamente regres√≥ a la seguridad de su guarida.¬†Al d√≠a siguiente, su esposa lo intent√≥ y nuevamente la ramita ardi√≥.¬†Durante ocho d√≠as m√°s lo intentaron.¬†Al d√©cimo d√≠a, la ramita no ardi√≥ ni ardi√≥.¬†Con cuidado, salieron de su escondite a la superficie.

Y miró a su alrededor.

“Cenizas – por todas partes”, dijo el marido.¬†Su esposa murmur√≥: “No hay nada que reconozca”.¬†No se dejaron pastos ni √°rboles en pie.¬†No hab√≠a personas ni animales.¬†S√≥lo una extensi√≥n de tierra plana, hasta los tobillos en lugares con cenizas y barrida por grandes nubes de polvo arremolinado.

De repente, frente a ellos apareció el malvado mago Sararuma. Su capa, roja como una llama, ondeaba a su alrededor.

“¬ŅTe gusta eso?”¬†dijo, gru√Īendo.¬†“Disfruta tus √ļltimos momentos. Pronto t√ļ tambi√©n morir√°s”.

“No tenemos que morir”, dijo el hombre.

“Viviremos”, dijo la mujer.

“¬°Peor para ti si lo haces!”¬†aull√≥.¬†“Una existencia pat√©tica, muriendo de hambre en este lecho de muerte de polvo y cenizas”.

“La tierra est√° seca por ahora, es cierto”, dijo la esposa, toqueteando semillas en su bolsillo.¬†“Pero va a llover. Plantaremos”.

De repente, Sararuma comenz√≥ a encogerse.¬†Y a medida que disminu√≠a de tama√Īo, las puntas de hierba nueva brotaron entre las cenizas.

“¬ŅQu√© te hace pensar que eres diferente a los dem√°s?”¬†grit√≥ agitando los brazos.¬†“¬°Terminar√°s en guerras y destrucci√≥n, como el resto de ustedes, humanos inmundos y despreciables!”

“No podemos saber qu√© pasar√°”, dijo el hombre, “pero continuaremos”.

Los √°rboles carbonizados comenzaron a ponerse verdes.¬†Sararuma era apenas del tama√Īo de un ni√Īo.

“¬°Ustedes son los √ļnicos que quedan!”¬†chill√≥ de rabia.¬†“No tendr√°s a nadie con quien hablar.”

Dijo el marido: “Las cosas cambiar√°n”.

Su esposa agreg√≥: “Tendremos hijos”.

Luego, los animales se levantaron de las cenizas y empezaron a asomar sus narices.¬†La capa de Sararuma se envolvi√≥ a su alrededor una √ļltima vez cuando se convirti√≥ en una r√°faga de viento que fue arrastrada, aullando.

 

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